Febrero, 9 lunes
Ayer,
no más, en Álora, mi pueblo, se dio el pistoletazo de salida. Se presentó el
cartel oficial de la Semana Santa. ¿La obra? De José Carlos Gil. Un joven
artista ya realidad que ha roto moldes y lindes. Cuando lo vean, me dirán.
Dice el
almanaque que vienen tiempos de Pasión y luego, de Gloria. “Virgen de la
Soledad / no llores ni tengas penas / que me he dejado a tu Hijo cenando en la
Plaza Nueva…” No, no. Eso se dice, a modo de chascarrillo, de una Semana
Santa pasada por agua. Se rompieron los horarios y cada cofradía - ya se sabe- salió
cuando pudo y el tiempo la dejó. Pero no, eso, por supuesto, que no.
Aquello
de “No llores ni tengas pena… que el Domingo Resucita”, sí, ese sí. Esa es la
esencia de nuestra fe. Lo dijo San Pablo. Si Cristo no resucita vana es nuestra
fe. Pues eso. La noche de Pascua, la gran noche, dirá del sentido de más de dos
mil años de cristianismo. Un Dios vivo. Un Dios que dijo unas cosas a las que,
en ocasiones, por cierto, no hacemos mucho caso, pero bueno, es lo que hay.
Ya se
las andan en las cofradías desempolvando enseres, abriendo baúles y armarios.
Sacan brillo a candelabros y jarrones. Miran el tiempo y se descomponen. Mire
usted, que si le da por seguir lloviendo y arruinan las flores de los
invernaderos, mire usted que si se mete el tiempo en agua… y viene una noche de
las que dicen que no se puede pisar la calle… Mire usted que si…
Me
acuerdo ahora de una anécdota que se contaban de don Santiago Ramón y Cajal.
Visitaba Santiago de Compostela. Desde primeras horas de la mañana todos se
quejaban de la lluvia, del tiempo que no dejaba, de las inclemencias, del mal
tiempo … El hombre harto de aguantar, en un momento dijo:
- Hace
un tiempo estupendo para estudiar.
A lo
mejor se presenta un tiempo estupendo para interiorizar en lo que la Iglesia
celebra esos días y, de echar un mano a mano con Dios desde dentro. Ojo, que yo
soy de los que piensa que Dios está en todas partes y que, a lo mejor, al
revolver de una esquina hay miradas que se cruzan, y ahí hay mensajes en silencio
que van, entre el bullicio, desde el corazón a lo alto de un trono. Nadie se da
cuenta, nadie percibe que hay un nudo en la garganta y sube un suspiro que
viene del alma. “No me mueve mi Dios para quererte…”
No hay comentarios:
Publicar un comentario