Paseo de los Tristes. Rio Darro. Granada
5 de febrero, domingo. Miguel
Ríos grabó una canción descriptiva, llena de sentimientos de reencuentro. Era
un amanecer y regresaba a Granada. Después, los tópicos y todo lo que suele
acompañar y de lo que uno no puede desprenderse.
He vuelto a Granada. Hacía un
motón de tiempo que no me daba una vuelta por allí. No he ido como Miguel en un
tren desvencijado que caminaba despacio un amanecer cuando apuntaba el sol por
el horizonte con gente medio dormitando en un vagón de los de antes.
He regresado una mañana soleada
de domingo. Hacia buen tiempo para el viajero, pero muy malo para el campo. El
campo pide agua y la Sierra regala la blancura de su capa que le da nombre. El
cielo limpio de nubes; las calles, con gentes. No tantas, como yo esperaba. Son
cosas que pasan.
Uno que es de piñón fijo se las
ha andado por la Bib-Rambla, por el Zacatín, por Reyes Católicos, por Ganivet…
Por cierto, la Plaza de Isabel la Católica sigue – peor, continúa porque ahora
está más deteriorado – con ese edificio que casi era causa para que alguien
entregase el título después del desastre urbanístico. Eso a mí, por supuesto,
no me tiene que quitar el sueño.
Decía Miguel Ríos algo así de encontrar
la felicidad entre sus gentes. Eso queda muy bien para las canciones y esas
cosas. Me he subido por Plaza Nueva – qué recuerdos me trae la iglesia de Santa
Ana – y por el Paseo de los Tristes, junto al Darro, uno de esos ríos que dice
Federico que baja de la nieve al trigo, he andado sorteando a la gente. El río,
bordeado de vegetación desnuda, traía un agua cristalina y fría… A un lado la
Alhambra, entre las yedras cantaba un mirlo. A la izquierda, Aceituneros,
Lavaderos de Santa Inés, Santísimo San Pedro, Horno del Vidrio… Calles
angostas. Casi no entra el sol…
Me he vuelto antes de llegar a
la Cuesta del Chapiz. Me pregunto, qué pensarían aquellos acompañantes de los
entierros de hace un montón de años cuando subían por aquí… Yo pensaba en otras
cosas, esas que se quedan para uno y no pueden escribirse. Poco a poco, se
retiraba la gente. Cerraban las tiendas que ofrecen bagatelas que luego uno no
sabe que hacer con ellas. La Alhambra, un contraluz de retirada… ¡Ay, Granada!
Si tú quisieras…
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