lunes, 29 de diciembre de 2025

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La gracia de los singracia

 



Diciembre, 30 martes.


El Ayuntamiento de mi pueblo, Álora, bajo el lema “No seas petardo” ha prohíbo el uso de ese material pirotécnico tan desagradable. Me constan que en otros municipios han pedido mediante bandos algo parecido.

Apela el bando a la convivencia en estos días y para evitar molestias – dice – a personas y animales. Agrega que no es una prohibición total sino una regulación estricta que recuerda la autorización municipal y distancia de zonas pobladas e informa que los infractores pueden ser sancionados.

Hasta aquí puede ser similar a otras notas. Hay algo más. Mi amigo el doctor Diego Montañez, que fue médico de UNICAJA Baloncesto y a quien conocí a través de otra entrañable persona, Paco Rengel, que ya no está con nosotros físicamente, pero sí en el pensamiento y en estas fechas, mucho más, a media tarde envío al grupo de nuestro gastronómico un mensaje.

Reincide en el tema de los petardos y dice “Mientras tú lo celebras y lo que es peor niños Autistas, y los que presentan Trastornos del Espectro Autista como el Síndrome e Asperger y el Síndrome Rett lo pasan mal con esta forma de diversión”. Y dice más “Yo rogaría que a los que le gusten los petardos,  que los exploten dentro de sus casas”. Ojalá tuvieras eco, amigo.

No queda ahí. Al mediodía vi una información en Canal Sur. Hablaba de un parque público de una ciudad andaluza que destaca por su amor a la belleza y por poseer una la extrema sensibilidad para muchas cosas…. Pues bien, alertaba que ese lugar de recreo había unos desalmados (sin alma que es lo que nos hace diferentes a otros animales) que metían explosivos dentro de pelotas similares a la que usan los perros de mascotas en sus juegos. Cuando el animal cree que juega y se la mete en su boca al darle el mordisco, le explota.

Se me vino, de pronto, a la cabeza una expresión, que no voy a escribir, y me pregunto ¿se puede ser más canalla? Yo nunca he tenido un perro conmigo, pero sé del bien que hacen a personas que están solas, a invidentes, o a simplemente porque su sensibilidad se lo admite.

Hace un rato he llegado de Málaga. La gente ha tomado la calle. Bullicio, música y ruido. La gente busca su expansión e invade oteros espacios. Algo así como si se ahogasen en el suyo. Si esa es su felicidad, pues bendito sea Dios. Yo me inclino más por otra manera de gozar de estos días. Ya se sabe de gustos no hay nada escrito, pero a los de los petardos pues eso…

 

 

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