domingo, 27 de septiembre de 2026

Una hoja suela del cuaderno de bitácora. Jardines de España. Reales Alcázares. Sevilla

 

                  JARDINES DE ESPAÑA 2. REALES ALCÁZARES. SEVILLA

 


Hay que recorrerlos despacio. Sin prisa. Da igual la estación del año. Su belleza, deslumbra. Sale al encuentro del visitante. ¿Quién busca a quién?



No se sabe a dónde atender. Puede que los descubras con las luces del otoño. Se despiden las buganvillas y las madreselvas; rompen a llamar los ocres y amarillos…; si es por primavera, habrá un deslumbre de todos los sentidos.


 

La noche, en invierno, se echa la capa, y se resbala por las solerías y cerámicas, por entre las celosías de las ventanas, por los recovecos de los mirtos mientras la luna rompe el embrujo de las nubes.  Y te susurra palabras de amor, palabras…

                                


Las tardes de primavera eclosionan en la ruptura de los sentidos: azahares, surtidores, sombras embrujadas…  y como Altolaguirre: “Mi tiempo labrado en el aire / en agua, en fuego, en arcilla, testimonio la de un alma que ante Dios se exterioriza”

 


El verano tórrido de Sevilla necesita durante el día las sombras, sus sombras, las sombras vitales… y cuando la noche llegue, como don Antonio: “En el cenit, la luna, y en la torre, / la esfera del reloj iluminada. / Yo en este viejo pueblo paseando / solo, como un fantasma”.

             


Casi imposible, describir en pocas líneas toda la realidad, la poesía, la historia, incluso la leyenda, que encierran estos jardines. Junto al palacio real habitado más antiguo de Europa, Patrimonio, hoy, de la Humanidad

 


En la antigüedad, huertas musulmanas; hoy, jardines exuberantes. Abarcan toda la Historia y los estilos de la jardinería desde el siglo X hasta casi nuestros días. No queda un palmo que no ofrezca o parte de esa historia o la belleza acumulada a través del paso de los años. Y, en silencio conmigo mismo, lo hago más mío porque “Yo soy como la gente que a mi tierra vinieron / - soy de la raza mora, vieja amiga del sol - que todo lo ganaron y todo lo perdieron…”

 


Pavos reales, gorriones, palomas, vencejos, golondrinas “pero aquellas que el vuelo refrenaba / tu hermosura y mi dicha al contemplar, / aquellas que aprendieron nuestros nombres…/ esas…no volverán”), jilgueros con nidos, cuando viene mayo, en los naranjo, ruiseñores en las madreselvas…

                


Antiguos jardines de los taifas Sevillanos, viejos cruceros almohades, esplendor de lo mudéjar, grutescos renacentistas que conviven hoy con escenografías barrocas, recuerdos de la epopeya americana, delicados toques de eclecticismo novecentista, retazos de jardín regionalista de principios del siglo pasado e incluso un ligero apunte de paisajismo inglés en honor de S.M. la Reina Victoria Eugenia.



Todo perfumado con un aura de romanticismo que impregna la poética de sus patios y fuentes, la espesura de sus setos, la hierática frescura de sus estanques, la sombra de sus árboles, la escondida semántica de sus nombres: jardín del Chorrón, de la Danza, de la Galera, jardín del Laberinto, de las Damas, de los Poetas, patio del León, estanque de Mercurio, pabellón de la China…

 


Una letanía de nombres. Cada uno de ellos en sí encierra tanto como para dejar que pase el tiempo en su contemplación sin tener que justificarlo.  Porque aquí se encierra historia. Mucha historia y belleza, tanta, tanta que uno no sabe con cual quedarse. ¿Y si se queda con las dos? Entonces, necesariamente, tiene que ir una y dos o más veces a extasiarse en su interior.



Joaquín Romero Murube, su Conservador, entendía el Alcázar no solo como un palacio histórico, “sino como un refugio espiritual donde la naturaleza, el agua y la arquitectura islámica y renacentista se funden en una sola melodía”.

 


Mirtos, calas, nenúfares… y ¿como no? rosas, siempre rosas, rosas con espinas, ahíta de color y belleza, como la vida, como Sevilla, como los Jardines de sus Reales Alcázares…


Y si tienes ocasión, siéntate, sueña ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén


P.d. Fotos. Tomadas de la red; M. Hidalgo.

 

 

 

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