miércoles, 18 de febrero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El reventón



                                    Nacimiento del río de la Cueva. Cuevas del Becerro (Málaga)


                                                                                A mi hermano electo Bartolomé Ordóñez

 

Febrero, 18 miércoles

 

Tiene el pueblo varias pinceladas que ya de por sí lo hacen diferente. Verán, primero el nombre. Cuevas (hay más de una y de dos y de tres…) lo que dice que es terreno kárstico en el que se asienta. Las sierras toman nombres diferentes: La  Sierra de los Merinos, el Catillón, Majaco… que va como para la parte de Ronda.

¿A qué debe el nombre? Según unos, al hallazgo de un pequeño becerro oro. Ni que sí ni que no. (Fue romana y los romanos no eran mucho de venerar figuras de oro y esas cosas); otros, a un animal que cayó en una de las muchas oquedades que hay en la sierra. Puede ser más acertado.

Algo más. En el pueblo nace un río, y el mismo río tiene dos nombres:  de la Cueva y el Carrizal. El nacimiento está a medio monte del Castillón. Ellos lo llaman el ‘reventón’. Por el pueblo lo llevan encauzado y en la otra punta. En los pueblos eso de llamar al otro extremo, ‘la punta’ es normal, se precipita en una cascada y ahí comienza el Carrizal; más abajo, aguas arriba de Ortegícar, tributa en el Guadalteba. Ya saben las cosas que pasan.

Más, todavía. Una calle larga, derecha, alineada como si el urbanismo se remontase a años atrás, es la arteria del pueblo. Surge, la pregunta. ¿La respuesta? Es la antigua Cañada Real que unía Ronda con Cañete. Allí gira a la derecha y por Casarabonela busca el curso del río Guadalhorce.

La última vez que estuve por allí fuí a buscar el ‘reventón’. Le mando una foto a un amigo. Me contesta de seguida:

- ¡Qué hermosura!

No puedo acércame todo es un lago de agua cristalina. En la cercanía un hombre tala con una motosierra una parcela de olivos. Me acerco. Entablo conversación. Se llama Rafael y supera los sesenta años.

- Con el hacha costaba más…

- No crea usted que también le he pegado lo mío. Pero esto no tiene comparación.

Me dice que los olivos son ojiblancos, que han estado buenos, pero que este año se ha quedado mucha aceituna en el campo. Toda la que no se cogido antes del agua está en el suelo. Ya es barro y eso ya no sirve…

Me despido de Rafael y antes le digo:

- Usted no ha pasado el domingo al lunes…

- Es lo que hay… En el momento que ha levantado el tiempo…

Eso es el campo, eso es parte de los pueblos esparcidos a voleo, eso es la gente de nuestra tierra con la que el hombre que gusta de andar los caminos se siente tan a gusto.

- Está impresionante, le digo al despedirme…

- Yo no lo he conocido nunca así y cuando se vacíen las posas que hay en la sierra…

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