sábado, 1 de abril de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las nuestras: Carmen Kurtz

Sus ojos encerraban una mirada profunda, larga y serena; la boca grande; labios carnosos y barbilla pronunciada; la nariz abultada junto a los orificios nasales. El pelo negro, lacio… Mujer de una belleza sostenida que tuvo hasta el final de sus días.

Su nombre era Carmen de Rafael Marés. Firmó con seudónimo de Carmen Kurtz. Tomó el apellido de su marido al que agregó la ‘t’. Hija de emigrantes catalanes, le dio a su familia un aire cosmopolita. Su padre, José Manuel de Rafael Verhulst había nacido en La Habana; su madre, Carmen Marés Gribbin, en Baltimore.

Regresan a Barcelona donde se casan. En 1911 nace Carmen. Queda huérfana de madre a los cinco años. Su educación comienza en el Sagrado Corazón de Barcelona. La educación es estricta. Su padre toma su educación de manera directa.  A los 17 años entra en el Sagrado Corazón de West Hill en Inglaterra.

Regresa a España y conoce a Pierre Kurz Klein, barcelonés de origen alsaciano. Se casan en 1935 y se establecen en Francia. En Melun, un año después, en 1936 nace su hija Odile. Su marido es hecho prisionero por los nazis en la Linea Maginot. Huye de un campo de concentración en 1942. Regresan a España.

La situación económica de la familia es dura. España en posguerra y ella se inicia con cuentos infantiles en la editorial Molino. Todavía firma con su nombre. En 1950 su marido se traslada a trabajar a Segovia. En 1952 el matrimonio se separa. Ella trabaja en Duerme bajo las aguas que tiene mucho de biografía; la termina en 1953; en 1954 gana el Premio Ciudad de Barcelona.

Ya es una escritora consagrada. Comienzan a llegar los premios. Con El desconocido gana  el Premio Planeta, en 1956; finalista del Café Gijón con En la oscuridad. Está en el panorama literario y la acerca al público.

Vienen después una cadena de premios y reconocimientos. Con Oscar queda finalista del premio más importante de la literatura infantil y juvenil de España, el Lazarillo, y la coloca en el punto más alto, a nivel mundial, con el Hans Crhistian Andersen.


La bibliografía de obras publicadas, extensísima. Carmen Kurtz nació en 1911; murió en 1999.

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viernes, 31 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La cantina

El bar de la estación es la cantina. En la estación hay otros bares; tienen otro estilo. La cantina tiene su sello especial. Los bares de la estación de entonces también lo tenían. Eran bares a los que acudía gente que faenaba por la estación. Gente que iba y venía al tren; trabajadores; empleados del ferrocarril con  sus vestimentas azules…

De casi todos,  el superviviente, la cantina. Está junto a la sala de espera. De hecho una puerta la comunica con una habitación grande donde se despachan billetes o donde la gente obtiene información sobre el  tránsito de los trenes que tienen parada.

Otra puerta da directamente al andén. Las obras continuas para adaptarla a los nuevos modelos hacen que el suelo esté un poco inclinado. Normal. Antes de modificar la vía, se cambia el suelo que pisan los viajeros.

Una ventana en uno de los testeros da un pequeño desahogo entre lo que un día fue muelle par mercancías y un emparrado donde los hombres se sentaban, durante horas, a jugar la partida, a tomar un café, a hablar de sus cosas.

Yo conocí de cantinero, a Diego, “Diego, el de la Cantina”. Diego es un hombre amable, atento, servicial. Diego lo sabía todo de los trenes; conocía a todos los maquinitas, y revisores; quién subió anoche con el ‘expres’; si venían a su hora o qué retraso traían , por dónde venía el correo, o qué parada tendría el tren que había pedido vía franca desde una estación remota.

Cuando Diego – su madre, fue cantinera, antes que él – dejó la Cantina regentaron el establecimiento diferentes taberneros. Tuvo, incluso un tiempo  mortecino; abría por dar un servicio a los viajeros.

Ahora, el cantinero es Joaquín. Joaquín sabe y ama el flamenco. Joaquín canta y ha hecho su pequeña carrera más cercana al aficionado que al profesional. Se puso un nombre artístico. Lo tomó de otro bar que regentó con anterioridad. Joaquín se anuncia en los carteles como Joaquín, ‘el de la Bodega’.


Joaquín ha decorado las paredes con  gusto exquisito. Camarón preside. Un mosaico de fotografías antiguas hace juego y compañía a carteles e ilustraciones de flamenco.  Felipe Aranda lo ha recogido… Yo paso por la cantina cuando acudo a hacer uso del tren. Joaquín siempre me recibe con agrado, con profesionalidad. Joaquín es una gran persona.

jueves, 30 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Viento de levante

Se ha arrancado a media mañana; más cerca de la hora del Angelus,  que de esa en que, antes, la campana de la iglesia llamaba a misa; el pueblo, entonces olía a pan caliente; llegaban los lecheros con las cántaras de cinc repletas. El murmullo crecía y todo era el hormiguero puesto en marcha.

Esta mañana cuando arrancó el viento de levante el cielo no tenía la limpieza que tiene los días que el aire sopla del norte. El aire de norte es un viento que barre las nubes y deja que todo ofrezca un tul de azul pureza. Esta mañana tenía un suelto de telarañas como cuando están revueltas las sábanas y se abre la ventana para que se ventile la habitación.

Ha pasado por el camino un muchacho montado a caballo. El caballo es precioso. Su pelo brilla con el sudor del animal. El caballo lleva el paso que le marca el jinete. El muchacho es joven; moreno; lleva el cuerpo erguido; va a los suyo. Se siente mirado y admirado; él lo sabe. El caballo es de pelo castaño; tiene la crin larga; bracea con garbo…

En el río trabaja una máquina. Hace un ruido tosco. Chocan las piedras entre ellas y cuando tiene que forzar el motor se siente un gemido, a contracorriente. La máquina debe estar haciendo un trabajo duro. No para; no descansa. No la veo; está oculta, al otro lado del cañaveral y luego, la maleza y los tarajes que ya han pasado de la lengua del agua y se adentran en el cauce.

Pasa una pareja de patos. Su vuelo es directo. Van rápidos; van a alguna parte. Con esto de la llegada de la primavera todas las aves están a los suyo. Ya ha nidos tempranos. Chamarines y mirlo, los más adelantados. Luego vendrán los verderones y los jilgueros y las tórtolas que buscaran las crucetas de los almendros o el ramaje nuevo en el tronco del olivo...


Zumban las abejas. Liban en la floración de azahar. El campo embriaga; el campo es un canto a los sentidos. Están los jaramagos en flor; hay florecillas malvas en las lindes; han aparecido las primeras amapolas en el trigo; peonías, cantuesos, genistas;  el almoradux …

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miércoles, 29 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Polémicas



                                


Varios aldabonazos saltan hoy al ruedo de la prensa. Leerlos duele. Miramos para otro lado; somos humanos. No queremos escuchar lo desagradable. La gente, sin embargo tiene problemas; muchos problemas; algunos solucionables; otros, para echarse a temblar.

El estado de la red ferroviaria en algunas zonas de España, lamentable. Almería pide conexión con el resto de Europa; el Campo de Gibraltar, en el olvido. De Algeciras a Bobadilla, existe el mismo trazado de vía que observaban los bandoleros cuando recorrían la Serranía de Ronda a caballo.

En la Sierra de Huelva claman por una autovía que enlace las dos capitales de provincias limítrofes: Badajoz y Huelva. Dicen que sería una salida a la despoblación de la zona; una inyección a la economía y una facilidad para la atracción del turismo al que ven como tabla de salvación.

Dice la Junta que saca tropecientas mil plazas para opositores dentro de unos meses. Desde la distancia veo la zozobra y la inseguridad de quien ansía porque lo necesita un puesto de trabajo…

Hay una tercera. Dura, tremenda. Humana. Una porteadora muere aplastada por una avalancha en Ceuta. La apertura de un nuevo paso fronterizo, dicen los que saben, ha sido un efecto llamada para la gente que lucha contra su propia miseria y buscan en el tráfico de mercancías una salida para su angustia económica.

Se llamaba Suad al Kathabi, era ciudadana ‘del amable vecino de enfrente’, o sea, Marruecos;  tenía veintidós años. Era madre de un bebé de cinco meses. Su marido se sintió indispuesto. Ella cargó con el fardo. Eso lo hacen miles de personas cada día. La muchedumbre no tiene espera. A veces hay un cierre de fronteras imprevisible; viene la avalancha. La muchedumbre la pisoteó y la aplastó.

Estas personas sobreviven con lo arañan de su propia miseria. Dice el periódico que, a algunos, no les da ni para pagar la luz y el agua. Pensar en otras cosas es deslizarse por los caminos de la utopía.


 Nosotros mientras tanto planeamos las vacaciones que llegan y  hablamos de que ya está aquí el buen tiempo. Chicas monísimas se bronceaban esta mañana en La Malagueta. Probablemente alguna sea de la misma quinta que Suad. Seguiremos mirando para otro lado; no pasa nada.


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martes, 28 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Arana

Se llamaba Luis. Era delgado y enjuto. De estatura media; las manos de dedos alargados… Tenía unos ojos grandes y una mirada profunda. Era amabilidad y agrado. Era la palabra adecuada para atender a quien entraba por su puerta…

Cazador de escopeta y perro. Su setter, su acompañante echado a los pies del mostrador. Una trasposición del campo al estudio como lugar de trabajo. Al final de su vida, sus escapadas, cuando caía la tarde,  al ‘Madrugón’ en busca del ‘tiento callado’ al trago amigo.

Era fotógrafo, o sea notario gráfico de la realidad nuestra de cada día. Plasmaba en su cámara la vida diaria de un pueblo, es decir, del nuestro que ya era suyo. Nada le era ajeno; todo le interesaba. Unas veces por vocación, otras, porque hay que ganarse el pan de cada día o por deformación profesional.

Se llamaba Luis. Nació en Granada; se hizo perote  porque él era así. Tenía arte para haberse establecido donde hubiese querido. Optó por quedarse aquí y reflejar la cal blanca de nuestras casas; la gente que acudía; los acontecimientos que marcaban el día a día de cada uno.

Nada le era ajeno. Ante su objetivo han posado personas, personajes, paisajes y paisanajes. Su generosidad sin límite. Conjuntamente con Carlos Planas  - doy fe – inició aquel primer movimiento para recuperar el retablo de la Encarnación; hoy, una realidad.

Su archivo debió encerrar varios millones de negativos. Fotografías de carnés, de estudio, reportajes… En Granada, en 1940,  recogió el gusanillo del arte que llevaba dentro y en la Escuela de Artes y Oficios aprendió cómo manejar la cámara; lo otro, la sensibilidad eso lo da  Dios; no se aprende.

Madrid siempre fue la escapada necesaria para todo muchacho ‘de provincias’ que se quería probar a sí mismo. Luis no fue la excepción. No era aquel su sitito. Tampoco Tenerife donde llega en 1961. Luego Motril, y de la mano de Sebastiana Rubiales, Álora.


Con Manuel Morillas  montan un estudio a la entrada de la calle de  la Parra. Fue su lugar hasta que un día nos dejó. Hoy, Marisa ha colgado varias fotos hechas por él. A mí se me ha ocurrido recordar al amigo… 

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lunes, 27 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Esta tierra nuestra

Michel Qoist escribió un libro delicioso: Oraciones para rezar por la calle. Michel Qoist pone en su boca: “Mi mejor invento, dice Dios, es mi madre” Y luego, agrega: “Mi madre se llama María, dice Dios”.

Esta Álora nuestra regala cada primavera una eclosión de sensaciones. Azahares y rosas; jazmines y claveles; geranios y pacíficos; clavellinas y margaritas; orquídeas y lirios; florecillas del camino, florecillas humildes que se abren cada mañana y se dan, todo ellas al caminante…

Esta tierra nuestra cada primavera saca un rosario de Vírgenes a la calle. Verán: con el sol de la mañana entre palmas y olivos tiernos, una Virgen de pestañas grandes; de celeste y blanco; una Virgen morena. María, Amparo y Auxiliadora…

De Amor - María - aparece por la puerta grande.  Pespunteo de estrellas en lo más alto. Se empina el campanario. Quiere alcanzarlas; imposible… Es ella, la Virgen del Amor; es Ella, serena. ¿El amor serenidad? En Ella, sí; en Ella refugio seguro.

Ya está en la calle. Escuchad, escuchad la música más sublime, más maravillosa… ¿Trompetas, tambores? No, no. Tintineo de bambalinas y gemido crujiente de las barras de su  palio. Es María Santísima de los Dolores; mirada triste y profunda, de pena inmensa; de boca pequeña. Es la Virgen del Cantar de los Cantares: “como torre de David tu cuello, fortaleza, escudo…”

Llora. Corren las lágrimas. Silencio. Tanta algarabía de lenguas y todos con el mismo silencio. Silencio. Dios muerto y Ella, María, con su Hijo, con su Dios, sobre sus brazos… y, nosotros a pie de calle y nosotros… Madre mía, Piedad; por tus dolores, Piedad…

Misterio. Dios espera al otro lado de la orilla. Y Ella, Virgen de las Ánimas, María, tiende la mano; consuelo que ayuda en el tránsito. Madre de las Ánimas para la noche del Viernes Santo y para cuando llegue la hora…,  dolor de  pies descalzos y doloridos por el camino… ¡Ay, Madre de las Ánimas!

Media noche. María lleva su dolor; el pueblo el acumulado durante el año. Todo es luto; todo es tristeza. ¿Se consumó todo? Lo había dispuesto el Padre. María con la soledad de todos; nosotros, cada uno con la suya…


Un rosario de Vírgenes – “me faltaba una madre y me la hice”, dice Dios - y cada primavera nos la saca a la calle; el pueblo, mientras, espera, mira, contempla, reza…
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domingo, 26 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nieve en marzo

Lo había dicho la televisión. El hombre del tiempo, también. Lo había avisado; no le habíamos hecho mucho caso porque como siempre dice algunas cosas que luego… El otro día, no. El otro día se salió con la suya; a media mañana, nevaba. ¡Nieve en marzo! El que sacó a su padre al sol y lo apedreó, ese, ese.
Un video (con esto de las redes sociales se sabe todo al momento) lo confirmaba. Nevaba también en el Bruch y en Monserrat, en Guadalajara, y en Burgos, y en Santo Domingo de Silos donde ese ciprés en el que anidaban los gorriones y cantó – bueno, los monjes, allí cantan de otra manera – como nadie Gerardo Diego.

Cadenas en Ávila, Salamanca y Zamora; el viento azota las costas de Huelva y Gredos  se corona de blanco;  las gargantas avisan que ya eclosiona la primavera; el Jerte expectante a su nevada sobre los cerezos…

Por aquí ni primavera, ni invierno, ni… Nubes altas. Todas de paso; frío, en el aire. En la sierras de la parte de Granada ha caído, también nieve con abundancia y todas están blancas. En el campo dicen que esto va recargar los veneros y los pozos; correrán las escorrentías y habrá charcos en las coladas.

¿Serán que están de prueba con los trajes de la Primera Comunión? Un amigo me recuerda que la nieve son plumas de ángeles. Estoy seguro que sí. Son los angelillos traviesos que juegan con las almohadas. Se han despistado los encargados de hacer las camas….

El campo sigue su curso. Hay puñados de margaritas en el borde del camino y lirios morados,  y orquídeas en el Hacho. Yo no las he visto pero me lo ha contado un amigo. Hay olas de brisas en los trigales peinados con dulzura, con primor, con mimo.


Los pájaros cantan cada mañana. Han reventado las yemas en los sarmientos de hogaño y hojas tiernas en las parras viejas. Apuntan a flor las encinas. Compiten entre ellos  rosales, geranios y unas florecillas que tienen la alegría de todo lo primoroso pero yo no sé sus nombres…
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