lunes, 2 de febrero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Andalucía vista por españoles del siglo XIX

 

Campiña de Andalucía

 

          ANDALUCÍA VISTA POR LOS ESPAÑOLES DEL SIGLO XIX

 

Febrero, 2 lunes


Los viajeros románticos buscaban en la Andalucía del siglo XIX bandoleros, artistas, toreros, gente de guitarra y castañuelas. Los nuestros, no. Relataron lo que ellos conocían. Contaron una realidad que palpaban. A veces, de las ventanillas del tren que era la novedad, o en la diligencia que consumía horas bajo el sol y cruzaba campos solitarios.

Olivares de la Peña (1878) dice:

“La vegetación, pobre y desmedrada sobre las alturas pedregosas, se hace cada vez más bella y potente, rica en trigo, viñas y olivares, gracias al Guadalquivir que pronto se descubre en el campo que fertiliza. Lo atravesamos en Menjibar, sobre un puente de hierro”.


Curso medio del Río Guadalquivir


Cecilia Böhl de Fäber (1856) establece, un canon de lo que debe ser el paisaje desde su punto de vista. Ofrece una visión negativa de los paisajes cotidianos del campo andaluz. No dice el nombre, pero deja al pobre pueblo para el arrastre:

“Para hacer de este pueblo, que tiene fama de ser muy feo, un lugar pintoresco y vistoso (…). En él no se ven ni ríos, ni lagos, ni umbrosos árboles; tampoco casitas campestres con verdes celosías, merenderos cubiertos de enredaderas, ni pavos reales y gallinas de Guinea picoteando el verde césped”.

Alpujarra granadina

El granadino, Pedro Antonio de Alarcón (1873) describe ambientes y paisajes con precisión y detalle. Su obra histórico-literaria: La Alpujarra es una fiel interpretación de uno de los paisajes agrarios señeros de Andalucía:

“Lanjarón es un sueño de poetas (…). Lo que yo puedo asegurar que en Marzo, cuando lo vimos nosotros, parecía un verdadero paraíso; pues, en la base del cerro, todo era ya verdor, y hasta fruto; en su cumbre, abundaban aquellos árboles que no pierden sus hojas en el invierno; y, en la parte intermedia, los almendros, los guindos, los cerezos, los perales y los duraznos, si no tenían hojas, tenían algo mejor: tenían flores (…)

 

Cabra

Se canta el campo que se vive, que se conoce o que se ve al pasar. Juan Valera (1895), egabrense, viajero por el mundo. Embajador de España en Portugal, Bélgica y Alemania. Hombre muy enamoradizo vertía su propia vida en los paisajes ¿o era al revés y los paisajes lo configuraron a él? en Pepita Jiménez, su obra más universal cuenta:

“Hermoso sitio, de lo más ameno y pintoresco que puede imaginarse. El riachuelo que riega casi todas estas huertas, sangrado por mil acequias, pasa al lado de la que visitamos: se forma allí una presa, y cuando se suelta el agua sobrante del riego, cae en un hondo barranco poblado en ambas márgenes de álamos blancos y negros, mimbrones, adelfas floridas y otros árboles frondosos”.

                                  Aprovechamiento del agua. Cuevas del Becerro (Málaga)

 

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