Diciembre, 28 domingo.
Era
verano; mediados de julio. Teníamos cita, de madrugada, en el observatorio de
Calar Alto (2.168 m.), Subcordillera de Sierra Nevada. ¿A esas horas? Sí. ¿Qué
se le puede perder a uno en medio de una sierra como esa cuando la noche vira
hacia el alba? Perder, muchas cosas; encontrar, algunas más.
Un
pinchazo inesperado y un rescate de la grúa cuando el frío más arreciaba. Eso, lo
de menos. ¿Lo de menos? Sí. Lo demás, ver el mundo de las estrellas desde
telescopios especiales y uno se pregunta. ¿Y todo esto? ¡Dios mío, Dios mío!
¡Es demasiado!
Mientras
hacíamos hora para llegar de madrugada a la cumbre cruzamos la Sierra de los
Filabres. Bajamos hasta Serón en una de las laderas, en las terrazas que dan a
la cuenca del Almanzora, la mayor de los ríos mediterráneos andaluces después
del Guadalhorce.
Por estas
tierras, por la de los Filabres, se las anduvo el hombre del Paleolítico, por
las de Calar Alto, los científicos que atienden la estación y los que gustamos
de ir a sitios como ese. Por cierto, las cúpulas donde están los telescopios
parecen huevos de avestruces gigantes seccionados por la mitad o fantasmas
blancos en la cumbre de la sierra.
El
firmamento con la mirada del telescopio parece al alcance de la mano. Ahí se
miden las distancias por ¡años luz! y si la luz transita a una velocidad de
trescientos mil kilómetros por segundo… Mareante, de verdad, mareante. Uno, en su asombro solo piensa una cosa: ¿y
todo esto para nosotros solos? Dios, seguro, seguro que tiene reservada alguna
sorpresa y puede que algún día, el día menos pensado… Me acuerdo del Poverello
de Asís: “Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas en el
cielo, las has formado preciosas y bellas”.
La
sierra, en su tiempo, como es norma de un país arboricida como es el nuestro,
deforestada; luego, sembrado de pinos. En la cima ‘sembraron’ un observatorio
astronómico, extraordinario. Primero fue alemán; ahora, del Instituto de
Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y de la Junta de Andalucía. Ya ven, además
de gente, que gana un Premio Nobel, de vez en cuando, hay otra que piensa en la Ciencia y luego
uno escucha esas cosas que dicen ahí…
Desde
la cumbre tiene un paisaje excepcionalmente bello. Enfrente, Sierra Nevada y el
Mulhacén, y sierras enlazadas entre sí de las que desconozco sus nombres; aquí,
casi a golpe de vista, la repoblación de la sierra. La han dotado de vegetación
de pinos y ciervos y jabalíes y corzos y rapaces que vuelan por un cielo limpio
de nubes y calares que se cubre de nieve cuando arrecia el invierno.
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