Octubre 25, domingo.
No ha llegado la otoñada al campo manchego. Tierras de labor
en barbechos sedientos esperan el agua que no viene. Los pámpanos de las viñas
se han atabacado y con duras penas se mantienen asidos a las cepas que le
dieron la vida durante el estío.
A Aranjuez sí llega. Aranjuez en otoño es otra cosa. Tiene el encanto de la melancolía que baja de los árboles cuando caen las hojas de los plátanos; la ternura de quien sabe que esto se acaba porque comienza un tiempo de acurruco y nieblas; la intimidad del silencio, que pasea por sus caminos
Cuando yo era muchacho el largo pitido de un tren que hacía
maniobra marcaba en el cielo nubes de humo. Otras nubes señalaban otros caminos… Eran nubes
algodonosas; eran grandes sueños de azúcar que se columbraban por el cielo.
Ahora, los trenes ya no usan esos silbidos que atravesaban los campos.
Corre el Tajo entre jardines que aún conservan las últimas
rosas: blancas, rojas, amarillas. Los mirtos soportan sus propias hojas y las
que bajan de los árboles. Las ramas más altas peladas por el viento se saludan
entre ellas. Todo tiene encanto, todo tiene poesía, todo es sublime.
Aranjuez sin el Tajo sería otra cosa. El río lo envuelve. Le
da nombre a sus jardines porque en sí todo el jardín es uno y luego le pone
nombres: La casita del Labrador, Jardín de la Reina, Jardín del Rey, Jardín del
Parterre, Jardín del Príncipe, Jardín de Isabel II. No tiene, sin embargo, una
rosaleda… Esparce las rosas por arriates sueltos, como sembrados a voleo, sin
asignarles un sitio concreto...
Las avenidas son largas. En primavera es la eclosión de la
vida; en verano, la sombra deseada; en otoño las hojas amarillentas dan
pinceladas diferentes: alfombran el suelo y dejan un tapiz blando. Es una capa
especial que gime bajo los pies del viajero. Algunos patos nadan indiferentes
junto al dique de contención del río.
Aranjuez en otoño tiene un encanto especial. El sol dorado
de la tarde no quiere irse y por entre el ramaje pelado de los árboles parece
que se enredan las notas sueltas, pinceladas de amor – ¿“adónde te escondiste
amor”? - del concierto del maestro Joaquín Rodrigo, aunque él lo escribió con
otro sentimiento de alma. Es el momento de entornar los ojos, de escuchar como
entre las ramas silba el viento. Es el momento de sueños. Aranjuez, Aranjuez…







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