De Pujerra a Júzcar se baja por una cuesta empinada, muy empinada. Desde la ladera del río
trepa hasta encontrarse con la carretera que viene de Igualeja entre castaños.
El paisaje, bellísimo. En otoño color cobre; en verano, con la fronsosidad
verde del bosque de castaños, algunos centenarios, en ebullición.
Casi siempre,
cuando reeemprendo desde Pujerrea porque hay que volver sobre los passos, el
regreso para tomar la bajada que me lleva al río, me pierdo. Más de una vez y
de dos me he vuelto desde la ermita de san Antonio. Creo que me he equivocado.
No, está un poco más allá, solo un poco pero no y hay que retroceder hasta
Pujerra. (Puxerra) que alberga un leyenda bellísíma.
Verán. Por
allí se las andaba, dicen, el visigodo Wamba cuando decidieron que debía ocupar
el trono vacante. Hay dos versiones: una que era un hombre de campo que se iba
y se venía su labor de cada día…
Otra, que era
un monje con mucho de ermitaño y que lo emborracharon y que mientras dormía lo
pelaron y no tuvo más remedio que aceptar lo que se le venía encima. Ya saben,
las leyendas – por eso, entre otras cosas,
lo son – no están escritas y cada cual cuenta lo que conoce, se inventa
o cree oportuno.
Yo me las
anduve por Pujerra. Era mediodía. El cielo limpio de nubes, azul muy azul. Los
castaños que pierden la hoja porque a todo le llega su tiempo y es tiempo de
otoño y es cuando los castaños se despojan de la hoja bellsimos. Se acurrucan
entre ellos para pasar el invierno. Por cierto, en la plaza el hombre, Wamaba
tiene levantado un monumento. Digo yo, que todos los pueblos no tienen la
posibilidad de sacar pecho y decir que en su suelo nació un rey y encima,
visigodo. Con lo lejísimo, en el tiempo, que queda esagente.
Bajé hasta el
río. El agua clara, transparente, impoluta. Viene desde el cercano nacimiento
en las entrañas de la tierra en Igualeja. Encajonado, el río entre montañas
calizas. Un rumor de notas suelas. Salta el agua entre los cantos rodados y los
muñones de un puente de antaño. Enfrente, a media ladera, al pie de la sierra
del Oreganal y antes de llegar a los Riscos, Cartajima. Dicen que es el pueblo
de más altitud de la provincia de Málaga; yo, te digo, que es una pincelada
blanca, una belleza entre el monte y el río a la que hay que ir y pasear por
sus calles…
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