Fuente:
Novaciencia
Febrero,
martes 17
Su
nombre, Ruy López de Villalobos. Nació en Málaga, entre 1505 y 1510. Su padre
del círculo cercano a Fernando II de Aragón, el Rey Católico, que unos años
antes habían conquistado la ciudad en el final de la Guerra de Granada.
“Caballero hijodalgo”, hombre de letras más
que de espada, licenciado en Derecho. Fue cuñado de Antonio de Mendoza, el
primer virrey de Nueva España, que lo pone al frente de la Armada de Poniente y
a quien encomendó el cuidado de sus hijos en caso de muerte.
Un biógrafo lo define: “alto
de cuerpo mas muy delgado [...] de sutil y muy claro ingenio [...] casto y
amigo de sus amigos [...] hombre suficiente para proveer cosas de la mar,
aunque en cosas de guerra ni de las que llevaba entre manos nada
experimentado”.
Una vez, en Méjico, zarpó
de Jalisco en una escuadra “hacia el lugar por donde se ponía el sol”. Sin un
conocimiento exacto de sus posibilidades ni de los mares que transitaban. Llegan
a las islas Hawai ¿Estaban y descubiertas? No lo sabemos, si no lo estaban
ellos fueron los descubridores.
Llevan a cabo la
exploración por el Mar del Sur. Van seis barcos. El suyo, la nao capitana: Santiago.
A bordo de los seis barcos, cuatrocientos hombres, entre marineros, soldados,
religiosos y funcionarios.
Anduvieron por las islas
Marsallh, Molucas y otras del Pacífico. Tuvieron conflictos con los portugueses,
que aducían la propiedad y que ya habían llegado con anterioridad. Villalobos
con el Tratado de Tordesillas defiende la españoleidad de aquellas islas.
En Mindanao bautiza una bahía con el nombre de
Málaga que no prospera en la posteridad. A las Islas les da el nombre de
Filipinas en honor del Príncipe, anteriormente ya había dado el nombre del rey
Carlos I a las Carolinas.
Las penalidades se apoderan
de ellos. Manda de regreso, en 1556, a parte de la expedición en un barco
portugués. Llegan muy mermados a Lisboa. Él no vuelve, muere de fiebres
palúdicas en la isla de Amboina, el Viernes de Ramos de 1556, con el consuelo
de la asistencia espiritual del misionero jesuita Francisco Javier (no puede
ser el santo navarro porque había muerto cuatro años antes; debe ser otro
jesuita de igual nombre), siendo enterrado en el pueblo de Zozanibe.
Una placa en el centro de
Málaga, en la esquina de calle Santos con Compañía, recuerda su nombre a los
transeúntes y curiosos que hurgamos en los papeles viejos. Una Asociación
pretende rescatar del olvido nombres ilustres. Hoy no sabríamos de ellos, de no
ser por su empeño y dedicación.
Bibliografía
C.
Pérez Bustamante, La Bula de Alejandro VI y el meridiano. Portugueses y
españoles en Oceanía. La expedición de López de Villalobos, Santa Cruz
de Tenerife, Imprenta de Sucesores de M. Curbelo, 1922
l viaje de
don Ruy López de Villalobos a las islas de Poniente, 1542-1548, Milán, ed.
Cesalpina- Goliardica, 1983
Islario
español del Pacífico, Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, 1984
Descubrimientos
españoles en el Mar del Sur, Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, 1991
Malagueños
en América. Del Orto al Ocaso, Málaga, Diputación Provincial, 1992, págs.
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