martes, 1 de septiembre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Algarrobos

 



Septiembre, 1 martes


“Cuando se llega a los Gaitanes – escribía Salvador Rueda – y se entra en el Valle de Álora, y se atraviesa por aquella sucesión de granados, naranjos, chumberas, perales, plátanos, moreras, olivos, eucaliptos e higueras, como si se atravesara por medio del Paraíso, no hay un átomo de mi cuerpo que no se remueva ni nervio que permanezca insensible”.

El poeta de Benaque, murió en La Coracha, un día de una primavera lluviosa de hace muchos años y con tanto barro en la calle que no permitió el acceso a la poca gente que acudió al entierro. Solo, por razones obvias, llegaron a la casa los empleados de la funeraria…

El poeta de la Axarquía y uno de los grandes, si no el que más, del Modernismo conocía a la perfección su tierra. Y, también, otras Málaga. Lo dejó palpable en el escrito que encabeza este artículo.

Pudo adentrarse por la tierra Álora y conocer ejemplares extraordinarios de acebuches en Majaluna, en la Zurriaga, en Cerro del Cura. Habría sabido, también, de los manchones de encinas en la vertiente norte del Hacho, y de las bellotas de la encina dulce de la jerriza por encima de la Cañada de la Fuente de la Zorra…

Había, además, un árbol excepcional. Un algarrobo. Estaba en el Hoyo de la Herradura. El paso del tiempo lo ha desgajado y le ha arrebatado mucho de su poderío y de su hermosura.

Cuando yo era muchacho y tocaba recoger la almendra, el manijero ponía el hato bajo la sombra del algarrobo grande. Era grande, más grande, mucho más que los que había en el Escondrijo al otro lado del arroyo de los Chinos, ese el que viene desde la Atalaya de Omar hasta el arroyo Jévar. Tenía unas algarrobas muy dulces y mantillo vegetal sacado del tronco que le llevaba a mi madre para las macetas.

Les decía que el manijero ponía a su sombra el hato. No sé el manijero, probablemente tampoco, sabría, como no lo sabía el muchacho que luego se hizo grande, que el algarrobo es un árbol de enormes dimensiones, sensible a las heladas. Pide suelo con gran drenaje, o sea que no se encharque, y una buena orientación hacia zonas soleadas y secas. Se cultiva desde el Sur de Portugal hasta el Mediterráneo Oriental…

Tampoco el muchacho conocía, entonces, al maestro Alcántara, ni que lo habían enviado para cubrir ‘literariamente’ - ¡qué lujo, Dios mío! - la Vuelta ciclista a Italia, es decir, el Giro, y escribió, en su página Barquitos de papel. Un día en Palermo: “Hay puestos ambulantes. Muchos puestos de quita y pon: cacahuetes, algarrobas, garbanzos torrados, bocadillos, limones, plátanos, caramelos…”

Y el muchacho aquel, esta tarde calurosa de septiembre…

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