viernes, 20 de febrero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Tierra de Lagares

 


A medida que se sube por Viso Alto, Álora queda enfrente, a la otra orilla del río, como cal blanca derramada por la ladera; como si a un cabrero se le volcase el cubo de ordeño; abajo el verdor de las huertas. A media ladera, la vía del AVE que rompe montes y rocas y va lejos. Muy lejos. Tanto, que llega… hasta Madrid, por lo menos.

Antaño arañaban con yuntas la tierra quebrada; hoy lo poco que se labra con tractor de cadena.  No hay esparragueras y las pocas que orillan el camino las han rebuscado. Están todas andadas.

- Todo esto está trillao, me dice Juan, al que conozco y baja en una motillo de las que llevan las aguaderas a modo maletero, detrás. Juan es de los frenen la moto con los pies…

Se bifurcan los caminos. Hay plantaciones nuevas de aguacates y mangos. Almacenan el agua en contenedores enormes de color verde. Están mimetizado con el terreno.

Algarrobos centenarios y olivos de troncos retorcidos.

- ‘¿Cómo llamáis aquí a la flor del olivo’? Trama, Antonio - respondo.

- ‘En mi pueblo – me dice – también’.

Y recita versos y habla y cuenta y me enriquece y escucho y subimos… Nos encontramos a otro Antonio. Saludos. No preguntamos. Informa: ‘Por los alreores de Serpeta hay un puñado de esparraguera, pero están muy jondas’.

Serpeta está en ruinas. Se cae de abandono y viejo.Ya no se labra el olivar que lo rodea ni hay bichos careando en las laderas. Nos cruzamos con una furgoneta de reparto. El camino, estrecho. Por Majaluna se baja a la cañada de Garnica y de allí a Pollo Moro y Montesinos que están el arroyo Pedro Latorre. No lo hacemos.  Seguimos camino.

Desde la ermita de la Cruce se abre el horizonte. Málaga y los Montes y El Torcal y la Sierra del Valle y ¿aquello? Alcaparaín y Sierra Blanquilla. La bruma no deja ver el mar. El mar los días claros, desde aquí, es un espejo de plata. Hoy, sólo una intuición, un deseo porque se sabe que está allí.

Como están allí: el partido de Jévar y Villanueva y La Joya, y el caserío blanco, disperso, esparcido… Comemos en Almogía. Un grupo de hombres no se hablan. Se gritan entre ellos. Por Cherino, desde el borde de la carretera, escuchamos que canta un reclamo… Está verde el campo. Subimos al Torcal… ¡Dios, estando Tú tan cerca…!

 

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