miércoles, 9 de noviembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Y, ¿ahora, qué?

El pueblo americano acaba de elegir a su presidente. Los resultados no son los que nos contaban que iban a ser. Han sorprendido a todos. A lo mejor hasta a los que los han obtenido. Han saltado por los aires no se saben cuántas cosas.

El maestro Alcántara contaba que, en medio del diluvio, Noé, sacó una mano por la ventana y entonces el hombre, sesudo y responsable, con la que estaba cayendo fue dijo “parece que el tiempo está de agua”.

El tiempo que hace en medio mundo es algo más que de diluvio. Hay enfrentamientos hasta en las comunidades de vecinos y parece, más bien, se teme, que aquel diluvio puede ser un juego si se ven las nubes de tormenta que se escapan por muchas sierras del planeta tierra…

Dice la Constitución americana que, menos declarar la guerra, su presidente tiene un poder omnímodo. Es decir que es quien manda. Los que albergan la esperanza de que no sea así contraatacan y van y proclaman que quien manda es el Pentágono. Mejor no entrar en discusiones. Puede doler la cabeza.

El ganador un hombre con el pelo teñido de oro de anilina – que no de oro de sabiduría y templanza – y que tiene tanto dinero como una vida con un montón de cosas de las que es mejor no acordarse. Curiosamente, los primeros europeos que lo han felicitado han sido los ultraderechistas de Francia y Bélgica y el sr. Putin… (lagarto, lagarto).

La historia no es nueva. El romano le preguntó al pueblo y el pueblo lo tuvo claro: suelta a Barrabás; años después, otro con bigote recortado y botas altas quiso quitar , - y de hecho a muchos quitó – de en medio a gitanos, judíos, homosexuales, y trajo una guerra. Naturalmente a él, también lo puso allí el pueblo…

Los resultados que publican son asombrosos. Ha barrido a su contrincante. Por cierto, ¿alguien sabe de qué  se reía la señora durante los actos de campaña? A lo mejor vendía pasta de dientes temiendo lo que se le venía encima.


Y, ¿ahora, qué? Por lo pronto los sesudos profetas de las tertulias nocturnas de España podrían ir buscando otro oficio como el de dedicarse a la cría de caracoles en jaula… aunque, pregunto yo, ¿qué mal han hecho los caracoles para soporta la plaga?

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martes, 8 de noviembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Tesoros

Debo decirte que nos vamos a Fuenteheridos y a Castaño del Robledo. Es tierra de Huelva. Tanto tienen de pequeños como de tesoros de naturaleza viva. Te sorprenderán y lamentarás no haber andado antes por estos lugares de la Sierra ahora que el otoño ha dicho que ya está aquí.

En la fuente de los Doce Caño, estás en el nacimiento del Múrtiga. Más de dos millones de litros - al menos eso dicen los papeles que leí bajo la sombra de los castaños - diarios, y si te das en pasear por el pueblo - no llega a los ochocientos habitantes - te darás cuenta que el color de las tejas confiere identidad de pueblo serrano.

Si te digo que por aquí hay constancia de la presencia del hombre desde el  1300 a. C., y que no hay noticias de la presencia de Roma y sí del tiempo de cuando los musulmanes y que en el siglo XIII, allá por 1250, fue repoblada la zona por castellanos-leoneses, que quizá por esa fecha nació la aldea, pues ya, menos que más, sabes algo de su carné de identidad.

Debes conocer, también, que los caleros llevaban la cal a Sevilla, en competencia con los de Morón, pero eso era en el XIX, que, por cierto, es cuando construyen su plaza de toros. La inauguró Mazzantini.

El paisaje de castaños, alisos, fresnos, álamos, chopos, olmos... te acompañan. La vegetación es un bamboleo de hojas que bajan de las ramas a suelo. No puedes señalar  un rincón determinado. Sólo - y no es poco - te lo vas a llevar en la retina. Es una sinfonía de oro viejo…

Castaño del Robledo es uno de los pueblos más bellos - los otros Galaroza, Alájar, Linares…, en la misma sierra y a diferentes vientos - de Andalucía.


Es preciso y precioso ejemplo de arquitectura popular. Está rodeado de hermosos paisajes, pero, ¡ay! el último censo le daba poco más de doscientos habitantes. O lo que es lo mismo: la lenta agonía de los pueblos de la Sierra.

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lunes, 7 de noviembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Aracena

Nos vamos hoy por donde dicen que Andalucía se acaba junto a Portugal. Por el Parque Natural de Aracena y Picos de Aroche. Un puñado grande de hectáreas de monte, dehesas y pastizales. Poca gente; pueblos, de encanto.

Hasta aquí llegan los vientos del Atlántico. Su retraso daña el pasto, a la castaña y a la encina y por tanto a la montanera. Inciden directamente  en el cerdo ibérico (que dicen que tiene bonito hasta los andares ).

Te explico. Eso de la montanera no es más que dejan al cochino moverse, suelto, por el monte, desde comienzos de otoño en que se inicia la maduración de la bellota hasta enero o febrero. Para entonces casi ha duplicado el peso. Y luego, la matanza, y el jamón que precisa su tiempo de curación, y...

Aracena además de capitalidad, a la Sierra, al viajero le ofrece un  “milagro de agua y tiempo”. Estalactitas y estalagmitas  en la Gruta de las Maravillas. Crean caprichos de formas y ensueños.

Estás en ciudad vieja. Casi nada - aunque es probables su existencia en tiempos protohistóricos - de aquel pasado. De su origen se han barajado hipótesis.

Que si Plinio, que si Tholomeo, musulmanes…Sea como fuere, en el XIII la toman los Caballeros del Hospital que van en auxilio de la Corona portuguesa en la conquista del Algarbe. Después castellana; con Alfonso X, templaria, y en 1312, cuando se disuelve el Temple, “pasó a depender de  la jurisdicción eclesiástica de Sevilla, constituyéndose un Real Priorato con dependencia de la Corona.

Si subes al castillo, la ciudad se desparrama - blanca de cal y parda de tejas - a tus pies. Veneran a la Virgen del Mayor Dolor. Del Renacimiento quedó Nuestra Señora de la Asunción. Si tienes tiempo, aún, llégate a la ermita de San Pedro, a San Roque y a Santa Lucía, y a la antigua sinagoga –que por nombre ya sabes de qué se trata– y ahora se llama Santa Catalina.


Y si no dispones de tiempo –tienes que hacerlo– y te das un paseo por la calle de San Pedro y no te vengas sin probar el vino que bebe el tabernero. Es decir, los productos de chacinas: todos caros y buenos. ¡Qué menos podría esperarse!
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domingo, 6 de noviembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Juan

Media mañana. Día soleado y ventoso. Otoño que ve pasar la lluvia de largo. No llega, no quiere dejar que se empapen los campos, que corran los arroyos, que se limpie el río, que se llenen los pozos. Hay una caída perezosa de hojas en los árboles caducifolios…

Media mañana. Llega la notica. Juan Vázquez bicampeón Mundial de Veteranos en Maratón. ¡Ya tetracampeón!: San Sebastián, Italia, Francia y, ahora Australia. Bueno, más concretamente, en Perth.

Perth está muy lejos. Tan lejos como que está casi en las antípodas y va Juan y gana, de manera individual en su categoría (+ 55), y por equipos – formando parte del equipo español – y, por si fuera poco, entra el quinto en la Clasificación General... o sea que gana a otros, de otras categorías…

¡Ay, Juan! Esta mañana he sentido humedad en los ojos. Humedad de alegría. Todo está tan lejos… “Niño, que corra el maestro” y el niño corría y no hacía caso. ¿Te acuerdas?  Eugenio, que era quien sabía, nos marcaba la pauta; los demás, lo seguíamos. (Por cierto, nunca pagará Álora a Eugenio lo que hizo por el deporte).

¿Te acuerdas? Aquel patio de la escuela.., y una red hecha por nosotros, y de postes de voley, dos ¡árboles!; y de colchoneta, en altura, un soporte de neumáticos viejos que nos regalaba el taller de “el Perilla”, y de listón una cuerda; y de ¿foso?, de foso un hoyo que hicimos entre todos y un poco de arena que…

Y, con aquellos medios, empezaron a caer campeonatos provinciales. ¿Te acuerdas? Primero, Portada Alta, los sábados por las mañanas; y luego, otros superiores y  vinieron participaciones en Zamora y Cáceres - ¡anda que no había espinos en los alrededores del Príncipe Felipe! – y cuando caíste extenuado a la entrada en meta y el médico que te atendía te dijo: “muchacho hay que entrenar más…” (¿Por qué no me quedaría yo con su dirección?).


Juan tiene en su palmarés un montón de títulos. Eso es lo de menos. ¿Lo demás…? Es tan buena persona que cuando se le felicita, va el tío, y como quien no quiere la cosa, te regala una sonrisa amplia, generosa, espléndida, de quien no se da importancia en nada y ¡es el más grande!

sábado, 5 de noviembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las nuestras: Laura

Llegó con lo puesto – que era muy poco – y las manos abiertas. En una mano, la generosidad; en la otra, la entrega total a los que carecían de casi todo. Llegó a finales de los años cuarenta. España – el pueblo, también – en blanco y negro, vestida de luto, procuraban restañar heridas profundas, muy profundas.

Solo había abundancia de carestía. Menores - en este caso, niñas - a las que los padres no podían ni atender. Laura llega a Álora después de dejar una vida que se prometía con unos horizontes muy diferentes al que tenían las demás jóvenes de su tiempo.

Padre diplomático. Educación esmerada. Economía saneada. Todo lo aparca una chica espigada y enjuta. Seria de rostro, voz dulce y palabras las precisas; decidida e imparable en darse a los demás. Tiene dos confianzas que no le fallan: Dios, en su fe; los hombres de buena voluntad, en su esperanza, que corresponden en las medidas de sus posibilidades.

Pasó por el Colegio de las Esclavas en Málaga, donde estudió Bachillerato y Magisterio. Realizó estudios de piano, enfermería y pintura, licenciándose en Bella Artes en Madrid. Desde su juventud ayuda a los más necesitados del Pozo del Tío Raimundo, a través de las Misioneras del padre Soto que realizan una gran labor social entre los residentes en el barrio.

Cuando llega a Álora hay un peregrinar por diferentes casas del pueblo. Son los primeros hogares de acogidas para niñas que empiezan a conocer ‘otro’ hogar. En la España de hoy eso cuesta encuadrarlo. Es así. Viven de la caridad. La Providencia, en palabras de Laura, nunca falla. A veces tienen pruebas evidentes…

Viven, sucesivamente, en las calles de La Parra, de Atrás, Convento de Flores, Plaza Baja de la Despedía, y Avenida Pablo Ruiz Picasso. En 1969 consiguen terminar la residencia en la barriada de Poca Agua. Vivieron años de mucha estrechez económica, pero de gran riqueza espiritual, trasladando a cuantos la conocieron, un espíritu cristiano de resignación, dulzura, trabajo y sacrificio, siempre en bien de los demás.


Al final de su vida vinieron los reconocimientos… El pueblo la sitúa en ese lugar que dicen que ocupan los santos. Laura  - Laura Aguirre Hilla, que es su nombre – nace en Málaga  en 1901; muere en Álora en 1986

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viernes, 4 de noviembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Lugá...

El bar pequeño; mostrador en escuadra, dos puertas. Una ventana con reja en la pared más larga. No hay espacio para la decoración. Él, cliente habitual. Es de estatura, bueno..; lo menos que se vende…Se agarvaña al taburete; trepa. Apoya los codos...

-          Dicen,-  tercia uno, un poco más allá - que van a subir el vino…

-          Con que no suban el mostrador…

El camarero mira hacia el infinito…

-          ¡Niño…! (Se da la vuelta; atiende)

-          ¿Qué te pongo?

-          Un liso

Le sirve.

-          ¿De tapa?

-          Hormigón

Entra otro…

-          “Güenas”…

-          Eran… (Contesta, hecho el lipendi)

-          ¿Rejuío?

-          ¡Mi mujer que se puesto a dar bajeras…. ¡

-          Me han dicho que te han emplumao

-          El móvil… Que iba hablando por el móvil.

-          Y, ¿cómo se llama la broma?

-          Trescientos, y tres puntos…

-          ¿Estás jerío?

-          No, hombre, puntos de los otros, de los del carné…

-          Y¿con qué cuartos cuentas para…? (hace el gesto que se entiende por pagar)

-          Con los que me echa, Paquillo, ‘el Tizón’.

Llega, un tercero (De apodo, ‘Tapón’) :

-          Tenía que estar lloviendo hasta que los peces piquen las estrellas.

-          Claro, como tú flotas…

-          ¿Os habéis enterado como se cuela el cura nuevo en los entierros?

-          Algo he escuchao.

-           El otro día, cuatro. Ensartó la hebra y al último muerto por poco hay que echarlo en salmuera…

Taciturno. De los que beben solos. Se arranca con un cante en  el recodo del mostrador….

-          O te callas, o llamo a los municipales

-          ¿Es que los municipales cantan mejor que yo?



Bar “El Chismo”; esquina de  las calles Santa Ana y Carmona; una puerta a cada calle; en la fachada larga una ventana... Isabel hacía las mejores ensaladillas rusas – en la línea de Frutos, ¿vale? -  que he comido en vida. Le llamábamos ‘hormigón’; Juan tiraba como nadie las cañas… Se nos fueron. Donde estén… Sirvan estas líneas como homenaje a personas entrañables; estuvieron en nuestras vidas. Vivimos mientras alguien nos tiene en sus recuerdos…

jueves, 3 de noviembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Petirrojo

Es pequeño, diminuto y nervioso. Tiene la pechera anaranjada y el dorso de sus alas de color marrón oscuro, como si usase un impermeable de plumas para cruzar otros cielos... Ligero de carnes – vamos, ‘menos carnes que un pichi’ – y patitas largas y finas con uñas afiladas.

Viven casi todo el año por aquí. En otoño se aumenta la población. Vienen de tierras lejanas. Dicen que llegan hasta las orillas calientes del Mediterráneo desde lugares tan distantes como Escandinavia y Rusia. Buscan un sitio con menos frío para pasar el invierno.

¿De dónde vendrá este artista cantor que ha captado Felipe Aranda sobre una ramita seca? ¿Trae mensajes de otras tierras para los hombres de éstas? Seguro que en su canto transmite que la fronteras las ponemos, estúpidamente, los humanos y que para él no existen.

Los petirrojos se alimentan de lombrices, insectos, alúas, pequeños bichillos que complementan el ciclo maravilloso de la vida. Todos dependemos de otros y para sobrevivir, además, nos necesitamos.
Está rodeado de leyendas preciosas. En tierras británicas cuentan que se posaron junto a la cruz de Cristo agonizante y para hacerle más llevadero su dolor enorme y el tormento le cantaban al oído. Salpicó la sangre divina y, entonces, su pechera se tornó anaranjada.

Otras leyendas los asocian  con las postales de Navidad. Traen buenas nuevas en esas fechas en que entre los humanos – aunque luego, al cabo de muy poco no se acuerden – entre ellos se desean paz y felicidad y esas cosas tan bonitas que gustan tanto y usamos tan poco.

Como el amor, cuánto más ocultos más misteriosos; cuánto más deseados, más maravillosos. Se asoman, se dejan ver. Amagan…y, de pronto, desaparecen. Y dejan una estela de deseo como un hálito perdido que se lleva el viento.

Los petirrojos viven en los vallados, en los setos, entre la maleza de los ríos y de los bosques. Son confiados y cuando ven que el hombre no les va a hacer daño llegan hasta sus cercanías. Luego hay hombres que no saben o no quieren corresponderles; esa es otra historia.


Compite este petirrojo que ha captado Felipe con la naranja, la fruta que viene de la mano del otoño,  que ya toma su color, y se recorta en el cielo azul para dar realce a su plumaje bellísimo, especial y…