Diciembre,
20 sábado
En
mi pueblo han montado un mercadillo navideño. Consumismo ‘a tutti plen’. Entre
las ofertas, un artilugio a modo de tren, pero con figura de autobús gusanero. Da
vueltas y vueltas. La patulea menuda – algunos grandes también – exteriorizan su
alegría efímera desde las ventanillas. Una campanilla toca y toca…
El
niño de entonces recuerda otro tren. Viene a su mente que el ‘mixto’ de la
mañana llegaba a la estación muy temprano. Cuando se presentía próximo, entre
los viajeros y el personal de la estación, se notaba un cierto movimiento.
Aparecía una pareja de la Guardia Civil; un hombre con un canasto que vendía
avellanas, mujeres con cestos cosidos y por un extremo aparecía ca cabeza de
gallo, talegas, canastos... Un mozo traía, en un carrillo de mano, unos bultos…
En
la lejanía se escuchó como silbaba la locomotora.
-
Viene, dijo un hombre, por lo de Molina.
El
jefe de Estación vestía un uniforme azul oscuro y una gorra orlada con una
franja roja. El jefe siempre salía a recibirlo. En la mano llevaba un banderín,
también rojo, desplegado.
El
toque de una campana intermitente anunció que el guardabarrera bajaba las
vallas y cerraba el paso a nivel. Cuando el tren enfiló la estación, aminoró la
marcha. El suelo del andén retumbaba bajo los pies de los viajeros. La máquina
era negra y soltaba vapor a ras del suelo. Al condensarse formaba una nube
blanca; los viajeros parecían fantasmas salidos de la niebla.
Pasó
la máquina. Un émbolo grande hacía que girasen las ruedas. Por la portezuela
que tenía echada una cadena se asomaba un hombre. Era el fogonero; alimentaba
la caldera con carbón que paleaba hacia aquel fuego de infierno. El niño
reconoció a aquel hombre lleno de tizne….
-
Mamá, el fogonero. Es ‘Frasco’.
-
Sí.
La
madre tenía cogida, con fuerza, la mano del niño y en la otra la de su hermano
más pequeño. Luego pasó un vagón con varios hombres vestidos de uniformes
asomados a la puerta que estaba abierta. Era el vagón de la paquetería…
Detrás,
todos los vagones de los pasajeros. Eran vagones de madera. Se accedía por los
extremos y tenía los asientos largos y corridos. Encima de los asientos unas
repisas servían para que los viajeros dejasen los paquetes; las mujeres nunca
soltaban el bolso…
Al
poco, la máquina correspondió con un silbido agudo la orden de salida. El tren
se puso en marcha. Entró en el túnel; se hizo de noche y, luego, otra vez de
día.
El
“mixto” venía de Ronda y Antequera. Llegaba hasta Málaga. El niño, su madre y
su hermano se apeaban antes, en la estación de Cártama. (Regresarían en el “mixto”
de la tarde). Pasarían el día en casa de sus tíos Ezequiel y Antonia y con sus
primos. El niño los quería mucho y se sentía muy a gusto y muy querido. Era Navidad…
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