sábado, 26 de septiembre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra música folk ¿una desconocida?

 


             Pepe Rosas, Paulina, Juan Martín “El Capitán”, Rafael Lería


Septiembre, 26 sábado


Álora, cuna de arte desde tiempos perdidos, desde no se sabe cuándo ha sido un poso de referencia en convenciones, encuentros de estudiosos y conocedores del mundo del folclore, la etnografía y la riqueza cultural que duerme bajo la pátina del olvido. Álora aflora, pero después, otra vez, vuelve a ocultarse no sabemos por qué.

Dentro del folclore de Álora hay dos figuras – sin por supuesto, olvidarnos de otras – que descuellan sobre todos lo demás. Uno fue, Pepe Rosas. El profesor Rodríguez Becerra, Catedrático emérito, de Antropología Social de la Universidad de Sevilla lo definió como “memoria colectiva de un pueblo”. No hace falta decir que es acertadísima la definición.

Había, además, una serie de personas, “gente del pueblo” - ¿Puede haber una expresión más bonita? que atesoraban coplas canciones, villancicos… A vuela pluma pienso en la Niña Benítez, el maestro Escalona, Antonio “el Divino”, Juan Martín “El capitán”, el maestro Paquirri, María “la Estorba” Gabriela López, Juan "Veneno", Dolorcita “la Rubia”. Y llegado aquí pido perdón por la omisión de muchos más nombres. La memoria de uno, endeblísima…

El otro pilar, el Grupo Folk Nuestra Tierra, bajo el alma de Tomás Salas. Surgieron en un momento donde la música Folk (la palabra folclore significa “saber del pueblo”) en España se removían en los cimientos que estaban olvidados o identificados con algo que no era.  Quizá sería más exactos decir ‘dormidos’ y esperaban como el arpa de los versos de Bécquer, la mano que le arrancase las notas.

“Nuestra Tierra”, uno que ama estas cosas sintió que ellos nos regalaban algo que todos necesitábamos y que llegó en su momento. Sacaron del arca prendas preciosas. Es más, casi únicas.  Sabíamos que estaban ahí, pero…. Y ellos con un trabajo de casi ‘rebusca’ (pemítaseme la expresión) comenzaron a sacar coplas, canciones, momentos de la pequeña gran historia de Álora.

En sus canciones supimos cómo era la Álora de nuestros bisabuelos, o de quizá antes. La vida cotidiana del pueblo se expresaba en el cante y baile. Y dijimos que para patrona bendita…Y supimos que nuestro callejero no era como el de Madrid, sino mejor, porque tenía tres calles de las que carecía la Capital de España y que eso de los noviazgos en las esquinas… pero y si el pretendiente ¿era aceitunero? Pues entonces, la madre terciaba. ¡Ay, mi niña que yo quiero otro novio ti!...

Había más, la lacra, la enorme lacra de la violencia. Se nos adelantó a los tiempos y se cantó a modo de romance… Y supimos que ella en un alarde de generosidad enorme dejó encargado que le digan a mi madre “que he muerto de una calentura grande”.

¡Qué grande es Nuestra Tierra! Y la tierra madre que nos vio nacer, y no es chauvinismo. Si uno no quiere a su madre ¿a quién va querer?

 

 

 

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