Miguel Ramos Carrión y Federico
Chueca unieron el talento. Uno, el zamorano, puso el libreto; el otro, el
madrileño, la música. O sea, Ramos Carrión y Chueca llevan al género chico, Agua, azucarillos y aguardiente… Es el Madrid
castizo de agosto en el paseo de Recoletos. El aguaducho de la Pepa, Serafín,
Aquilino, Atanasia, la ‘Asia’ para los amigos... Pero no, no va
por ahí el tema…
“Agua va” era el anuncio
premonitorio de lo que venía detrás. Era el Madrid del siglo de Oro. Madrid de porquerías,
estiércol y aguas estancadas en calles. Suciedad y focos de infecciones y por
si faltaba algo pues, eso, el ‘sobrante’ de la noche, pero tampoco, tampoco, por ahí va ‘el agua al molino’. No.
Dice la radio, la radio de esas
horas plúmbeas de las siestas de verano que en Moraleja del Vino que no llega a
los dos mil habitantes y que toma apellido para diferenciarse de otra Moraleja,
la de Sayago, que tiene menos habitantes
- no llega a los trescientos, han tenido
que restringir el agua. Se abastecen del Duero y no llega…
¡Ya ven, el Duero! El que viene
de los Picos de Urbión y pasa por Soria donde según Gerardo Diego ya nadie a
acompañarlo baja, “sino los enamorados /
que preguntan por sus almas/ y siembran
en tus espumas / palabras de amor, palabras”. (Otro poeta, Bécquer, se
preguntaba, “cuando un amor se pierde, sabes, tú mujer dónde va?”) Ese, río, tan bello y tan nuestro se
entretiene en dejar sin agua a una perdida población en la estepa de Castilla.
Hay más. Arévalo que hoy me he
enterado que abastece de plantones de fresones que luego recrían en Huelva y
dejan ese sabor exquisito - ¿te acuerdas?,
fresón en tus labios y sorbitos de champan, el oro el cava está muy bueno y es
más barato, pero el tópico nos dijo que tenía que ser champan - y que bebe del Adaja… Pues también, también se
ve en la necesidad de restringir el consumo.
Arévalo, capital de la tierra que
llaman La Moraña y que entró en la literatura de la mano del refranero: “Quien
de Castilla señor quiera ser, a Arevalo y a Olmedo de su parte ha de tener”. Y
ahora, deja a un lado la historia rancia, y pide agua porque la sed aprieta. ¡Cosas
de la vida!
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