JARDINES DE ESPAÑA 2. REALES
ALCÁZARES. SEVILLA
Hay que recorrerlos despacio.
Sin prisa. Da igual la estación del año. Su belleza, deslumbra. Sale al encuentro
del visitante. ¿Quién busca a quién?
No se sabe a dónde atender.
Puede que los descubras con las luces del otoño. Se despiden las buganvillas y
las madreselvas; rompen a llamar los ocres y amarillos…; si es por primavera,
habrá un deslumbre de todos los sentidos.
La noche, en invierno, se echa
la capa, y se resbala por las solerías y cerámicas, por entre las celosías de
las ventanas, por los recovecos de los mirtos mientras la luna rompe el embrujo
de las nubes. Y te susurra palabras de
amor, palabras…
Las tardes de primavera
eclosionan en la ruptura de los sentidos: azahares, surtidores, sombras
embrujadas… y como Altolaguirre: “Mi
tiempo labrado en el aire / en agua, en fuego, en arcilla, testimonio la de un
alma que ante Dios se exterioriza”
El verano tórrido de Sevilla necesita durante el día las sombras, sus sombras, las sombras vitales… y cuando la noche llegue, como don Antonio: “En el cenit, la luna, y en la torre, / la esfera del reloj iluminada. / Yo en este viejo pueblo paseando / solo, como un fantasma”.
Casi imposible, describir en
pocas líneas toda la realidad, la poesía, la historia, incluso la leyenda, que
encierran estos jardines. Junto al palacio real habitado más antiguo de Europa,
Patrimonio, hoy, de la Humanidad
En la antigüedad, huertas
musulmanas; hoy, jardines exuberantes. Abarcan toda la Historia y los estilos
de la jardinería desde el siglo X hasta casi nuestros días. No queda un palmo
que no ofrezca o parte de esa historia o la belleza acumulada a través del paso
de los años. Y, en silencio conmigo mismo, lo hago más mío porque “Yo soy
como la gente que a mi tierra vinieron / - soy de la raza mora, vieja amiga del
sol - que todo lo ganaron y todo lo perdieron…”
Pavos reales, gorriones, palomas, vencejos, golondrinas “pero aquellas que el vuelo refrenaba / tu hermosura y mi dicha al contemplar, / aquellas que aprendieron nuestros nombres…/ esas…no volverán”), jilgueros con nidos, cuando viene mayo, en los naranjo, ruiseñores en las madreselvas…
Antiguos jardines de los taifas
Sevillanos, viejos cruceros almohades, esplendor de lo mudéjar, grutescos
renacentistas que conviven hoy con escenografías barrocas, recuerdos de la
epopeya americana, delicados toques de eclecticismo novecentista, retazos
de jardín regionalista de principios del siglo pasado e incluso un ligero
apunte de paisajismo inglés en honor de S.M. la Reina Victoria Eugenia.
Todo perfumado con un aura de
romanticismo que impregna la poética de sus patios y fuentes, la espesura de
sus setos, la hierática frescura de sus estanques, la sombra de sus árboles, la
escondida semántica de sus nombres: jardín del Chorrón, de la Danza, de la
Galera, jardín del Laberinto, de las Damas, de los Poetas, patio del León,
estanque de Mercurio, pabellón de la China…
Una letanía de nombres. Cada
uno de ellos en sí encierra tanto como para dejar que pase el tiempo en su contemplación
sin tener que justificarlo. Porque aquí
se encierra historia. Mucha historia y belleza, tanta, tanta que uno no sabe
con cual quedarse. ¿Y si se queda con las dos? Entonces, necesariamente, tiene
que ir una y dos o más veces a extasiarse en su interior.
Joaquín Romero Murube, su Conservador, entendía
el Alcázar no solo como un palacio histórico, “sino como un refugio espiritual
donde la naturaleza, el agua y la arquitectura islámica y renacentista se
funden en una sola melodía”.
Mirtos, calas, nenúfares… y ¿como no? rosas, siempre rosas, rosas con espinas, ahíta de color y belleza, como la vida, como Sevilla, como los Jardines de sus Reales Alcázares…
Y si tienes ocasión, siéntate, sueña ahora y
siempre, por los siglos de los siglos. Amén
P.d. Fotos. Tomadas de la red; M. Hidalgo.
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