A
medida que se sube por Viso Alto, Álora queda enfrente, a la otra orilla del
río, como cal blanca derramada por la ladera; como si a un cabrero se le
volcase el cubo de ordeño; abajo el verdor de las huertas. A media ladera, la
vía del AVE que rompe montes y rocas y va lejos. Muy lejos. Tanto, que llega…
hasta Madrid, por lo menos.
Antaño
arañaban con yuntas la tierra quebrada; hoy lo poco que se labra con tractor de
cadena. No hay esparragueras y las pocas
que orillan el camino las han rebuscado. Están todas andadas.
- Todo
esto está trillao, me dice Juan, al que conozco y baja en una motillo de
las que llevan las aguaderas a modo maletero, detrás. Juan es de los frenen la
moto con los pies…
Se
bifurcan los caminos. Hay plantaciones nuevas de aguacates y mangos. Almacenan
el agua en contenedores enormes de color verde. Están mimetizado con el
terreno.
Algarrobos
centenarios y olivos de troncos retorcidos.
- ‘¿Cómo
llamáis aquí a la flor del olivo’? Trama, Antonio - respondo.
- ‘En
mi pueblo – me dice – también’.
Y
recita versos y habla y cuenta y me enriquece y escucho y subimos… Nos
encontramos a otro Antonio. Saludos. No preguntamos. Informa: ‘Por los alreores de Serpeta hay un puñado de
esparraguera, pero están muy jondas’.
Serpeta
está en ruinas. Se cae de abandono y viejo.Ya no se labra el olivar que lo
rodea ni hay bichos careando en las laderas. Nos cruzamos con una
furgoneta de reparto. El camino, estrecho. Por Majaluna se baja a la cañada de
Garnica y de allí a Pollo Moro y Montesinos que están el arroyo Pedro Latorre.
No lo hacemos. Seguimos camino.
Desde
la ermita de la Cruce se abre el horizonte. Málaga y los Montes y El Torcal y
la Sierra del Valle y ¿aquello? Alcaparaín y Sierra Blanquilla. La bruma no
deja ver el mar. El mar los días claros, desde aquí, es un espejo de plata.
Hoy, sólo una intuición, un deseo porque se sabe que está allí.
Como
están allí: el partido de Jévar y Villanueva y La Joya, y el caserío blanco,
disperso, esparcido… Comemos en Almogía. Un grupo de hombres no se hablan. Se
gritan entre ellos. Por Cherino, desde el borde de la carretera, escuchamos que
canta un reclamo… Está verde el campo. Subimos al Torcal… ¡Dios, estando Tú tan
cerca…!
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