jueves, 28 de mayo de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Levante



                                     


Estaba a media mañana la mar revuelta. El rumor de las olas era un ir y venir constante, monótono, repetitivo, con ese martilleo que suena cuando vienen a dar en el rebalaje. Había Levante…

Llevamos días de temporal. Se origina en el Estrecho, ese donde dicen que Hércules, con su fuerza, puso a los continentes en su sitio, o sea, uno frente al otro con un paso angosto y arriesgado.

Los que vivimos en tierra adentro, sabemos que cuando el aire viene de ahí, los amaneceres son plácidos, luego, a medida que el día avanza, empieza a llegar a modo de brisa, - “esta mañana dice la gente del campo, han madrugado las malagueñas”- al mediodía se intensifica y, en ocasiones, por las tardes es casi un vendaval que mueve las copas de los árboles, cuando llega el crepúsculo, otra vez amaina. Es un ciclo constante.

El cielo, con el aire de Levante no está limpio. Aparece como entelerañado y muchas veces está invadido por nubes que no vienen cargadas de agua aunque sean plomizas y compactas. El refrán lo pregona: “el levante las mueve  y el poniente las llueve”. Cuando se abre el cielo en los días de verano, el calor es húmedo, sofocante y desagradable.

Por circunstancias que no vienen al caso, esta mañana me he asomado al mar. Estaba precioso. Tenía un poco de resaca y las olas no venían encrestadas de nácar, no eran olas pespunteadas, sino que traían en su interior arena revuelta. No era el mar placentero y limpio de otras veces. Las bandera ondeaban con la intensidad del viento. Entre el oleaje, varios barcos se mecían con las olas en un cabeceo constante, un carguero se difuminaba en la lejanía, ¿adónde irá ese barco por esta mar bravía?

Era el mismo mar de los versos de Góngora: “Quejaos de mis desventura, / y no echéis la culpa al viento. / Y tú, mi dulce suspiro, /rompe los aires ardiendo…”

Cuentan, que Tarifa, un poco más allá del Estrecho tiene dos madres: “la mare que parió al Levante y la mare que parió al Poniente”.  No sé si esta mañana estaba en orfandad o bien servida. Dicen que allí el temporal es grande. El mar que estaba frente a mí  era un mar sugerente, de los que hacen pensar, de los que evocan sueños…



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