Diciembre, 27 sábado.
¿Se han
terminado los viajeros?; ahora, turistas. Masas de gentes de un sitio a otro. Lo
invaden todo. Algunos pasan como las maletas: no se enteran de nada. ¿Calidad? ¿Rincones
con encanto? En una ocasión una pareja me contaban lo bien que lo habían pasado
en Cancún con un una pulsera, de todo consumo, en la muñeca…
Las
agencias contratan a los mejores publicistas. Unas veces lo bordan; otras, pues
como en las boticas de antes. “De todo”. Al final cuando el usuario regresa a
su casa viene satisfecho o con la sensación del timo consumado.
Para
mí, el gran puente del mundo se sostiene en dos pilares: París y Nueva York; en
medio un pie amigo. Se llama Lisboa. No se lo van a decir, pero yo sí. Es la
ciudad de Pessoa, de los atardeceres dulces cuando el sol se va cada tarde
camino de América. Es la ciudad del embrujo del fado. Roma, un museo al aire
libre; Venecia, Aznavour sobre una góndola.
Otras
ciudades tienen un apellido postizo extraordinario “Salamanca, arte, saber y
toros”, “Alicante, donde el sol pasa el invierno”, “La Coruña, donde nadie es
forastero”. “De Madrid al cielo”; Toledo, la ciudad de las tres culturas”. Y el
mejor de todos, lo puso un poeta. No era un publicista. Tenía un don y casi
nadie se lo reconoce: don Manuel Machado: “… Y Sevilla”. Sin decir nada, lo
dijo todo.
Otras
ciudades también han salido beneficiadas. Si me apuran, son eso y algo más
“Granada, agua oculta que llora…” Lo dijo Federico. Si tienen tiempo sueñen
asidos de la mano de esa persona a quien quieren. Arriba, la Alhambra; abajo, el
Darro. Sabrán que hay otro llanto. (Hagan caso, no nada más sublime que lo que
se sueña). Córdoba, tierra de Califas (eso sí, no vayan a Córdoba en verano).
A las
costas no le han dejado un palmo sin nombre: Costa del Sol, de la Luz, Tropical,
Dorada, del Azahar, Costa Verde, Costa Quebrada, Costa Brava… La que está en
torno a Finisterre tiene un nombre muy definitorio y muy duro… Ustedes lo
conocen tan bien como yo.
A
veces, los publicistas olvidan la esencia perdida en las propias ciudades. ¿Qué
me dicen de las rosaledas del Retiro y del Parque de Oeste? y ¿las campanas de
los conventos de Ávila? ¿Ha visto alguna vez los primeros rayos de sol que
traspasan las vidrieras desde el interior de la catedral de León? ¿Se han
embriagado con el azahar una noche de abril en las huertas de Álora? ¿Qué me
dicen que se alejan de la Bahía mientras Málaga le reza al Señor Cautivo o le
pide un buen final al Cristo de la Buena Muerte…?
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