viernes, 19 de diciembre de 2025

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Alora, visigoda.

 


               Cerro de Sancti  Petri.


Diciembre, 19 viernes


A veces, por diversas razones, estudiamos las civilizaciones que dejaron huellas de importancia; otras, en cambio, se obvian. Algo de eso ocurre en Álora la con civilización visigoda.

En Iluro existieron dos necrópolis en torno al siglo VI (las dos arrasada en la actualidad), en Canca, al sur de la población y en la Loma del Morquecho, en dirección a Nescania. Los restos de materiales las ubican en torno a ese tiempo. Se explica su presencia porque se inicia, en la población un proceso de ruralización, o sea la gente se aparta de los núcleos y se va a vivir al campo.

Era una población de campesinos y de gente que vivía del ganado.  El obispo y monje Martín de Dumio los llama ‘rustici’ y, también, como ‘plebe rustica’. El concilio del año 653, los cataloga y los pone más cercano al mundo del esclavo o del siervo que al del hombre libre.

No hay que descartar, tampoco, a los que, apartados de las orillas del río, optaron por las montañas como lugar más seguro (caza y alimento a modo de frutos secos: bellotas) de vida y subsistencia.

Buscaban la coronación de montes o cerros - de fácil defensa y difícil acceso - y probablemente enclavan el habitat en el entorno de alguna ermita o lugar sagrado con el apócope cristiano de “sanct”. Encontramos los del Cerro de Sancti Petri en el camino de Álora a Almogía.

Según Ortiz Lozano: “el despoblado del castillo de Sancti Petri (…) lo era de un lugar existente en 1480: habiendo una tradición de la existencia allí de un monasterio en tiempos de los godos”.

De esta época viene la tradición de coronar las elevaciones con la cruz.  El Hacho, puede ser una muestra como lucha contra los espíritus malignos que habitan en montes, mares, ríos, bosques e incluso en los propios hombres “los cuales no saben protegerse con el signo de la cruz”.

Su vida, dura. Soportaron epidemias y hambrunas. Casi no hay datos. Sabemos por crónicas de catástrofes. En el reinado de Ervigio, hacia el 684, hay “un hambre terrible” y en el 688, se extendió una peste inguinal”; volvió a reproducirse en el 701, con hambre en el 708, y, otra vez, peste en el 710.

Al comienzo del siglo VIII, el reino godo de Hispania soporta una grave sequía, crisis seguida con otro de malas cosechas con sus secuelas de hambre y miseria para la población….

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario