domingo, 9 de agosto de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Otra España

Atravieso Asturias de sol naciente a poniente. En Corias, a las puertas del monasterio, el viajero gira hacia Pola de Allande. La exuberancia y frondosidad del paisaje se pierde a medida que se asciende al puerto del  Palo.

Han remansado el Navia en un pantano que acusa meses de carencia de agua. En Grandas de Salime están de feria, tienen cerrado el museo etnográfico y poseen una joya de iglesia románica; en Pesoz toman la recacha de la mañana y en San Martín de los Oscos huele a pradera fresca. Pontenova exhibe chimeneas de hornos donde a principios del siglo XX se trató el carbonato cálcico, y cuenta su historia en paneles al viajero en lengua gallega. Un acierto para los conocedores de esta hermosa manera de expresarse.

Cruzo a Galicia por Ribadeo. Escucho en la radio del coche a Luz Casal. Frente a mí, el mar. Un Cantábrico azul y tranquilo, aunque un poco distante, lejano de ese mar de galernas y terrible cuando vienen los temporales.

Castropol vuele a ser Asturias. Nunca dejó de serlo.  Parece un pueblo de postal asomado a la ría. Se baña la gente en Foz, a pesar de soplar el viento a media tarde.

Mondoñedo, con catedral decrépita deja pasear al mago Merlín ante los ojos de bronce de Cunqueiro al que han sentado, en pose intemporal, frente a la fachada de la catedral. No sé quien será más universal si la obra en piedra o la de don Álvaro. De joven leí Viaje por las Chimeneas de Galicia, y siempre supe que algún día, de una u otra manera, iría a verlo.


He regateado montes, y sin programarlo, en Meira, me he encontrado con el nacimiento del Miño en el Pedregral de Irimia. “El río Miño, nace en fuente de Miña, provincia de Lugo…”. Agradable sorpresa. Hace fresco. Casi al caer la noche el viajero llega a Fonsagrada. Luz canta a Rosalía: “cuando pensó que te fuches / negra sombra que me asombras(…)”

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