Don Santiago Bernabeu
Septiembre,
18 viernes.
Vivimos
en tiempos convulsos. Mucha farsa, demasiada hipocresía. Vividores – los
entiendo – y quienes los justifican. Solo abrir la tv o cualquier medio nos
trae problemas de los que son de verdad y, otros, que nos los inventamos
nosotros. Unos pueden tener solución; otros, a lo peor, pues como que no. Antes
cuando se hablaba entre la gente (ahora parece que la gente se grita entre sí)
se podía llegar a entablar un intercambio de ideas; ahora, casi imposibles.
La
crispación ha subido de tono. De una nimiedad se puede llegar a hacer un mundo;
de algo serio, hay quien pasa olímpicamente y la sociedad se encoge de hombros.
A veces, si se profundiza hay más pus del que se piensa en la herida. En
tiempos del Régimen se decía de una señora que de una camisa vieja se había
hecho un sostén para toda la vida. Hoy, los vividores tienen una cohorte que
aplaude.
En
una parte de España hay una corriente (no sé si orquestada por alguna razón) de
simpatía hacia la situación por la que atraviesa la población de Ceuta. Tengo
una cosa clara. Si esto se arregla, la situación que aparezca ya no va a ser
igual. Todo será distinto. Al tiempo.
Una
de las cosas que se han arbitrado como solidaridad es que los jugadores de ese
mundo super mercantilizado como es el fútbol salten al campo antes de comenzar
los partidos con una camiseta que exprese, al menos, empatía con la población
ceutí.
Hace
unas noches el Real Madrid jugaba su partido de liga en Elche (qué hermosura el
palmeral de Elche). Tres jugadores se pusieron, es un decir, la camiseta a
medio pecho. Se ha liado la mundial. Quienes hablan de insolidaridad y quienes
defienden la libertad de expresión personal… Un rosario. No lo voy a repetir.
Cuando
yo era niño, el Real Madrid – que dicen que ya era ‘grande’ fue a jugar unos
partidos amistosos a Brasil. Don Santiago Bernabeu, presidente; don Raimundo
Saporta, el segundo de abordo. Caniglia, el entrenador.
En
el comedor se origina un pequeño ‘altercado’ Juanito Alonso, portero se encara
con el camarero:
-
Yo quiero una tortilla de patatas.
-
Lo siento, señor, el entrenador ha dado este menú y no puedo servirle otro.
-
Pues yo quiero una tortilla de patatas…
Don
Santiago, ve un revuelo ‘raro’. Pregunta: ¿Qué pasa en esa mesa?
-
Pues que Juanito Alonso, le dicen, quiere una tortilla de patatas y el camarero
le ha contestado que no entra en el menú diseñado por el entrenador y no se lo
puede servir…
Don
Santiago, se dirige a Saporta.
-
Pues yo quiero otro portero. Éste, mañana, en el primer avión para Madrid…
El
que quiera entender que entienda.
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