Marzo, 20 viernes
Marisa
es una mujer pequeña – en estatura, claro – de ojos grandes y negros; de mirada
franca y voz quebrada por mor de una puñetera afonía crónica en las cuerdas
vocales o como se llame que, para el caso, es lo mismo. Marisa, tiene un
corazón grande y generoso. Como las buenas esencias, en frasco… ya se sabe.
Marisa
es una hormiguita del tiempo; de la colección; de su crónica mala memoria que dice
ella; como todos los grandes se infravalora; de la fotografía, de la
investigación. Después de don José Fernández López de Uralde que ya no está con
nosotros, tiene la mejor biblioteca privada de Alora. Alguien dijo: detrás de
una Kodak (años sesenta) siempre aparece un japonés. Extrapolado: detrás de una
cámara digital siempre hay una mujer. Se llama Marisa.; y, además es amiga mía.
Marisa
ha recopilado, también, lo que otros miraron para que nosotros lo viésemos. O
sea, fotografías. Cuánto más antiguas, mejor. Tendrá cientos. ¿Digo, cientos?
No; me quedo corto, miles. Ya no tiene capacidad física para contarlas. Ni ella
misma sabe los tesoros que guarda. Unas, en soporte de papel; otras, en eso que
se llama pendrive, “pendrai” para los
amigos. La digitalización tiene cosas así.
Siempre
tiene alguno perdido (me refiero a los pendrive); siempre tiene que
descargarlos; siempre anda falta de lo que damos en llamar tiempo… Pero lo encuentra.
Cada año, en su colegio - el Cervantes de Álora - porque Marisa ha sido docente,
yo digo que lo sigue siendo, las exponía en su Semana Cultural y nos vemos como
fuimos, y nos añoramos y… nos alegramos.
Le faltaban
paredes - sala de exposiciones temporal - en el gimnasio. La vida. La vida en
la estación, aquellas máquinas del tren… ‘País, paisaje y paisanaje’ que decía
don Miguel de Unamuno. Marisa hace que tenga actualidad la coplilla del
Cancionero Anónimo: “Ojos que no ven / o
que ver desean,/¿qué verán que vean?”
Experta
en desempolvar la pátina del tiempo, nos muestran lo que fue y ya no es; gente
recordada. Con esas fotos antiguas nos dicen cómo eran…, algo nuestro que
dormía en el recuerdo. Y, ahora, cuando menos se espera, Marisa Segura Zamudio,
- ese es su nombre completo -, nos las trae, cada noche, de la mano de
facebook.
Acaban
de reconocerle su labor. Le han dado el título de “Mujer del Año”. Un
reconocimiento público – los homenajes en vida por lo que estoy totalmente de
acuerdo con el Jurado que se lo ha concedido ¿para qué se quiere un reconocimiento
cuándo se esté criando malvas? – que viene a decir lo grande que es Marisa.
Mujer de cada día, como el pan que nos alimenta, como el sol que nos alumbra,
como la sabiduría que nos guía. Gracias, Marisa.