miércoles, 12 de agosto de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Frigiliana, cal, mar y cielo
Agosto, 12 miércoles
Frigiliana es pueblo morisco.
He vuelto. Estuve por allí a finales de junio. Necesidades
imperiosas nos hicieron dar media vuelta y regresar. Iba, entonces, con Manuela
y Antonio, su marido, amigos entrañables. Ella, cultura a flor de piel; él, médico
escritor en la línea de don Gregorio Marañón, López-Ibor, Laín Entralgo,
Vallejo-Nájera… No dejó nunca la consulta, plasmó la experiencia en hojas a modo
de diario, me confío su lectura; hoy, con mi familia.
Cuando llegues, si vienes de Torrox por la Loma de la
Lastra, bordea El Fuerte. Es pincelada blanca; la sierra de Almijara, al fondo; si te vas,
según el día, a pies el mar envuelto en
niebla o azul profundo, o reverberación plateada; depende de la hora.
Si gustas compararlo con los vecinos de enfrente me
recordó a Chef Chauen, pero con menos agua, más blanco y con más flores a las
puertas. Alhucemas, tortuoso y quebrado tiene
más terrazas planas.
Frigiliana ha sacado su historia - y la de la tierra
de Bentomiz, que para el caso es lo mismo - a la calle, y en mosaicos
artísticos cuenta, para quien disponga de tiempo de pararse a leerlos, parte de
los avatares sufridos.
Guerras de moros y cristianos; de sublevaciones y
avasallamientos; del apropiarse por parte de unos de lo que correspondía a
otros, que naturalmente defendieron con uñas y dientes.
Doce mosaicos colocados, en lugares estratégicos, por
Antonio Navas, a quien su pueblo rinde tributo en placa de cerámica y lo nombra
Hijo Predilecto - pero ya tarde, a título póstumo - dan cuenta de los hechos.
Si, como yo, preguntas quién fue el tal Antonio Navas,
al igual, te encuentras con la respuesta:
-‘Un hombre bueno que hizo mucho por su pueblo’.
Se trata de una recopilación de textos de Mármol y
Carvajal, Hurtado de Mendoza, Guillén Robles, Vázquez Otero, Caro Baroja, del
propio Navas Acosta, del Marqués de Mulhacén, Pérez de Hita, García Millán, o
el fragmento del discurso de Martín Alwacir..., hasta un total de doce.
O lo que es lo mismo, te dan a leer fragmentos de la
“Rebelión y castigo de los Moriscos”, “La Guerra de Granada”, “La Batalla de
Frigiliana”, “Guerras civiles en Granada”.
Frigiliana está en la ladera, a medio camino entre las
olas de nácar y la sierra. Es un abanico de flores y brisas; cal y amabilidad
de la gente; mucho cielo azul… Si como yo, aunque entres en la iglesia y
sentado en un banco buscas algo de fresco y, además, es mediodía de una tarde
de verano, pasarás calor, mucho calor. Hazme caso. Doy fe.
martes, 11 de agosto de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Y la Colegiata espera allí...
Real Colegiata de San Isidoro. León
Agosto, 11 martes
La
primera vez que fui a León andaba yo por los 21 o 22 años. Era Semana Santa y
nevaba copiosamente. Iba en compañía de un amigo. Un kilométrico de tren sacado
en calle Satrachan en las oficinas que entonces tenía RENFE en la calle
malagueña nos permitió viajar por España, y así nos vimos en León…
Visitas
de manual. Primero la catedral; luego, San Isidoro. San Marcos cerraba ciclo;
después, la Virgen Blanca y el río Bernesga y Ordoño II sobre su pedestal y su
dedo extendido que señalaba el camino.
Lo que es la Giralda a Sevilla o la Mezquita a Córdoba, la Alhambra a Granada es la Colegiata de San Isidoro a la ciudad de León, capital de ese relicario único y que, algunos dados a comparaciones, dicen que tiene entre sus muros la Capilla Sixtina del arte Románico…
Almanzor
de triste recuerdo en algunas cosas arrasó la Colegiata cuando casi finalizaba
el I milenio. Luego, el rey Fernando I (1037 – 1065) y su esposa doña Sancha,
la zamorana, comenzaron la reconstrucción. Posteriormente, trasladan los restos
de San Isidoro desde Sevilla y desde Ávila los de San Vicente… El camino ha
sido largo, larguísimo. Estos días andan con un andamiaje que anuncia
reparaciones. Después la Iglesia y así día a día.
La Colegiata es lugar de culto y oración. En un sarcófago preside el Altar Mayor. Dentro impera el recogimiento. Uno en ese andar con la cabeza llena de pájaros recuerda que ahí se dan todas las puntualizaciones que el azar puede propiciar. El santo más grande de Andalucía descansa allí; los de Fernando III, el Santo, el rey más grande del Reino de León, en la Catedral de Sevilla. La historia tiene cosas realmente sorprendentes.
He
vuelto a León en un caluroso mes de julio en toda España, (ya se sabe que el
verano en León dura de Santiago a Santa Ana). Se ha portado bien. Tardes
frescas facilitan recorrer la ciudad que, por cierto, como en casi todas, los
alcaldes obsesionados con la búsqueda de tesoros andan con media ciudad en
obras.
Me
voy a lo serio. Me extasío en el Panteón Real, cuna del románico hispano y
Capilla Sixtina de la decoración mural medieval. Recuerdo, también, aquella
tarde en Madrid, en la sala Cervantes, Sancta Santorum de la Biblioteca
Nacional, en la que tenía en mis manos la reproducción en facsímil de las
Etimologías de San Isidoro… Señor, gracias por darme tanto.
lunes, 10 de agosto de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Mariposas viajeras
Agosto,
10 lunes
Un
amigo me ha envidado una nota que publica el El País. “Las mariposas
mediterráneas se mudan al país vasco en busca del clima del pasado. Centenares
de especie han cambiado sus territorios, mientras que otras suben a las
montañas en un mundo que está transformando sus paisajes.” Cuando he leído esto de que se ‘mudan’ al
país vasco o se suben a las montañas… ¿Es temporal o para siempre? No sé.
Me
las andaba leyendo a Delibes, cuando me ha entrado el mensaje. Interrumpo la
lectura. El maestro contaba su experiencia de una subida a la Laguna Negra,
allá por los Picos de Urbión. Decía, al contemplar la masa boscosa, que la
repoblación forestal es una de las cosas realmente serias que se han hecho en
el país – en el diario que se edita en Madrid,
no; en el otro, en el de España limita al norte y esas cosas – en los últimos
seis lustros.
Describe
con su estilo, conciso, preciso: “La laguna, arriba a 2.000 metros, entre
dramáticos pinos retorcidos que nacen de las grietas rocosas, es verdaderamente
fascinante”. ¿Se puede decir más, en menos?
Contrasto
la información del periódico con el mensaje de Delibes. Alucino de entrada. Yo
tenía entendido que las mariposas son una parte, la final de la metamorfosis –
o sea, el cambio – que experimentan los insectos. Pasan por cuatro momentos en
su mundo de lepidóptero. A saber, huevo,
larva, crisálida y adulto. Y ya es una mariposa apta para volar.
¿Qué
camino habrán andado? Pobres mariposas, si van por el este, los pinares de la
Serranía de Cuenca, Albarracín, el Moncayo, Cebollera, Sierra de la Demanda o
los Picos de Urbión... con la calor que hace por esos pinares… ¿Y si leen a Delibes y se paran
en la Laguna Negra? ¡Qué sorpresa!
Espero
que no crucen las llanuras manchegas de mediodía para arriba. ¿Se acuerdan, por
un casual, de aquellas travesías de La Mancha en coches sin aire acondicionado
con las ventanillas abiertas? Los vehículos porque los “tiempos adelantan que
es una barbaridad” ya tienen refrigeración interior, aunque fuera esté el mismo
sol que achicharraba a don Quijote y a Sancho…
No sé
si las mariposas mediterráneas han optado en viajar por la noche. Ya no hay
trenes nocturnos con las ventanillas bajadas y por donde entraba el olor a
rastrojo cuando pasábamos por la campiña del Guadalquivir desde antes de llegar
Córdoba hasta ese muro que se llamaba Sierra Morena… Disculpen la ironía. Es
verano. Hace calor y a veces uno… pues eso.
domingo, 9 de agosto de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Se ha ido la feria. ¡Viva la feria!
1948. La
última feria que vivió mi padre…
SE HA IDO LA FERIA. ¡VIVA LA FERIA!
Agosto, 9 domingo
Se ha ido la feria. Se ha ido como se van las cosas soñadas,
demasiado pronto para la gente menuda; con otro ritmo para los bolsillos. Cuando
yo era niño la feria importante era la Feria Real, a principios de agosto.
Había otra, en septiembre: 20, 21 y 22. El último día, la Romería. La Virgen de
Flores iba al convento; volvía por la tarde.
Se refundieron las dos. Del ocho al once. Y, después…
En la Feria Real, por la mañana, la de ganado; por la noche,
carricoches, tómbola, casetas de turrón, baile con una orquesta (a cualquier
cosa se le llamaba orquesta, claro), circo con leones; a veces, ni eso…
Los bares sacaban las mesas a calle. Cerveza caliente,
gaseosas de Inesita, media de vino, ‘cuartos’ de garrafón… La patulea se sienta
en la puerta del ‘Salamero’; ‘Gilena’, de camarero:
-
Qué va a ser…
-
Fanta, café con leche, gaseosa, coca cola, un vasito de
vino, yo… Una baraja de deseos.
Se
vuelve. No media, palabra, pide:
-
¡Pepe, ‘ten, pa tó’!
El muchacho, tímido. Estrenaba blusa de popelín blanca, con
botones de nácar y pantalón de alpaca que le había hecho Mariquita,‘la Costurera’. Poco dinero. Calle
arriba y calle abajo… Ella, avispada, en el centro, asidas de los brazos las
amigas. Formaban una trinchera inexpugnable…
-
Señorita, - cuando pudo, preguntó - ¿molesto?
-
Sí.
-
Po - armado de valor, exclamó – entonces, no me voy…
El paseo siguió. Se prolongaba. No había manera que la moza se colocase en uno de los extremos de aquella cuerda… Por no se sabe que conjuración de los astros la muchacha, por un momento, apareció allí. Era el lugar donde él podría hablarle, dirigirse a ella, decirle un balbuceo de palabras mal hilvanadas y adobadas con más nervios que hojillas tenía el taco del almanaque…
-
Niña, se atrevió a preguntar, ¿tú de dónde eres?
-
De Poca Agua, contestó, ¿y, tú?
-
De Poco Pan…
-
¡Qué buena carrera vamos a hacer nosotros!
Y la
feria seguía como la noria que daba vueltas y las cadenitas que, cuando la manivela se entusiasmaba, abría el cerco
más amplio y la voz del niño se ahogaba entre el griterío de la gente:
-
‘Hombre, para, para, que me da cosquillas en el pito…’
Y el
nombre de las cadenas no escuchaba.
Tampoco, el que empujaba las barquillas,
ni el de la ola que hacía sonar la
bocina y anunciaba el final del paseo y de la peseta - ¡qué poco duraba una
peseta! - y… quedaba ¡una menos! del presupuesto de la Feria.
Ahora, que
se ha ido la feria se incrementan los recuerdos. Por mor al miedo de los
incendios y a lo que viene después, el Ayuntamiento, se ha adelantado y ha suprimido
los fuegos artificiales. Este año, como todos, y mandan los cánones, toca un
helado de avellanas con churros y a deshojar el almanaque…
sábado, 8 de agosto de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Y, con ella llegó el embrujo
8 de agosto, sábado.
Apareció por la calle, como la que sabe que va a alguna parte, pero no va ninguna. Camina despacio. No tiene prisa. Mira. Habla con la amiga que la acompaña. La mujer de blanco, porque viste de un blanco impoluto, bellísimo, va en la noche de feria, calle arriba, como quien dice que no necesita argumento: el argumento es ella.
Se paran en uno de los puestos. La veo en la lejanía. Tiene el pelo suelto, negro d azabache. Me lo pienso: el encanto va con ella. Se alisa con las puntas de sus dedos su pelo largo y lacio. Se realza con el moreno de su cara. Es un moreno de sol de playa. Es ese moreno temporal que la mujer busca siempre para realzar la belleza. Lo consigue
Mas cerca me percato que la mujer de blanco tiene los ojos negros de chiquita piconera, y la gracia de una media de Morante. Parece como escapada de un verdial de Comares: “Viva Dios que nunca muere / y si muere resucita / viva la mujer que tiene delgada la cinturita”. Hechiza, atrae, irradia belleza, armonía. Si existe la perfección…
Avanzan la mujer que lleva consigo el hechizo y su amiga. Desoyen los reclamos que vienen de un mantero que vende bolsos de plástico de imitación. Se detienen otra vez. Ahora, curiosean unas gafas de sol. La mujer de blanco tiene los dedos finos, sutiles, delicados. Se prueba las gafas. Las vuelve a dejar sobre la mesa del puesto. Con esos ojos no necesita gafas de sol la mujer de blanco que habla con el hombre del tenderete. ¡Suerte que tiene el hombre que vende gafas!
Mujer
de amor platónico y fugaz como un suspiro. Se aleja, poco a poco. Se pierden - la
amiga y ella - entre el gentío y la bulla de la feria. Con la mirada la busco
en un bosque de cabezas. Pienso en los
versos de Romero Murube “por la calle
honda, un hombre en silencio…
viernes, 7 de agosto de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Noche de feria
Agosto
7, viernes.
Hay
trasiego de gente. Va y viene. Es la primera noche de feria. Me apoyo en la
barandilla del balcón. Miro y veo. Me acuerdo de los versos del maestro
Alcántara. “La vida es una historia de allá abajo pero aquí no llega la
marea”.
Antes,
cuando yo era más joven, los niños, algunos niños, claro, llevaban un globo.
- Papá, papá, cómprame un globo…
- Con una condición.
-
No, no, con una guita…
A
veces, un movimiento extraño hacía que el “muchacho” soltase la cuerda y por
aquello del peso del aire, aunque él aún no conocía las leches de la física, el
globo subía y subía hasta perderse en la oscuridad del cielo que en las noches
de feria las luces del alumbrado arbitrario e igualitario porque iba de pueblo
en pueblo, apagaba las estrellas. Después, la tragedia estaba servida. Ya no
había más globos…
Ahora
los tiempos han cambiado. Frente a mi balcón una familia ha puesto dos mesas
largas, como serán sus días, en espera de que en la bulla de la noche… No los
he visto estrenarse. Los peluches (conejitos, gatitos, perritos…) permanecen
quietos, inmóviles. Esperan una mano que los alcance, unos ojos que los
escudriñen. Alguien que se interese por ellos y dejen de ser mercancía de feria
y pasen a ilusión.
Contiguo
a las mesas plegables un muchacho espigado tiene extendidas sobre el suelo un
abanico de camisetas de equipos de deportes de todo el mundo. Es en un decir.
Del mundo que yo conozco, se entiende. La gente, pasa, miran, no se detienen.
De pronto se han parado dos chicas jóvenes. Le han pedido algo. El chaval de
pelo ensortijado revuelve la mercancía. Busca lo que le han pedido. Encuentra
un paquete. Lo abre le despliega una camiseta roja con raya verticales negras…
Un
poco más arriba una caseta con una guirnalda de bombillas, a lo largo, vende
pizzas. Hay una cola delante de la caseta. Esperan que les entreguen el
servicio solicitado. Por el movimiento que tiene la cola, la espera no deber
ser larga… Unos se acercan, otros, se marchan con una caja cuadrada. Hay
quienes degustan, allí mismo la mercancía.
Un
bar, calle abajo, ha colocado, un mostrador metálico rectangular. Sirve en el
mostrador a la gente que permanece de pie. Se apalanca, toma algo y se va.
Desde
el balcón he observado un rato. No ha pasado ninguna mujer con una biznaga, con
una moña en el pelo y los jazmines porque es agosto, están en flor…; con un
clavel en el canalillo. Eso, muchas llevan tatuajes en los brazos en las
piernas… ¡Qué mal gusto! No, sé. Han cambiado los
cánones de belleza. Quizá yo ya estoy aparcado en la vía muerta.
jueves, 6 de agosto de 2026
Por los caminos del Alto Pisuerga
Agosto, 6 jueves
Arrancamos temprano desde Aguilar de Campoo. Era camino de ida y vuelta. Habría que volver, al caer la tarde, al campamento base. Tomamos una carretera de excelente piso, bien señalizada y el paisaje algo más que bello. Comunica Palencia con la Liébana por el Puerto de Piedrasluengas. Era el remonte por la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica. Allí se le llama Montaña Palentina. Era una mañana de luz en la mediación del verano.
Cervera de Pisuerga está a la orilla del río. Tiene un románico excelente y una calle larga con soportales que lleva a la Plaza Mayor. Hay mercadillo semanal. Tienen de todo y, además, por el bullicio que había por la calle, también a casi toda la gente de la comarca.
Desde el Puerto de Piedraluengas. Al fondo los Picos de Europa
Casi a la salida, asciende la carretera. Atraviesa un bosquejo de cedros, y vegetación tan densa que lo presenta como algo impenetrable y enigmático. Cuando se corona el paisaje presenta prados recién segados, ganado pastando y yerba preparada para tenerla a mano cuando llegue la crudeza del invierno, las borrascas cargadas de lluvia, el frío riguroso y el aullido del lobo en la lejanía. Entonces las cumbres ya estarán blancas. Entre curvas y caracoleo con el río se llega al Puerto de Pidrasluengas
Vañes. Embalse de La Requejada
La
presa de La Requejada y el pantano de Aguilar remansan sus aguas en el curso
alto del río. Muchos kilómetros abajo, se entregará con la sumisión del
derrotado, porque él lleva más aguas, al Duero. Antes, habrá engullido al
Arlanza y al Carrión y a otros ríos más pequeños y habrá pasado por pueblos a
los que les da apellido o por ciudades presentes en la Historia de España:
Valladolid, Tordesillas, Simancas, Dueñas…
Peña Tremaya
Arriba
de Tremaya está el nacimiento del río. Dicen que lo hace en la Cueva del Cobre.
Parece que no, que es más arriba, entre Peña Labra y la Sierra de Híjar, no lejos del Pico Tres Mares y tras un trecho subterráneo aflora por la oquedad de
la roca.
San Salvador de Cantamuda
Lugar de leyendas medievales. Tierra de osos y lobos. No te digo que escuches el ulular del viento en noches de ventiscas porque yo tampoco lo he hecho; cuando cae la tarde, sí te digo que refresca aunque sea verano. Viene bien algo de abrigo. Cumbres de difícil ascenso, pueblos donde la vida fue, es y tiene pinta de seguir siéndolo, dura. Eso ha conllevado despoblación. La gente se ha ido. Carecen de servicios básicos; luchan con la agrupación forzosa, pero siguen apegados a la tierra cada vez con más años sus pobladores y con más sacrificios para vivir el día a día.
Río Pisuerga por Aguilar de Campoo
Al paso por Aguilar de Campoo han represado el río. Un brazo artificial bordea el
pueblo; el otro, sigue su curso. Se reencuentran un poco más adelante. Las
campanas de San Miguel dan cada hora. En el silencio de la madrugada suenan
de una manera especial…
San Miguel.
Aguilar de Campoo