jueves, 9 de abril de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Greco y Toledo
El Greco. Autorretrato
Abril, 9 jueves.
El
Greco, Doménico Theotocópuli nació en Greta en 1541. Tras pasar por Italia
llegó a Toledo en 1577. Allí, desarrolló toda su enorme aportación cultural a
través de la pintura a la España del Siglo de Oro que ya llamaba a la puerta
con las excelencias del Barroco.
Dicen
los historiadores que el Toledo que encuentra El Greco se puede comparar con
una olla podrida el guiso por antonomasia de Castilla, pero no por su
nombre sino por los ingredientes y por lo que significaba.
Dicen
que era una comida cocinada en una marmita de una ciudad llena de historia,
aliñada con la vanidad de los toledanos obsesionados por mantener unos
privilegios que tenían ya más de nombre que de sustancia, empecinados en
engrandecer la fama de una ciudad a las que hacían competencia otras con más
prestancia. Poseían magnificencia en edificios, antigüedad en sus linajes y
celebridad en sus devociones.
Toledo,
como en muchos lugares de España, miraba al cielo, Al de la oración para
solución de los males. Los milagros podían llegar a donde no llegaban los
hombres; y, al otro, al que traía la lluvia que fertilizaba los campos, los
vientos que se llevaba las epidemias y hacían que espigaran los trigos. (De
higiene y otras cosas que van de la mano no se hablaba).
La
ciudad, atraía, además a cantidad de personas que acudían al amparo de su
nombre, de su poderío eclesiástico, el cardenal era el Gran Inquisidor, o sea,
el hombre de más poder de España después del Rey. El Greco pinta a Fernando
Niño de Guevara lo que le hace estar en compañía de los más selecto de la
ciudad.
La
multitud de conventos, donde algunas monjas morían literalmente de hambre ante
las carestías, hospitales que acogen a mendigos, vagabundos y necesitados e
iglesias donde los pedigüeños ponen su asiento en busca de la limosna. Hay,
también, una gran afluencia forasteros que perpetran robos y pequeños hurtos. Era
una población sin oficio ni beneficio. Los habitantes de la ciudad claman
contra ellos y piden su expulsión (¿A que esto suena en los tiempos que
corren?)
El
Greco se afinca en un barrio de mala reputación. Vive amancebado, según
algunos, con Jeromina de la Cuevas con quien tiene su único hijo, Jorge Manuel,
también pintor pero muy lejos de la calidad artística de su padre.
Aunque
se supo rodear de un selecto círculo intelectual, se debatió con otros genios
de su tiempo entre el oro de la fama, que lo llevaba a la inmortalidad y el
oropel de una vida no exenta de privacidades que le recordaba, cada día, lo
frágil y necesitada que es la condición humana.
miércoles, 8 de abril de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Buenas impresiones
Abril, 8 miércoles
Hablamos,
o sea nos comunicamos entre nosotros y utilizamos giros, expresiones, palabras
que ya emplearon otros, pero de las que desconocemos a veces, su origen o su
porqué. Han llegado al uso del lenguaje diario por un camino desconocido, pero
en el fondo forman parte de nosotros mismos.
El refranero tiene mucho que ver. El refranero es esa sabiduría popular que
alguien un día de no sabemos cuándo regaló al uso común sin que haya que pagar
derechos de autor ni reconocimiento. (Otra cosa es el copista caradura que, con
descaro, se apropia y borra el nombre del autor. No, eso es otro cantar).
¿De
dónde viene eso de “noche toledana”? Covarrubias en su Diccionario de los
tesoros de la lengua castellana, dice que es la noche que se pasa en blanco,
sin pegar ojo a causa de los mosquitos que abundaban en el río Tajo y que
atacaban a los visitantes desprovistos de los repelentes oportunos contra los
insectos del verano.
Francisco
del Rosal da otra versión y afirma que viene de aquellas mozas que la noche de
San Juan no dormían, en la creencia que la voz, la primera voz de hombre que
escuchasen al alba, sería la del hombre con el que se iban a casar.
Hay
otras expresiones de las que también se desconocen, sus autores ni quien con
autoridad lingüística dijo del porqué de su uso. Nos encontramos aquello de “A
por atún y a ver al duque”. Era la expresión de quien iba a Madrid – en los
tiempos cuando la Corte y Madrid estaba tan lejos – a realizar gestiones que no
podrían resolverse en ningún otro sitio. Hay otros con cierto aire despectivo:
“Señores de Jaén, caballeros de Córdoba, señoritos de Sevilla y gente de
Málaga”. Otros, son más crueles. “Ni borrico de Alhaurín, ni amigo de
Coín” y quien llega a más: “De Teba, ni agua bebas…”
Don
Cristóbal, alcalde de Álora en los años cuarenta, tenía una manera de actuar
todo campechana, porque lo suyo era el campo y nunca la política. Sus intereses iban por otros caminos. En
cierta ocasión – su economía se lo permitía – decidió pasar una semana en
Madrid, alegando que tenía que hacer unas gestiones inexcusables y que solo él,
en su condición de alcalde, podría realizar.
Volvió
a la semana, y naturalmente era asediado constantemente por los convecinos muy
interesados de cómo había ido la estancia y el resultado obtenido.
-
¿Don Cristóbal, le preguntaban, que resultados trae de su
viaje?
“Buenas
impresiones, buenas impresiones…”
martes, 7 de abril de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. ...Y paró el tiempo.
Morante, por verónicas. Real Maestranza de Caballería. Sevilla
Abril,
7 martes
Fue en
el segundo de su lote. Era un toro criado en la dehesa salmantina de
Garcigrande. Los toros de la ganadería pastan en un terreno medio ondulado,
poblado de encinas y con ríos pequeños que tributan al Tormes, en término del
mismo nombre y de Alaraz. Es un toro bellísimo por su estampa, bien armado y
con trapío. Nada búfalos aplaudidos en otras plazas. Los de ayer en Sevilla –
‘un toro de Sevilla y para Sevilla” dijo alguien. Se lució. Los toros hicieron
pasar un mal rato grande al ganadero. A los toreros, también. Solo hicieron
bueno el refrán: “corrida de gran expectación; corrida de decepción”.
La
primera sorpresa fue la presencia del Rey Emérito. Se vino desde Abu Dhabi para
ver a Morante. Como tiene palco, no tuvo problemas de entrada. Lo recibieron
con una gran ovación. Este hombre, - con más luces que sombras - barrunto que
se muere fuera de España. Luego vendrán las lamentaciones. No hay que
preocuparse. No llegan a tres días. Al tiempo…
La
plaza, la Real Maestranza de Caballería y Sevilla estaba como es norma de la
casa propia para las grandes ocasiones. El cartel, de ensueño. De esos que
agotan las entradas antes de salir del despacho del empresario. Un acierto televisarlo
en directo. De no ser así, nos estaría vetado para muchos.
Alguien
dijo que con ver solo paseíllo de Curro Romero ya estaba visto todo. No, no. El
paseíllo, obviamente, ya sin Curro, fue digno de verse. Los dos matadores,
(Roca Rey y David Miranda) cedieron el protagonismo a Morante. Lo dejaron
aparecer solo en el ruedo. La ovación, de estruendo. La debieron oír en la Cruz
del Campo; en San Santiponce, en la Venta de Antequera y la misma Puebla…
Luego,
el Himno Nacional. ¡Qué bien suena en una tierra donde se le quiere! Y el
minuto de silencio por los que no están que eran unos pocos incrementados con
lo de Adamuz… Esas cosas que en España se hace tan bien, o sea, los entierros.
No soy
crítico taurino, pero sí sentí un pellizco por dentro, cuando con un capote y
un toro delante al que se cita y se arranca o se queda a medio camino, y un
hombre, Morante, un artista, como quien no quiere va y para el tiempo. Eso solo
lo se lo he visto hacer a dos genios: a Curro, en Madri y en la corrida del
Domingo de Resurrección a Morante, la otra tarde en Sevilla a un toro de
Garcigrande...