sábado, 27 de diciembre de 2025

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Una noche en Calar Alto

 

                   


Diciembre, 28 domingo.

Era verano; mediados de julio. Teníamos cita, de madrugada, en el observatorio de Calar Alto (2.168 m.), Subcordillera de Sierra Nevada. ¿A esas horas? Sí. ¿Qué se le puede perder a uno en medio de una sierra como esa cuando la noche vira hacia el alba? Perder, muchas cosas; encontrar, algunas más.

Un pinchazo inesperado y un rescate de la grúa cuando el frío más arreciaba. Eso, lo de menos. ¿Lo de menos? Sí. Lo demás, ver el mundo de las estrellas desde telescopios especiales y uno se pregunta. ¿Y todo esto? ¡Dios mío, Dios mío! ¡Es demasiado!

Mientras hacíamos hora para llegar de madrugada a la cumbre cruzamos la Sierra de los Filabres. Bajamos hasta Serón en una de las laderas, en las terrazas que dan a la cuenca del Almanzora, la mayor de los ríos mediterráneos andaluces después del Guadalhorce.

Por estas tierras, por la de los Filabres, se las anduvo el hombre del Paleolítico, por las de Calar Alto, los científicos que atienden la estación y los que gustamos de ir a sitios como ese. Por cierto, las cúpulas donde están los telescopios parecen huevos de avestruces gigantes seccionados por la mitad o fantasmas blancos en la cumbre de la sierra.

El firmamento con la mirada del telescopio parece al alcance de la mano. Ahí se miden las distancias por ¡años luz! y si la luz transita a una velocidad de trescientos mil kilómetros por segundo… Mareante, de verdad, mareante.  Uno, en su asombro solo piensa una cosa: ¿y todo esto para nosotros solos? Dios, seguro, seguro que tiene reservada alguna sorpresa y puede que algún día, el día menos pensado… Me acuerdo del Poverello de Asís: “Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas en el cielo, las has formado preciosas y bellas”.

La sierra, en su tiempo, como es norma de un país arboricida como es el nuestro, deforestada; luego, sembrado de pinos. En la cima ‘sembraron’ un observatorio astronómico, extraordinario. Primero fue alemán; ahora, del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y de la Junta de Andalucía. Ya ven, además de gente, que gana un Premio Nobel, de vez en cuando, hay otra que piensa en la Ciencia y luego uno escucha esas cosas que dicen ahí…

Desde la cumbre tiene un paisaje excepcionalmente bello. Enfrente, Sierra Nevada y el Mulhacén, y sierras enlazadas entre sí de las que desconozco sus nombres; aquí, casi a golpe de vista, la repoblación de la sierra. La han dotado de vegetación de pinos y ciervos y jabalíes y corzos y rapaces que vuelan por un cielo limpio de nubes y calares que se cubre de nieve cuando arrecia el invierno.





 

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