sábado, 20 de diciembre de 2025

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Tren

 



Diciembre, 20 sábado

 

En mi pueblo han montado un mercadillo navideño. Consumismo ‘a tutti plen’. Entre las ofertas, un artilugio a modo de tren, pero con figura de autobús gusanero. Da vueltas y vueltas. La patulea menuda – algunos grandes también – exteriorizan su alegría efímera desde las ventanillas. Una campanilla toca y toca…

El niño de entonces recuerda otro tren. Viene a su mente que el ‘mixto’ de la mañana llegaba a la estación muy temprano. Cuando se presentía próximo, entre los viajeros y el personal de la estación, se notaba un cierto movimiento. Aparecía una pareja de la Guardia Civil; un hombre con un canasto que vendía avellanas, mujeres con cestos cosidos y por un extremo aparecía ca cabeza de gallo, talegas, canastos... Un mozo traía, en un carrillo de mano, unos bultos…

En la lejanía se escuchó como silbaba la locomotora.

-         Viene, dijo un hombre, por lo de Molina.

 

El jefe de Estación vestía un uniforme azul oscuro y una gorra orlada con una franja roja. El jefe siempre salía a recibirlo. En la mano llevaba un banderín, también rojo, desplegado.

El toque de una campana intermitente anunció que el guardabarrera bajaba las vallas y cerraba el paso a nivel. Cuando el tren enfiló la estación, aminoró la marcha. El suelo del andén retumbaba bajo los pies de los viajeros. La máquina era negra y soltaba vapor a ras del suelo. Al condensarse formaba una nube blanca; los viajeros parecían fantasmas salidos de la niebla.

Pasó la máquina. Un émbolo grande hacía que girasen las ruedas. Por la portezuela que tenía echada una cadena se asomaba un hombre. Era el fogonero; alimentaba la caldera con carbón que paleaba hacia aquel fuego de infierno. El niño reconoció a aquel hombre lleno de tizne….

-         Mamá, el fogonero. Es ‘Frasco’.

-         Sí.

 

La madre tenía cogida, con fuerza, la mano del niño y en la otra la de su hermano más pequeño. Luego pasó un vagón con varios hombres vestidos de uniformes asomados a la puerta que estaba abierta. Era el vagón de la paquetería…

Detrás, todos los vagones de los pasajeros. Eran vagones de madera. Se accedía por los extremos y tenía los asientos largos y corridos. Encima de los asientos unas repisas servían para que los viajeros dejasen los paquetes; las mujeres nunca soltaban el bolso…

Al poco, la máquina correspondió con un silbido agudo la orden de salida. El tren se puso en marcha. Entró  en el túnel; se hizo de noche y, luego, otra vez de día.

El “mixto” venía de Ronda y Antequera. Llegaba hasta Málaga. El niño, su madre y su hermano se apeaban antes, en la estación de Cártama. (Regresarían en el “mixto” de la tarde). Pasarían el día en casa de sus tíos Ezequiel y Antonia y con sus primos. El niño los quería mucho y se sentía muy a gusto y muy querido. Era Navidad…

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