En este convento del Carmen, (Toledo), hoy en
ruinas, San Juan de la Cruz escribió los versos más bellos de la Literatura
española
Octubre,
27 martes.
Era
de noche cuando lo apresaron; era de noche cuando llegó a una celda inmunda
para escribir allí los versos más luminosos y bellos de la Literatura española;
era – y es muchas veces de noche – cuando su luz llega para iluminarlo todo
para alagar su mano…
La
cosa venía de lejos. La división entre “Descalzos y Calzados” (entre frailes
iba la cosa) no solo no se solucionaba, sino que empeoraba. Por medio, los
disidentes que quieren una reforma en la Orden, los descalzos; y los que
prefieren continuidad, el rey Felipe II, parte de la nobleza, los capítulos
celebrados en Italia y por si faltase algo… ¡Hasta la misma Roma!
Una
monja con las ideas muy claras y una voluntad de hierro, Teresa, en un lado; en
el otro, un hombre diminuto, dejado, bajito y con una escritura que solo los
ángeles podrían mejorarla. Hoy, cuando ha pasado tiempo, está considerado como
el mejor poeta lírico nuestra Literatura. ¡Y aún hay quien le niega el pan y la
sal!
Optan
por la decisión más drástica: apresarlo. Lo capturan. Van el superior de los Calzados
de Toledo y una cuadrilla de adeptos la noche del 2 de diciembre de 1577. Hay
una cosa segura, esa noche en Ávila, en la pequeña morada, junto al convento de
la Encarnación, en la que vivía, hacía un frío de helar los charcos.
Lo
llevan a Toledo. Lo encierran en el convento de los Calzados, cercano al puente
de Alcántara, junto al río Tajo. Lo encierran en la celda ‘oficial’ del
convento. En febrero, y hasta mayo, en la de castigo. Una habitación pequeña e
inmunda (piénsese en una letrina con todo lo inmundo dentro). Lo azotan, le
tiran el pan y una sardina al suelo. De allí se escapa aprovechando la laxitud
de un nuevo carcelero, anudando las ropas y descolgándose por la tapia…
Escribe
dos otras excelsas, 31 estrofas del Cantico espiritual, donde el Alma,
la esposa anhela la unión con el esposo, Cristo: “ ¡Oh bosques y espesuras, /plantadas por la mano del
Amado,/ oh,
prado de verduras,/ de flores esmaltado,/
decid si por vosotros ha pasado! En
España por mor de la Inquisición (¡y encima, se autollamaba santa!) no se
publicó hasta 1630).
El
otro, la Noche oscura. No tenía papel ni lápiz. Dicen sus biógrafos que
los memorizó hasta que, la compasión del carcelero le ayudó. “En una noche oscura, / con ansias en amores
inflamada /¡oh dichosa ventura! /salí sin ser notada, /estando ya mi casa
sosegada”.
Del
convento Carmelita de los Calzados no queda nada; de las Carmelitas Descalzas
donde se pudo esconder unos días, sí.
En aquella situación, Juan de Yepes, su nombre
de pila; después, san Juan de la Cruz; hoy el místico más grande que ha dado la
Literatura Española. En diciembre, dentro de poco, Úbeda recordará su muerte.

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