sábado, 7 de junio de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Atarazanas


                                              

La morería se encerraba dentro de la muralla que arrancaba en la Puerta de Granada - junto a lo que hoy llamamos Plaza de la Merced –, bajaba por Álamos, Carretería, Puerta de Antequera, Puerta Nueva, lindera con el río, torres de las Atarazanas, Puerta del Mar, Alcazaba, Santa Ana pasaba junto a la Judería, y a su templo.

 No me he equivocado; no es el itinerario de una procesión, volvía, la muralla eso sí, a la Puerta de Granada, es decir, había dado la vuelta completa. Es la edificación protectora de la ciudad que crecía junto al mar desde mucho tiempo antes. Calles estrechas, malolientes y con demasiados vericuetos (Siete Revueltas, por ejemplo), por donde casi no entraba el sol.

Las torres de las Atarazanas protegían un recinto cerrado. Tenían función naval y civil. Hasta allí –arcos grandes- entraban barcos y galeras. Allí se despachaban los ‘papeles’ para todo el embrollo comercial del tiempo. Después cuartel de artillería y, allí, muchos años después, a finales del XIX, mercado.

Tiene - lo único conservado -  un arco de herradura apuntado, escudos nazaríes del siglo XIV, del reinado de Mohamed V y un lema de la dinastía: “Solo Dios es vencedor”. Pasado el tiempo, al parecer, es la única realidad que pervive.

Ya no está el mar a su puerta, ni rompen las olas contra sus muros. No llega el río con sus crecidas de otoño. No hay trasiego de gente de la mar que viene en el trapicheo diario a despachar papeles. Se fue la ‘vendeja’ con sus pasas, uvas y vinos; con higos secos dulces como la miel y almendras…


Desde finales del XIX, mercado de abastos. Se le dio el nombre del Rey: Alfonso XII;  el pueblo llano lo conoció por: el mercado. Meneo mañanero desde muy temprano: frutas, carnes y pescados y especias que dan olor y condimento y gente de todos los pelajes. Y un trozo de la ciudad de entonces, que en el corazón sufre cirugías para sobrevivir con los tiempos.

viernes, 6 de junio de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Los gorriones de la Judería

                                               

Se alargan las sombras por las calles estrechas. Recovecos; algunos balcones con flores. El sol juega al escondite desde los aleros de los tejados. Es media tarde. Las gaviotas aprovechan las térmicas y vuelan altas. El cielo está azul pero no tiene la limpieza de otros días. Culpan a los vientos que vienen del desierto con polvo en suspensión.

Pasan los turistas –visten informales-  camino de los museos. Son un puñado de museos y buenos. Picasso, Revello de Toro, el catedralicio, el Thyssen… ofrecen algo distinto. Renace un centro histórico nuevo. Intenta, casi ya lo han conseguido, la recuperación de la Judería.

Hay gente. Mucha gente. Va y viene. En el Pimpi saludo al Maestro Alcántara. Va con un grupo grande. La cortesía obliga a uno a no entorpecer nada más que lo preciso. El Maestro es una joya de Málaga, de la poesía y del artículo diario. El Maestro es referencia, reseña, fuente en la que bebemos…

Me acuerdo –su estatua en bronce está al otro lado, en Alcazabilla – de Ibn Gabirol. El ‘cordobés’ para uno; ‘el malagueño’, como él gustaba llamarse fue otra joya pero de hace muchos años en la Málaga medieval. Por estas calles, que no estaban como están hoy, corrió con otros niños y jugó, se acercó a la sinagoga…

Nos hemos sentado frente a San Agustín, en una tetería.  Puede la belleza de la decoración a la vulgaridad de otros establecimientos. Los gorriones se han venido justo hasta la mesa donde estamos. Picotean las migajas de los pasteles esparcidos por el suelo.


No tienen vergüenza estos gorriones de la Judería. Han corrido las lindes y dan voladas cortas entre los que pasamos las horas de la siesta al amparo de la sombra, con un té con sabores de lugares lejanos y degustamos pasteles de sabores exóticos. Hablamos de nuestras cosas; los gorriones, siguen en las suyas.

jueves, 5 de junio de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Drammen

                                               

Le prometo que hasta ayer tarde desconocía la existencia de una ciudad con ese nombre. Cuando lo supe, les digo que me fui al mapa –“san google” todo lo sabe - y me informe de cosas relativas para poder escribir estas líneas.

Todo vino porque mi amigo Salvador - Salvador Postigo - me vio conectado a internet y hablamos un rato. Supe que por mor de la dichosa crisis el hombre se las anda por ese país de mucho frío, mantequilla y ahumados (incluido el salmón) buscándose la vida.

No cabe duda que la gran revolución de estos días son las comunicaciones. Internet ha terminado con las fronteras. Cabe la comunicación con cualquier punto del mundo en cualquier momento… Estamos ante una nueva. Rompe convencionalismos.

A lo que iba. Salvador antes anduvo por Oslo; luego por Bag y ahora, por Drammen. A poco más de cuarenta kilómetros de la capital, con bastante frío en invierno y con temperaturas frescas, fresquitas los otros meses…

Lo que más tiene, por la cercanía del solsticio de verano, es luz. No anochece casi; en invierno, por el contrario, son penumbras, todo penumbras… ¡Las cosas de la geofrafía y de eso que llaman inclinación del eje de la Tierra! Mientras escribo escucho, de fondo a Peer Gynt del más universal de los noruegos: Grieg.

Hace unos años viajábamos camino del Cabo Norte. En Tromson encontramos a alguien que hablaba español. Nos dijeron que ven el primer rayo de luz a mediados de enero. Pregunté – que es la única manera de saber – cómo se puede vivir con tanta oscuridad. “Y, ¿ustedes, con 40º  a la sombra”? Queda claro: donde las dan, las toman.

Drammen está cercana a un fiordo.  Penetra el mar en la tierra, con mucha profundidad y según qué tiempo, se le hielan las aguas. Drammen tiene un importante puerto por el que salen y entran mercancías.


En Drammen está mi amigo Salvador, solo y con problemas de comunicación. Me acuerdo de él. De aquellos día de escuela, que para nosotros no fue aborrecida con la veía don Antonio Machado. Le escribo estas líneas. Entorno los ojos. Sigo escuchando a Grieg y sueño otros paisajes. El mundo es un pañuelo.

miércoles, 4 de junio de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Rocío

                                              

Está florida la marisma. Es la fiesta de la luz, el color, las flores, tamboriles y flautas dulces, sabores y niñas guapas a la grupa de las jacas. Carretas en los caminos, calor y rezos, vino y agua, pan y fiesta. ¿Espéctaculo?

Y, algo más. No soy quien para pensar que todo es exhibición y pamplineo. Me refiero, obviamente al Rocío. “Tienes que venir a ver salir las carretas, Pepe” Me decía, desde el otro lado del teléfono, Antonio García Barbeito, “el año que viene, Dios mediante, te tienes que venir porque esto es otra cosa. Hay que vivirlo”

Estoy de acuerdo con el Maestro. Recuerdo de una noche con el fuego del campo, y frío de amanecer y estrellas y “toma – mientras te ofrecen viandas- que aquí tiene sitio todo el mundo”. Y la gente es solidaria y canta y reza y se divierte. Porque digo yo,¿si me diste - ¡ay, Dios mío- cinco sentidos, para qué son sino para disfrutarlos?

Se han echado a andar los pueblos. Noches de preparos. Simpecados (“sine labe concepta”) en las carretas. Bueyes de andar cansino; aguijadas, frontiles, esquilones dorados y boyeros. Camino. Y, al final, al final, se tire por donde se tire, siempre va a estar Ella. Pinares y marisma, llantos y amores nuevos; nostalgia, recuerdos…

Está la marisma en flor. Puede que este año con menos agua. Gente como estrellas bajadas del cielo a la marisma. Al pasar por otros pueblos saldrán a recibirlos. Y luego, otra vez camino, y paradas y noches y una manta que dé calor a los cuerpos.

Celebraban los romanos, por diciembre, las saturnales en honor del segundo dios en importancia, después de Júpiter, Saturno. Celebra Andalucía la fiesta en honor de la madre de Dios. A Dios se adora; a la Virgen, se venera.


Flores, luz, colores y cantos. Todos los sentidos. Es la fiesta del campo: espigas ya granadas en trigo; aceite y vino. Al gran altar, el pueblo, peregrina para ofrecer su sacrificio y, por mediadora Ella “sine labe concepta”…

martes, 3 de junio de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El pozo

                                               

El pozo estaba junto al cauce del arroyo. A su vera crecían adelfas de color rosa y algunos tarajes. Se ponían, las adelfas, preciosas en primavera y llenaban de colorido todo el arroyo, marcando por donde corría el agua por debajo de la arena caliente con el sol del día.

Tenía el pozo un pilar largo y estrecho. Por la tardes el cabrero sacaba agua con un cubo de cinc. Chirriaba la carrucha y las cabras se acercaban y bebían y bebían; olía la campiña a rastrojo… El hombre tenía arrugas en la cara, las manos endurecidas y la piel requemada por el temporal.

A media mañana, en los meses mayores, una reata de bestias bajaban por la realenga, desde la Fiscala, por agua al pozo. Delante iba una burra negra. Montado, sobre la burra un hombre; detrás dos o tres mulos con aguaeras y cántaros de barro. Algunos cántaros por el uso estaban boquinos.

Un hombre - el aguaó - era el encargado de acarrear agua porque en el cortijo no había agua potable. Como el cabrero, también, la sacaba con una soga larga, un cubo y la carrucha. Conforme avanzaba el verano, el agua, estaba más honda. Daba todos los viajes que la luz del día le permitía… El hombre llevaba un sombrero de palma y una botija en bandolera.

Acudían, también, al pozo, algunas mañanas, las muchachas a lavar. Llevaban la ropa en una cesta de mimbre. La escamondaban y la tendían al sol. Cubrían sus cabezas con sombreros de alas anchas adornados con cintas de colores. Se reían entre ellas y cuchicheaban si veían acercarse a alguien.

Estaba el pozo blanco. Ahíto de cal; reverberaba. Cuando pasaban otros hombres con bestias que iban o venían con ‘cojollos’, por leña o a dar los peones también sacaban  agua y, entre ellos, se daban tabaco.

En el brocal del pozo, había crecido una higuera bravía. Seguramente, los culpables eran los pájaros. Los niños teníamos, terminantemente, prohibido asomarnos y curiosear qué podía haber dentro del pozo. 
Cuando lo hacíamos, dejábamos caer una piedra que producía hondas y hondas y hondas, hasta que  la piedra llegaba al fondo...


Una parte de España busca, estos días, con una cuerda larga, mientras chirría la carrucha, en el fondo de otro pozo; la otra parte, sólo escucha el chirrío y ve pájaros, muchos pájaros, demasiados pájaros… 

lunes, 2 de junio de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuevos tiempos


                                               

Era a media mañana. Ignacio Camacho en su página de facebook pide atención a algo grande que va a comunicar Rajoy. A partir de ahí… la cascada. Televisiones, radios, eso que llamamos redes sociales, el teléfono. “Oye, ¿te has enterado?”

Ha venido Su Majestad a decir algo obvio: “en nidos de antaño no hay pájaros de hogaño”. No le he oído a nadie de los ‘sabelotodos’ que se han venido, hoy, a vivir con nosotros, ningún comentario sobre el refrán. Será que como España no está de moda…; el refranero, tampoco.

Chapeau por este hombre. Su Majestad, (Su Divina Majestad, es otra cosa) es humano. Ha tenido, en estos años, luces, sombras, claroscuros, brillantez. De todo como en la viña. Ha dado, con su decisión y mensaje, la mejor de las lecciones: paso a la juventud que viene. Ni el Rey se perpetúa en el cargo. Quien quiera entender…

Decía Cánovas que se es español cuando no se puede ser otra cosa. Más o menos. Uno no es nadie para discrepar de tan ilustre paisano pero va ser que no. Se es español  –fuera chauvinismos tribales- por geografía, por historia, por raíces y  por cultura.

A partir de ya, se es español, también, porque hay que meter el hombro, con los jóvenes que van a venir y hay que sacar esto adelante. Porque el futuro de mañana ya está en el surco de hoy. Porque, la inercia, la galbana, la decrepitud no pueden arrastrar a la sociedad.


Chapeau Majestad por la decisión tomada. Yo no sé, obviamente, nada, absolutamente nada, de todos los entresijos interiores de la decisión. Sé, si sé, que la sociedad de lo que todavía  llamamos España tiene ante sí un reto, un enorme reto. Cada campana da el son que tiene. España, una vez más dará el son acorde con lo abierto. Chapeu, Majestad.

domingo, 1 de junio de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Envidia


                                              

Pura y cochina envidia. Lo ha sentido el sur y lo ha cantado a los vientos. Verán. Estos días los ciclistas, sobre bicicletas, - ¿cómo, si no?- recorren eso que parece una bota. Se llama Italia. La carrera es una clásica ‘el Giro’. Coronan los Apeninos, los Dolomitas – ‘la cara amable de los Alpes’-, los Alpes centrales de prados verdes y cumbres blancas

Imágenes de ensueño. De entre la niebla o la bruma aparece un hombre, empapado y fantasmagórico. Levanta los brazos. Gana la etapa. Lo llevan a la portada los periódicos y abren las cadenas televisivas sus servicios informativos de deportes.

Antes, cuando estudiábamos geografía decían los libros que, la italiana, era una de las tres grandes penínsulas que Europa tiene en el Mediterráneo. Envidia, pura y cochina envidia ha sentido el sur de otra de las grandes penínsulas: la Ibérica. (De la Balcánica ni se dice ni se la espera).

 Desde ayer tiene fuera de los baúles las mantillas de nubes. Se han entolado los cielos y ha dicho que espere, por unos días el verano. Las venus  (por cierto, bellísimas) buscaban tostarse al sol caliente de la mañana y el periódico nos da imágenes de playas desiertas.

Llueve, - según qué sitios – torrencialmente. Parece que lo cirros y cúmulos que se las andaban de paseo por las cumbres de la Sierra de Mijas, por la Torrecilla, por la Serranía de Ronda, por la Sierra del Valle… ¡qué sé yo! han decidido venirse a la orilla salada. Desde la lejanía se veían tomados todos los puertos. ¿Habrá habido primarias o congreso extraordinario de nube? Todas se han bajado a la costa.


Llovía, con ganas, a eso de media mañana y, luego a ratos, y sol; y, otra vez aguaceros, y más sol… Me ha quedado claro. Pura y cochina envidia es lo que ha tenido el sur del sur. Lo ha dicho a los vientos. Y ha decidido, que por hoy, Venus no tenía que hacer gastos de bronceador en la playa.