martes, 16 de diciembre de 2025

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Agua del Genal

 




De Pujerra a Júzcar se baja por una cuesta empinada, muy empinada. Desde la ladera del río trepa hasta encontrarse con la carretera que viene de Igualeja entre castaños. El paisaje, bellísimo. En otoño color cobre; en verano, con la fronsosidad verde del bosque de castaños, algunos centenarios, en ebullición.

Casi siempre, cuando reeemprendo desde Pujerrea porque hay que volver sobre los passos, el regreso para tomar la bajada que me lleva al río, me pierdo. Más de una vez y de dos me he vuelto desde la ermita de san Antonio. Creo que me he equivocado. No, está un poco más allá, solo un poco pero no y hay que retroceder hasta Pujerra. (Puxerra) que alberga un leyenda bellísíma.

Verán. Por allí se las andaba, dicen, el visigodo Wamba cuando decidieron que debía ocupar el trono vacante. Hay dos versiones: una que era un hombre de campo que se iba y se venía su labor de cada día…

Otra, que era un monje con mucho de ermitaño y que lo emborracharon y que mientras dormía lo pelaron y no tuvo más remedio que aceptar lo que se le venía encima. Ya saben, las leyendas – por eso, entre otras cosas,  lo son – no están escritas y cada cual cuenta lo que conoce, se inventa o cree oportuno.

Yo me las anduve por Pujerra. Era mediodía. El cielo limpio de nubes, azul muy azul. Los castaños que pierden la hoja porque a todo le llega su tiempo y es tiempo de otoño y es cuando los castaños se despojan de la hoja bellsimos. Se acurrucan entre ellos para pasar el invierno. Por cierto, en la plaza el hombre, Wamaba tiene levantado un monumento. Digo yo, que todos los pueblos no tienen la posibilidad de sacar pecho y decir que en su suelo nació un rey y encima, visigodo. Con lo lejísimo, en el tiempo, que queda esagente.

Bajé hasta el río. El agua clara, transparente, impoluta. Viene desde el cercano nacimiento en las entrañas de la tierra en Igualeja. Encajonado, el río entre montañas calizas. Un rumor de notas suelas. Salta el agua entre los cantos rodados y los muñones de un puente de antaño. Enfrente, a media ladera, al pie de la sierra del Oreganal y antes de llegar a los Riscos, Cartajima. Dicen que es el pueblo de más altitud de la provincia de Málaga; yo, te digo, que es una pincelada blanca, una belleza entre el monte y el río a la que hay que ir y pasear por sus calles…


 

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