sábado, 14 de febrero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora: Cantabria

 

 


Febrero, 14 sábado.

 

Esta mañana, mientras el viento zarandeaba media España ponían en televisión un reportaje de Cantabria. Hace unos años que no voy por allí. La última vez, en un curso de verano de la Menéndez Pelayo, en la Magdalena, en la capital, en Santander. En las ponencias, entre otros: Vargas Llosa y Carmen Posadas…

 

Todo aquel verano tuvo cosas para no olvidarlas: la península donde se asoma al mar el palacio. Por cierto, desde esa bahía, dicen, que se puede ir a cinco mares. Yo, por lo pronto, solo la crucé para pasar una tarde y parte de la noche, en frente, en Pedreña… Algo inolvidable.

 


                         Monumento, homenaje a José María de Pereda.

 

Fue también inolvidable el reencuentro con Pereda. La búsqueda por las librerías que tenían apurados sus libros descatalogados. Tampoco había que pedir tanto. Con solo ver el monumento que le tienen levantado y luego callejear y asomarse a la bahía y gozar de ese mar es algo que uno se ratifica en que está en unas de las ciudades más señoriales, con empaque y buen gusto de España.


Esta mañana mostraban, también, parte de esa galerna que azota desde el mar y los paisajes idílicos que se asienta en toda su tierra: Comillas, San Vicente de la Barquera, Potes, La Liébana, el Desfiladero de la Hermida... Era un reportaje filmado en esa primavera de principios de verano que se suele implantar por aquellos lugares.

 


           Desfiladero de la Hermida

 

Solo tiene un inconveniente: está en la otra punta del mapa… ¡Me cachis, no se puede tener todo!

 

Convendrán que si los publicistas de Cantabria, cuando los niños cantábamos, en la escuela, sobre el mapa de huele y puntero en mano: “Castilla la Vieja tiene ocho provincias: Santander, Burgos, Logroño, Soria, Segovia y Ávila…’- lo cazan… Dios, ¿cómo le ponemos al niño? Y, es que, además, es verdad que “España limita al norte, con el mar Cantábrico…”


          Galerna en el Cantábrico


Mar profundo, cielo azul, prados verdes donde pastan vacas de pelos castaños y miradas indiferentes. Ese lugar que algunos vemos en la otra punta del mapa como el sitio ideal para huir de la calor que achicharra cuando llega agosto, que vendrá, a pesar de una noche como la pasada y uno tenga que hacer un acto de fe para creerlo….

Por lo pronto me voy a quedar con el fragmento de la letra de Jorge Sepúlveda. Lo muestran en una placa, en el paseo, junto al mar: “Santander, al marchar te diré / guarda mi corazón / que por él volveré”. La tardanza es la mala.

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