Diciembre, 30 martes.
El Ayuntamiento
de mi pueblo, Álora, bajo el lema “No seas petardo” ha prohíbo el uso de ese material
pirotécnico tan desagradable. Me constan que en otros municipios han pedido mediante
bandos algo parecido.
Apela
el bando a la convivencia en estos días y para evitar molestias – dice – a personas
y animales. Agrega que no es una prohibición total sino una regulación estricta
que recuerda la autorización municipal y distancia de zonas pobladas e informa
que los infractores pueden ser sancionados.
Hasta aquí
puede ser similar a otras notas. Hay algo más. Mi amigo el doctor Diego Montañez,
que fue médico de UNICAJA Baloncesto y a quien conocí a través de otra entrañable
persona, Paco Rengel, que ya no está con nosotros físicamente, pero sí en el
pensamiento y en estas fechas, mucho más, a media tarde envío al grupo de nuestro
gastronómico un mensaje.
Reincide
en el tema de los petardos y dice “Mientras tú lo celebras y lo que es peor niños
Autistas, y los que presentan Trastornos del Espectro Autista como el Síndrome
e Asperger y el Síndrome Rett lo pasan mal con esta forma de diversión”. Y dice
más “Yo rogaría que a los que le gusten los petardos, que los exploten dentro de sus casas”. Ojalá
tuvieras eco, amigo.
No queda
ahí. Al mediodía vi una información en Canal Sur. Hablaba de un parque público de
una ciudad andaluza que destaca por su amor a la belleza y por poseer una la
extrema sensibilidad para muchas cosas…. Pues bien, alertaba que ese lugar de
recreo había unos desalmados (sin alma que es lo que nos hace diferentes a
otros animales) que metían explosivos dentro de pelotas similares a la que usan
los perros de mascotas en sus juegos. Cuando el animal cree que juega y se la
mete en su boca al darle el mordisco, le explota.
Se me
vino, de pronto, a la cabeza una expresión, que no voy a escribir, y me
pregunto ¿se puede ser más canalla? Yo nunca he tenido un perro conmigo, pero
sé del bien que hacen a personas que están solas, a invidentes, o a simplemente
porque su sensibilidad se lo admite.
Hace un
rato he llegado de Málaga. La gente ha tomado la calle. Bullicio, música y
ruido. La gente busca su expansión e invade oteros espacios. Algo así como si
se ahogasen en el suyo. Si esa es su felicidad, pues bendito sea Dios. Yo me
inclino más por otra manera de gozar de estos días. Ya se sabe de gustos no hay
nada escrito, pero a los de los petardos pues eso…
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