sábado, 23 de octubre de 2021

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Hortalizas de invierno y otras cosas

 


Con la llegada del otoño se renueva el huerto. Bueno, no se trata de una renovación al uso, sino que se planta lo que es propio de la estación que este año viene seca, demasiado seca. No ha caído ni gota y el campo lo canta desde lejos.

-         Dame, le dije al chaval que me atendió en la tienda de productos agrícolas: semillas de rábanos, rabanillas, zanahorias, habas, puerros…

-         Puerros, no.

-         ¿Y eso?

-         Porque vas tarde. Esos, a finales de agosto, como las cebollas de tallo y las alcachofas, pero ya vas con retraso. Tendrás mucha cava y poco provecho. Y uno hace caso al que sabe…

He preparado la tierra. De hecho ya la tenía preparada y solo ha sido echarle unas carrilladas de estiércol, abundantes y ‘jarabe’ de chapulina, mucho jarabe,  o sea cava honda para remover la tierra de fondo.

-         ¿No te han dado nada contra las hormigas? me pregunta  mi vecino Cristóbal  - por cierto, un tío servicial y cabal de los pies a la cabeza -  las puñeteras se llevan las semillas y cuando te vienes a dar cuenta, no nacen porque la tierra está vacía.

Vuelvo a la tienda… Les digo que tengo las plantones ecológicos y que no quiero nada que no lo sea. Me dan un producto, me dicen que lo es, y que la manera de aplicarlo es esparcirlo, espolvoreado  por el perímetro del cuadrado donde deben germinar, crecer y, luego fructificar las semillas.

Le digo que las lechugas están preciosas, y las alcachofas, también…

-         Para la luna nueva del mes que viene, seguro que ya tienes…

Naturalmente me lo creo. Yo me creo casi todas las cosas, aunque algunas – hay que ser sincero – cuestan más que otras.

Me siento en un borde y recuerdo la conversación de hace unos días con mi nieto pequeño – nueve años y crianza en la Villa y Corte - que es un pillo de cuidado.

-         Tengo muchas ganas de verte, le dije.

-         Y yo a ti también, me respondió.

-         No te creo ni puesto en cruz.

-         Pues cree en mí, me respondió, y ante eso, uno necesariamente, obligatoriamente, hace profesión de fe y traga saliva y se pregunta ¿Por qué puñetas tiene que estar tan lejos? cuando yo lo necesito tanto…

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