domingo, 24 de octubre de 2021

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Pitahaya

 

 


La pitahaya  - también puede aparecer escrita como pitaya – es una fruta de origen americano. Viene del suelo de Haití y ya se ha extendido por parte de Vietnam, y lugares subtropicales de América. En España se cultiva en la zona de la Axarquía, en Almería, Huelva  y Sevilla y en algunos lugares de Extremadura.

Es un fruta que ha venido a ocupar un lugar propio entre los sabores exóticos que han llegado al mercado para aportar placeres diferentes, sobre todo en los postres y en el abanico de los batidos. Su textura es parecida al kiwi y su sabor evoca un poco al de la chirimoya con la que también tiene en común, su gran cantidad de pepitas aunque más pequeñas.

Pertenece a la familia de la cactáceas. Es normal verla como planta de adorno en macetas, jardines y arriates. Lo que ocurre, es que al no fructificar, siempre se tomó como una planta de adorno – algo parecido a la patata en sus orígenes cuando llegó de América – que no dejaba de ser diferente.

En América la poliniza – es hermafrodita – un murciélago que no existe en España, lo que hace que aquí esa faena tiene que realizarse a mano. Eso es una dificultad añadida, además de su desconocimiento, lo que origina que, todavía al ser baja la producción llegue al mercado a precios elevados. En tiendas especializadas y en frutería se puede ofrecer al público entre los seis y diez euros el kilo.

Existen cuatro variedades de pitahayas: la roja de pulpa blanca, la roja de pulpa del mismo color, la roja de pulpa púrpura y la amarilla de pulpa blanca. Es muy poco exigente en agua (un par de litros semanales) por lo que se ofrece como una alternativa en terrenos secos, bien drenados y con pocas exigencias.

Dicen los expertos que propicia grandes beneficios al organismo, entre otros facilita el tránsito intestinal y es un complemento ideal en  las macedonias de frutas junto a los mangos y papayas, entre el abanico de tropicales que poco a poco, ocupan lugares en los mercados.

En la mesa hasta ahora ha sido una desconocida. Cada día se extiende más y llega a lugares que ni conocían su existencia y además ayuda y enriquece a la economía agrícola que opta por otras salidas como alternancia a lo tradicional.




 

 

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