Son pequeños, diminutos; confiados. Juegan en los
parques, en los jardines, en las aceras de la calle…Son pájaros urbanos. Viven
cerca del hombre y, cuando un lugar queda deshabitado, ellos se van. No quieren
la soledad.
No tienen un canto especial; no destacan por su
pluma; su tamaño está acorde con la cuerda de pajarillos comunes que viven en
toda Europa. Su procedencia…, de Asia; luego, se ha adaptado al mundo entero.
Dicen que a donde únicamente no han llegado es a la Antártida. Y digo, yo ¡con
el frío que tiene que hacer allí¡ ¿qué se les va a perder en un sitio tan
lejano?
En los acertijos populares tenían sitio propio.
Verán. “¿Qué pájaro nace en España, vive en España, come en España, muere en
España y no anda en España?” Y el hombre mayor que agobiaba con su sabiduría
casera al niño y disfrutaba con su cara de asombro, contestaba: el gorrión,
porque no anda, camina dando saltitos.
Anidan en las oquedades de los edificios, en los
aleros de los tejados, en los huecos de los bajantes de agua, en las paredes de
los campanarios. No anidan en los árboles. Sus nidos los hacen con mucha broza,
pajotes y yerbas secas, restos de papeles, palitroques pequeños…
Monógamos y prolíficos. Sacan cuatro camadas en una
primavera. Comen de casi todo y en los trigos espigados se
pirran bamboleándose en las espigas a punto de granar. Suelen
desplazarse en bandas y llegan a comer muy cerca del hombre pero desconfían de
hacerlo en la mano.
Leo en El País que en algunos lugares de Europa su merma
ha sido enorme. Los pesticidas, el abandono de las ciudades y pueblos por el
hombre ha hecho que su población merme de manera considerable.
Joan Manuel Serrat lo vio como un pajarillo errante
que bebía el agua de los estanques, que volaba de balcón en balcón… realmente,
en verdad, la canción no iba dirigida al pajarillo diminuto y pequeño, marrón
pero…
Hace ya unos años – no recuerdo cuantos – encontré en la terraza un gorrión. Tenia una deformidad en un ala y jamás podría volar como los demás, por eso, se refugió en casa. Entonces tenía una canaria – también encontrada – y lo puse a vivir con ella en la jaula. Tiempo después, una mañana, la canaria de la que no sabía edad, amaneció muerta, seguramente de vieja. El gorrión le había arrancado parte de las plumas y luego comprendí porqué. Intentaba inútilmente “despertarla”. Desde ese día vive solo en una jaula a la que esta condenado, pues salir de ella es la muerte. Para paliar su soledad, compré un pájaro electrónico que canta. y ha aprendido con él miles de trinos. Nadie quiere estar solo Pepe...
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