martes, 26 de octubre de 2021

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Aquellos hombres del campo

 

 


A mí de niño me gustaba pasar muchas horas, todo el tiempo que podía, con los hombres de campo. La sabiduría de esos hombres no aparecía en los libros y ni los tratados de agricultura. Tampoco esos libros les eran muy útiles. No sabían leer.

El lucero del alba o sea el planeta Venus, aunque ellos no entendían de planetas y esas cosas se presentaba en el cielo todavía de noche y muy temprano. Ellos sí sabían que era la hora en que el cabrero se levantaba para comenzar a ordeñar y el gañan se iba hasta el pajar y comenzaba con las pasturas a las yuntas porque en los tiempos de arada y sementeras las yuntas recibían una sobrealimentación enriqueciendo la paja con sebo de grano molido.

Cuando un hombre del campo miraba al sol era para saber la hora que era. No tenían reloj. Tampoco lo necesitaban.  Si la sombra ya bajaban un par de palmos de la Cruz de El Hacho, era la hora de empezar a migar el pan para las sopas. El sopero iba a las talegas cogía el cuarterón correspondiente y comenzaba el trabajo. Sobre dos piedras, las sartén y luego todo el oficio aplicado de cada día.

Si por un casual El Hacho se echaba la capucha… No era día de faenar a la intemperie. Se sabía que el agua, si no se había presentado, estaba a punto de llegar. Lo mismo ocurría con la puente que se extendía desde El Hacho hasta los Lagares. Antes de mediodía por muy soleado que estuviese, el agua aparecía…

Las gatitas de Mijas nubecillas revoltosas, como los niños inquietos y traviesos que juegan al escondite, que aparecían y al rato no estaban y así durante un tiempo no muy largo, le anunciaban que antes de tres días venía un cambio del tiempo: o agua de lluvia o viento.

Al Levante lo llamaban malagueña, y al viento del Norte, aire de arriba. Al Poniente cuando venía con unos ruidos enormes, lejanos, sordos, que se presentaban a cualquier hora del día, como truenos, los llamaban los Cañones de Rota, eran signos evidentes que un temporal se acercaba por el Golfo de Cádiz y el Estrecho. Naturalmente ellos no sabían ni dónde estaba Rota, ni el Golfo de Cádiz y ni por donde siquiera caía el Estrecho…

1 comentario:

  1. Aquellos hombres de campo... Cómo son respetados, admirados, acunados, queridos y pregonados, por este hombre de letras. Todo un ejemplo. Gracias

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