martes, 3 de febrero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El catalán

 

        


 

Febrero, 3 martes


El tren partía de Málaga, de la estación que todavía no se llamaba María Zambrano, en el corazón de El Perchel, al caer la tarde, entre dos luces, Las manillas del reloj superaban las 5,30. En los meses de invierno, la luz ya estaba empobrecida.

Cuando llegaba a El Chorro ya era casi de noche. Los túneles, en las tinieblas, perdían el encanto que tenían con la plena luz de día. En Bobadilla – la primera parada – ya estaban las luces encendidas. Era de noche.

Como era de noche la llegada a Córdoba. Allí, le unían el otro trozo de tren que venía de Sevilla. Obviamente, se llamaba el “Sevillano”. Maletas de cartón, cestos, canastos granes cosidos para que nadie pudiese meter mano en la mercancía. Sueños por dentro; y el otro, el que hace que se cierren los ojos por el cansancio…

Con la noche cerrada, en los meses de verano, se veían las estrellas en el firmamento; por las ventanillas entraba el olor a rastrojo, a mies recién segada; a campo… El tren caracoleaba por Montoro, por el Carpio, por Villa de Río, por Marmolejo, por Andújar… con el Guadalquivir. Luego, venía la oscuridad más intensa. Despeñaperros y La Mancha.

En Alcázar de San Juan, tomaba dirección a Levante. Indefectiblemente, subían varios hombres. Voceaban por el pasillo y despertaba a la gente rendida por el cansancio…

- “Tortas de Alcázar, tortas de Alcázar…”

Al amanecer, el tren estaba en Albacete. Ya era de día. La llanura, inmensa. Si era invierno, helada y algunas veces cubierta de nieve. Ofrecían café en botellines de cerveza. Un hombre con una caja colgada al cuello que pendía de una correa larga, pregonaba:

- “Navajas de Albacete, navajas de Albacete...”

El tren reanudaba la marcha. En la la Higuera desenganchan unos vagones. Iban para Alicante; el grueso, para Valencia. Cambiaba el paisaje. Ahora, extensiones bellísimas de naranjos. La estación una preciosidad. Al igual que en Alcázar, ponían la máquina tractora en cola. Otra vez, en sentido contrario.

Por Castellón la cercanía de la costa dejaba ver el mar. En Tarragona casi se podía tocar con la mano. Era, por supuesto una ilusión. La vegetación, desde la ventanilla: pinos, algarrobos, almendros, olivos raquíticos, y bosque bajo mediterráneo. Era otro paisaje. Se antojaba más verde y oloroso.

La gran ciudad se abría mucho antes de llegar. El humo salía de las fábricas, grandes construcciones, naves de diferentes tamaños… Era otro paisaje. Después, el tren aminoraba la marcha. Surgían vías a ambos lados. La estación de Francia parecía inmensa. Veintitrés horas de viaje y  el tren echa el freno; por los conductos de la maquina salían chorros de humo blanco, o sea vapor… Unos, tenían más cerca sus sueños; otros, seguíamos camino…

 

lunes, 2 de febrero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra hoja de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Andalucía vista por españoles del siglo XIX

 

Campiña de Andalucía

 

          ANDALUCÍA VISTA POR LOS ESPAÑOLES DEL SIGLO XIX

 

Febrero, 2 lunes


Los viajeros románticos buscaban en la Andalucía del siglo XIX bandoleros, artistas, toreros, gente de guitarra y castañuelas. Los nuestros, no. Relataron lo que ellos conocían. Contaron una realidad que palpaban. A veces, de las ventanillas del tren que era la novedad, o en la diligencia que consumía horas bajo el sol y cruzaba campos solitarios.

Olivares de la Peña (1878) dice:

“La vegetación, pobre y desmedrada sobre las alturas pedregosas, se hace cada vez más bella y potente, rica en trigo, viñas y olivares, gracias al Guadalquivir que pronto se descubre en el campo que fertiliza. Lo atravesamos en Menjibar, sobre un puente de hierro”.


Curso medio del Río Guadalquivir


Cecilia Böhl de Fäber (1856) establece, un canon de lo que debe ser el paisaje desde su punto de vista. Ofrece una visión negativa de los paisajes cotidianos del campo andaluz. No dice el nombre, pero deja al pobre pueblo para el arrastre:

“Para hacer de este pueblo, que tiene fama de ser muy feo, un lugar pintoresco y vistoso (…). En él no se ven ni ríos, ni lagos, ni umbrosos árboles; tampoco casitas campestres con verdes celosías, merenderos cubiertos de enredaderas, ni pavos reales y gallinas de Guinea picoteando el verde césped”.

Alpujarra granadina

El granadino, Pedro Antonio de Alarcón (1873) describe ambientes y paisajes con precisión y detalle. Su obra histórico-literaria: La Alpujarra es una fiel interpretación de uno de los paisajes agrarios señeros de Andalucía:

“Lanjarón es un sueño de poetas (…). Lo que yo puedo asegurar que en Marzo, cuando lo vimos nosotros, parecía un verdadero paraíso; pues, en la base del cerro, todo era ya verdor, y hasta fruto; en su cumbre, abundaban aquellos árboles que no pierden sus hojas en el invierno; y, en la parte intermedia, los almendros, los guindos, los cerezos, los perales y los duraznos, si no tenían hojas, tenían algo mejor: tenían flores (…)

 

Cabra

Se canta el campo que se vive, que se conoce o que se ve al pasar. Juan Valera (1895), egabrense, viajero por el mundo. Embajador de España en Portugal, Bélgica y Alemania. Hombre muy enamoradizo vertía su propia vida en los paisajes ¿o era al revés y los paisajes lo configuraron a él? en Pepita Jiménez, su obra más universal cuenta:

“Hermoso sitio, de lo más ameno y pintoresco que puede imaginarse. El riachuelo que riega casi todas estas huertas, sangrado por mil acequias, pasa al lado de la que visitamos: se forma allí una presa, y cuando se suelta el agua sobrante del riego, cae en un hondo barranco poblado en ambas márgenes de álamos blancos y negros, mimbrones, adelfas floridas y otros árboles frondosos”.

                                  Aprovechamiento del agua. Cuevas del Becerro (Málaga)

 

domingo, 1 de febrero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Cuatro pilares

 




Febrero, 1 domingo.

 

Dicen que el pilar es lo que hace que suba el edificio; la cimentación lo sostiene; las paredes lo resguardan y la techumbre lo protege de los aguaceros, de las nevadas – donde cae nieve, claro – y de los soles.

La novela española tiene cuatro pilares: Cervantes, Galdós, Baroja y Delibes. Esto no deja de ser una mera opinión subjetiva pero que a uno le cuadra en sobremanera sobre su manera de ver esta tierra que lo vio nacer y que se llama España.

Cervantes, en su obra cumbre, el Quijote, - del que se habla mucho y se ha leído íntegro por muy pocos - entra con pie propio en la Historia de la Literatura Universal. El loco hidalgo se echa al mundo a “desfacer entuertos”. O sea, quiere arreglar el mundo. En su locura no concibe que el mundo no tenga arreglo; Sancho, es el pueblo. Sancho ve molinos – que es lo que eran – donde Don Quijote ve gigantes, que no eran. Sancho es la cordura de la realidad; don Quijote, el idealismo…



Don Benito vino de Las Palmas a Madrid. Fue más castizo que cualquier chulapo que habitaba en la Cava Baja, en Chamberí o Lavapiés. Galdós vio en sus páginas – él que murió ciego – como eran los españoles de otro tiempo; como defendieron y no se avergonzaron de su Patria y en los Episodios Nacionales dejó retazos del pueblo llano, el pueblo que vive en la corrala o en la calle y el otro que se pega al líder para defender lo que él entiende por sus raíces.



Don Pio Baroja vino de Vera de Bidasoa. Fue panadero y médico. Más de lo primero que de lo segundo, porque nunca ejerció la Medicina. Sus novelas son la acción pura, la literatura fluida y sutil que, como un hilo, lleva a los rincones donde uno no piensa que puede llegar un aventurero como por ejemplo Zalacaín… Decía, cuando era ya mayor, que a él lo no le gustaba ir de viaje a ningún sitio del que no pudiese volver a dormir a su casa… Obviamente era una ocurrencia de Baroja  pues él sí había andado muchos caminos.


                                     


Delibes es la esencia de Castilla. Es parte de esos pueblos sin gente, con el adobe de sus casas cerradas en el rigor del verano. Es la expresión más genuina del campo, de sus gentes, de sus paisajes. Nunca la pobreza de Antón el ratero – que cazaba ratas de agua para comer – era mas veraz que cuando decía: “las ratas son mías”, “la cueva es mía…”

Delibes ha sido el mejor andador de caminos para echar el vocabulario puro al zurrón. La lengua expresa lo que somos. Nunca ha pesado más una libre en el macuto que el día del encuentro con la pareja de la Guardia Civil…

sábado, 31 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Yoli

 

              Yoli Fernández “La Tinga”


Enero, 31 sábado.


Yoli es menuda como vara de mimbres, que se cimbrea con el viento o con la fuerza interior que aflora; pelo corto, a lo “garçon” de aquella moda que nos vinos de Francia y que supuso un cambio en la sociedad. Algunos la llamaron Revolución del 68. Yo no sé si Yoli había ya nacido, pero da igual. A elle le gusta ese peinado y lo ha hecho suyo.

Tiene una mirada profunda y franca. Mira y ve lo que quiere ver. Se pequeñez de estatura encierra – porque Yoli es bajita – aquello de que las grandes esencias van en vasos pequeños. Yo no sé quien acuñó ese dicho, pero acertó plenamente. A los hechos me remito.

Yoli "la Tinga", (su nombre real es Yolanda Fernández, cuyo nombre real es le pega al cante. Al cante flamenco. En Álora, eso no es novedad que aparezca gente excepcional cuando menos se espera y a veces, como el arpa de Bécquer solo espera el momento y la mano que le arranque las notas de su alma.

Tiene voz, personalidad y ese sello propio que solo tienen los que encierran el arte dentro y lo sacan, a cuenta gotas, cuando ellos quieren y donde quieren. (¿Verdad, maestro Benito Moreno que tú de esto también sabes algo?).

El estilo de Yoli es diferente. No se parece a nadie. Bueno, eso no es cierto, se parece a Yoli, o sea a ella misma. Se arranque por el palo que quiera: bulerías, tangos, o si se va por esa otra vía que algunos ‘sabelotodo’ se permiten despreciar porque la consideran menor, tiene personalidad y eso, ya se sabe no se vende en la botica. O se tiene o no se tiene.

 Yoli, lo bordaste. Chiquita de cuerpo, pero con un arte muy grande dentro. Cuando una artista crea, y tú creaste con los  'fandangos de Álora' entra con pie propio donde solo entra los privilegiados.

Anoche en el tetro Tomás Salas de Álora, la Hermandad de la Virgen de Flores bajo la batuta de su hermana mayor, Mari Lina Cruzado, llevó a cabo la II Gala Musical con objeto de recaudar fondos.

A teatro llenó brilló mucha gente con luz propia. Es imposible reseñarlo todo. Fueron más de dos horas de actuaciones. “Hombre de época decimonónica” Pepe Díaz; María José Ramos y Lourdes Rodríguez, la chsipa en la presentación. Conchi Gallego, organizó la velada. Yo me quedo en la forma de tocar las castañuelas de esta mujer… Hubo momentos en que me recordaba a Lucero Tena (y esas son palabras mayores)… Y todos, todos los demás… Enhorabuena.

viernes, 30 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Jesús

 

         

              Fuente de los Chorros. Cuacos de Yuste.


Enero, 30 viernes


Anoche, a esa hora en que las estrellas más tempraneras van de recogida porque ya le piden paso las que anuncian que viene el alba me las andaba yo – noctámbulo empedernido – embebido en Paisajes de la Historia de España de Fernando García de Cortázar. Echo un vistazo al teléfono móvil y me entero: la Corporación Municipal de Álora, por unanimidad, concede ser Hijos a adoptivos a Javier Ojeda y a Jesús Mora…

De momento, pienso, las letras de mañana para Jesús… Claro, querido Jesús, del pensamiento al hecho, va el trecho.

Si yo supiera escribir, querido Jesús te diría, que escribir de ti es tan peligroso como tirase en Ala Delta sin los cordelillos para poder direccionarla desde la altura; como cruzar el Atlántico en una traíña; como bajar el Amazonas en una tabla.

Si yo supiera escribir te diría que me ensañaste La Vera, de Pasarón a Candeleda palmo a palmo; de la Sierra de Tormantos a Guijo de San Bárbara; desde la paz de Yuste a degustar el helado artesano debajo del castaño de Indias una noche de verano…

Si yo supiera escribir te diría que me has hecho disfrutar como solo se goza cuando uno llega a una tierra a la que has enseñado a que se quiera y, mientras bajo desde el Puerto de Mirabete a Navalmoral de la Mata veo, al fondo Gredos, el ente totémico que llama, y cruzo el Campo de Arañuelo y paso sobre el Tiétar y, entre en la frondosidad verde, comienzan a salpicarse los robles a medida que me acerco…

Si yo supiera escribir te recordaría aquella tarde en que te empeñaste en que había que bañarse y yo que no y tú que sí, y al llegar a Arenas, la tormenta dijo que el baño para otro día. Le pediste la ropa a Mari Carmen y te contestó que no la traía en el bolso y que eso era cosa tuya y, ella y yo, nos fuimos a buscar casetes de música folk y a la vuelta, aquello que había dentro del coche – no te pudiste ir en bañador – era un león enjaulado…

Si yo supiera escribir te diría que en el recorte corto eres más bueno que Larrubia; tienes el aguante de Dani Lorenzo y la obsesión de Chupe; eres tan sorprendente e inesperado como un tal Pepe Morales que te llevó a donde dicen que, entre zarzales junto a un casarón viejo, nace el Tiétar…

Si yo supiera escribir, querido Jesús – o sea, querido paisano - te diría que eres aunque lo no parezca la agudeza de nuestro Fernando... “Ya, ves, te dijo aquella noche, (habíamos salido de Ávila y por Tornavacas y el Piornal, llegamos casi de madrugada) ya estoy en La Meca”; tienes la inteligencia de Paco Pérez Parras; la lozanía del agua que salta, entre piedras de granito, por las gargantas en el deshielo de Gredos…

Si yo ¡supiera escribir…! Te diría, te diría, pero ya ves, este espacio no aguanta cuarenta años de vida… Gracias, hermano.

jueves, 29 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Sevilla vista por los viajeros románticos

 

               Palacio de San Telmo, río Guadalquivir. Siglo XIX. Sevilla


Enero, 29 jueves


Sevilla, tiene un cartel que casi la identifica con el infierno en verano; y fría en invierno. Pues bien, ayer, la TV, la mostraba, además, como una ciudad de viento huracanado que arrancaba árboles y la hacía inhabitable.

Esta ciudad que no es nada de eso. aunque a veces, casi se empeñe en llevar la contraria tiene un pasado para soñarlo.

Un colectivo de intelectuales, los viajeros románticos, que llevados por el su afán de aventura y conocimiento recorrieron Andalucía dijeron otra cosa. Su afán de saber más, de conocerla de primera mano, de experimentar sensaciones que solo se pueden tener si se duerme bajo sus estrellas o se recorren sus caminos nos dijeron otras cosas.

Hablaron de sus costumbres, de su vida, de la leyenda de bandoleros, toreros y artistas a los que ellos quieren llegar y tratarlos personalmente. Casi todos pasan por Sevilla, Córdoba, Málaga, Granada (Washington Irvin se mimetiza con la Alhambra donde llega a vivir) y hacen un desvío, si es necesario, para pisar Ronda.

Ronda, para los viajeros románticos, es un lugar insólito y, desplazarse hasta ella constituía una experiencia que les servía para descubrir algunos elementos propios de la cultura del Sur que había traspasado las fronteras y había desaparecido en sus países. Vienen en su búsqueda.

Pero, sobre todas, las ciudades, se impone Sevilla. Laborde encuentra una ciudad de 35.000 habitantes, rodeada de una gran llanura, sin piedras y con excelentes producciones como la de aceitunas que son grandes como huevos de paloma (…) que dan menos aceite y de inferior calidad, pero son las mejores cuando están aliñadas.

Ciudad de gustos refinados, posee una de las tres Maestranzas de Andalucía cuyo fin principal parece ser conservar el carácter del antiguo espíritu de caballería y cuyo verdadero motivo es una mezcla de orgullo y amor por placer. 

Ford, que vivió tres años en ella, dice que hasta Sevilla llegan los vapores por el Guadalquivir. La valora como ciudad que puede satisfacer a los jubilados durante el invierno.

Mas exhaustiva es la descripción de Gautier, definiéndola como extensa, difusa, completamente moderna, alegre, riente, animada… tiene toda la impetuosidad y el murmullo de la vida: un loco rumor se cierne sobre ella a toda hora del día, apenas se toma tiempo para echar la siesta.

Redes de calles, - prosigue – donde el ojo percibe el añil del cielo y el blanco del yeso.

 Davillier habla de sus patios con limoneros, plantas trepadoras y damas de noche que embriagan con su aroma.

William Jacob, narra las costumbres y describe el funcionamiento administrativo. El Arzobispo, dice, dedica su atención solamente a los intereses de su grey.

miércoles, 28 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Naranjada y aguardiente

 

                            O Cebreiro (Lugo)

 

Enero, 28 miércoles


España tirita de frío y sobrecogida (por no escribir esa otra palabra que todos estamos pensando) por el viento. Fuentes y caños congelados, costras de hielo, escarchas mañaneras que duran hasta el mediodía.  Carámbanos y témpanos en los aleros. Ventiscas en las cumbres y nieve, mucha nieve en los valles. El viento arranca árboles de las calles…  Dicen que está aquí el invierno, el de verdad. El que tenía que venir, porque viene cada año, antes o después, pero fiel a la cita de siempre.

La televisión muestra imágenes de una España siberiana por el norte. No es exageración. Todo está gélido: el nacimiento del río Cuervo o del Jiloca en Cella; Guadalajara o la sierra de Albarracín; los Ancares y Pidrafita, los páramos sorianos, tan secos y desérticos este verano. El Guadalquivir a punto de desbordarse por Sevilla a la que también le pega fuerte el viento… El puente romano de San Rafael, en Córdoba, la deja pasar bajos sus arcos. ¡Hay que descubrirse ante la obra pública de los romanos! Todo, todo bajo un manto de frío, viento y agua.

En Castilfrío de la Sierra se las andan bajo cero, y nevando; por Oncala casi igual, pero con más nieve y en San Pedro Manrique. ¿Cómo se las apañarán, por la madrugada, esos pueblos vacíos en la España donde no vive casi nadie? ‘Sólo’ saltan a la noticia cuando el termómetro es el protagonista.

En las noches, como ésta, el viento helado trae el tañido de las campanas de la iglesia. Suenan lejos. Perdidas en un crujir de ventanas. Silba y ulula por espacios de ahí afuera. “Pobre cujá que no haya pillado un terrón esta noche”. (Y, ¿los que no tienen techo?, también son personas)

Cuando niño oía al autillo en los pinos de enfrente (después supe que a lo que yo llamaba pinos, eran casuarinas) que lanzaba su sonido monocorde y agudo. Sentía miedo. Me refugiaba debajo de la tapa; después, me rendía el sueño. Porque, entonces, no lo sabía, ahora sí, que mañana sería otro día. Ese, que ven tan lejos los que no tienen por donde echarse.

De grande el refugio - uno es egoísta - lo busco en los versos de aquel cordobés ilustre, de mala uva y culterano, don Luis de Góngora y Argote: “Traten otros del gobierno de mundo y sus monarquías / mientras gobiernan mis días / mantequilla y pan tierno / y en las mañanas de invierno / naranjada y aguardiente / y ande yo caliente / y ríase la gente”. Es lo que cuadra para hoy.  Pues eso.

 

martes, 27 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 








Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Laínez y Doroteo Hernández, de la pequeñez a la Historia

 

               Matute de Almazán. (Soria)


Enero, 27 martes


Matute de Almazán se asienta, en la provincia de Soria, en una llanura rodeada de pinares y tierra de cereales; por uno de los extremos de su término corre el río Duero con vegetación de ribera en sus orillas; es una tierra fría, muy fría y tiene 32 habitantes…

En Matute de Matamala como se conocía en el Antiguo Régimen, nacieron Diego Laínez en el siglo XVI, segundo Prepósito de la Compañía de Jesús, después de San Ignacio del quien era íntimo amigo y Doroteo Hernández Vera, un hombre de Dios a quien la vida, al nacer no le regaló nada.

Diego Láinez Gómez de León era de origen judío.  Nació en 1512. Estudio en Alcalá de Henares y París donde se doctoró en Teología. Su prestigio alcanzó cotas muy elevadas y el Papa lo nombró ponente y su representante en el Concilio de Trento. Escribió una obra donde narró parte de la doctrina conciliar y entresijos de lo que luego se llamó la Contrarreforma en oposición a lo divulgado por lo Lutero y los protestantes y una biografía de San Ignacio.  

Con San Ignacio de Loyola coincidió en París. A su muerte fue nombrado el Primer Prepósito General de la compañía de Jesús que, aunque en los primeros tiempos se pensó que eran nombramientos a perpetuidad no fue así y se hicieron con duración de tres años. Tuvo que enfrentarse, por su origen judío, con muchas critica de los miembros de su propia Compañía. Murió en Roma, e 1565, cuando solo contaba 53 años.

Doroteo Hernández Vera nació a principios del siglo XX. Fue el fundador de la Cruzada Evangélica. Su familia era indigente pero rica en valores humanos y cristianos. Con catorce años entró como sirviente (fámulo) en el Seminario de Sigüenza. En 1926 fue ordenado sacerdote.

 Durante la Guerra Civil, en la clandestinidad, hasta 1937 en que fue detenido celebró misas y atendió a los necesitados. En la cárcel vio que la formación evangélica de las personas que convivieron con él era mínima y se dedicó a dar a conocer el Evangelio y el conocimiento de Dios. En 2001 la diócesis de Alcalá empezó los trámites y el Papa Francisco reconoció su ejemplaridad y abrió el proceso para elevarlo a los altares.

Hoy son dos ejemplos de españoles ilustres. Desconocidos en muchos ámbitos; uno lejano en el tiempo; otro, más cercano pero ambos personajes ilustres nacidos en un pequeño pueblo de lo que hoy se conoce como España vaciada…



lunes, 26 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las higueras de las pagodas, en Málaga

 


        


Enero, 26  lunes

 

Dicen que el año 325 a. C. los ejércitos de Alejandro Magno empeñados en la conquista de Asia llegaron a orillas del río Indo. Tuvieron que acampar una noche. Lo hicieron bajo un árbol gigantesco. Su copa les dijo cobijo a más de seis mil jinetes y a sus caballos.

¿Qué árbol era aquel de tan enorme copa que podía acoger a aquella multitud? Coinciden y dicen que era un árbol de los conocidos como Ficus y dentro de ellos de la variedad conocida como bayanos o también árbol de los comerciantes porque a sus sombras se hacían transacciones mercantiles. Su copa podría tener más de noventa metros lo que no deja de ser una autentica exageración.

En Málaga, en lo que queda de los Jardines de la Aurora, obra de Carlos Larios, I marqués de Guadiaro – ahora, Jardines de Picasso, por el monumento al pintor, de Berrocal – hay unos ficus gigantescos. Se conocen también como ‘higueras de las pagodas’ (Los budistas hacían sus templos junto a estos arboles). No son la variedad de lo bayanos ni están a orillas de un río caudaloso. Por una ‘de sus orillas’ va la Avenida de Andalucía (Por cierto, ¿saben que en Málaga hay dos vías con idéntico nombre? Sí, ésta y otra, simplemente Andalucía que paralela a calle Rafael y une Eugenio Gross y la plaza Bailen, en el sector entre el Hospital Civil y calle Pelayo). A lo que iba, por el otro lado, la Avenida de la Aurora. De ahí su nombre primero que evocaba la antigua fábrica de tejidos.

Estos ficus son centenarios. Sus copas, gigantescas. Se entrelazan sus ramas y sus sombrase en verano no dejan que pase ni un solo rayo de sol, de ese que, en Málaga, cuando pega, pega de lo lindo.

Hay un grupo de ficus, menor, que compite con ellos. Están en la puerta del Hospital Civil, donde arranca o termina según se mire la Avenida del Doctor Gálvez Ginachero. No llegan a la magnitud de los de la Aurora, aunque son ejemplares de consideración y superiores a los que hay junto al colegio de San José de la Montaña, en la misma avenida, ante de llegar al Puente de Armiñan.

Existía un ejemplar único, extraordinario. Era de la variedad de Ficus lirata. Estaba en la entrada del parque, frente al monumento al comandante Benítez, pero desgraciadamente feneció con la remodelación de la plaza. Son también notables, los Ficus benjamina de la Alameda Principal y el que hay, pasado el Parque de San Antonio, antes de llegar a los Baños del Carmen, en el Morlaco, frente al mar….

 

 


 

 

domingo, 25 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Sevilla, cuna de la Escultura Barroca

 



                                                        Inmaculada. Alonso Cano (1601-1667)


            Enero, 25 domingo


Hay quien dice que la Escultura Barroca vino de Italia. Su creador, Bernini. Algunos críticos de Arte, sitúan el nacimiento de la nuestra, la española, en Sevilla, (también brillaron con luz propia: Valladolid y Granada) por aquel entonces, emporio económico con el comercio de América.

Dicen, que a diferencia de lo que se entiende de manera generalizada como una escultura llena de contorsiones en sus figuras, la nuestra, la que sacan a flote los escultores del siglo XVII se mueve “dentro de la sencillez expresiva y de una contención de las formas”. Lo heredan, agregan, de la última escultura del Renacimiento español.

Cuando avanza el siglo, y sobre todo en su segunda mitad aparecen las huellas  de una expresividad  y dinamismo que la eleva a la cumbre de lo sublime. Es la entrega absoluta al espíritu de la Contrarreforma donde se impone la espiritualidad e impera la belleza serena.

La iglesia católica (catedrales, iglesias, parroquias, conventos,  oratorios…) son los principales clientes. Piden obras para llenar sus lugares de oración. Imágenes que transporten al fiel que se postra ante ellas hacia un mundo idealizado y espiritual. Alguien lo expresó de manera muy rudimentario: “del suelo, al cielo”.

En Francia o Italia se utiliza el mármol. En España, la madera. La madera policromada le da, además un aspecto más natural. Humaniza a las imágenes y si, como en algunos casos, se estofa o se apoya en la combinación de colores, entonces, se alcanza algo muy cercano a la perfección emocional.

La policromía, los escorzos, los ojos de cristal, la viveza extraída de lo cotidiano es tan real, que la imagen que aparece sobre un trono o en un altar entre cirios en la penumbra de un templo, es algo nuestro, tan nuestro que se le pone incluso la identidad de un vecino al que se conoce. Piensen, por ejemplo, en el gitano que en su agonía da vida al Cachorro de Triana…

Se les van a recoger, en la iconografía, a los nuevos santos canonizados. Santa Teresa, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, San Juan de Dios… Aparecen las cofradías con manifestaciones religiosas en las calles y en los templos.

En Sevilla, trabajan, entre otros, que casi forman multitud, Ocampo, Ruiz Gijón, el alcalaíno, Juan Martínez Montañez o el granadino Alonso Cano, Pedro Roldán, su hija ‘la Roldana’… Su número y calidad artística es tan excelsa que solo uno de ellos llenaría muchas páginas de la Historia del Arte. Un tiempo en la que España, y este caso, Sevilla, dijo mucho y muy bueno; un tiempo donde la escultura subió a cotas de ensueño…

sábado, 24 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Un enviado de Dios humano

 

 


                              

Enero, 24 sábado.

 

Llegó en septiembre. No para.  Está al frente de la Diócesis de Málaga-Melilla (como él siempre deja claro) y se prodiga por todos sitios. El nuevo Obispo, José Antonio Satué Huerto es de Huesca, y viene de Teruel-Albarracín. De allí también llegó uno de los grandes Obispos que han dejado huella en Málaga, Molina Larios.

Tienen en común algunas cosas: aragoneses, de Camañas en el altiplano de Teruel, Molina Larios; él, de Sesa, al pie del Pirineo. Los dos, pueblos pequeños. No llegaban, ni entonces, ni ahora, a los doscientos habitantes. Málaga y Melilla superan los seiscientos mil.

Es un hombre muy humano (parece un perogrullo; no lo es). En su toma de posesión, al concluir la ceremonia, dijo: Esta tarde juegan el Huesca y el Málaga, no soy un hombre de fútbol, pero que Dios reparta suerte (Dios le dio la suerte a ellos en el último minuto, Dios tiene cosas así).

Le falta día, su agenda, muy está muy cargada.  Se ha planteado conocer todas las parroquias por pequeñas que sean; a casi todos los colectivos a los que puede llegar y a aquellos segmentos de la sociedad malagueña que tienen algo que decir. Está en ello. Conduce su propio coche…

Cada día tiene presencia en las redes sociales con mensajes. Hombre de este tiempo. Hace poco despachó con el Papa (él era el encargado de la parroquia de Gaza cuando estaba en el Vaticano, siguió después y continua ahora). El Papa le habló de Málaga. La conoce bien. ¿Premonición de un Auxiliar? Le toca gobernar un territorio pequeño pero heterogéneo: no tienen nada que ver entre sí, la Costa del Sol, la Serranía de Ronda, la comarca de Antequera, la Axarquía o la propia capital con su Valle del Guadalhorce.

Ha lanzado desde el primer momento mensajes que no tienen ninguna duda: los necesitados, los emigrantes, los sin papeles, los que vienen en pateras, los centros de acogida.. O sea, los pobres de Dios. Ha puesto Caritas al servicio de los damnificados en la última inundación del Guadalhorce. Envía mensajes continuos a las cofradías...

Por Málaga han pasado obispos hoy en los altares: San Patricio, San Manuel González, el Beato Marcelo Spinola; otros, dejaron huellas sociales. El ya citado Molina Larios; Herrera Oria o Fray Alonso de Santo Tomás… ¿Estará de tránsito como otros? Por lo pronto el sello humano ya está…

Ahora, a raíz del accidente de Adamuz, ya ha programado un funeral… Este hombre siente el dolor de los demás. Este hombre es un enviado de Dios. En Málaga hemos tenido, una vez más, mucha suerte.


 

viernes, 23 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Andalucía nuestra

 

                            


                Mezquita-Catedral. Córdoba


Enero, 23 viernes

 

A veces o se recurre al tópico o a la tragedia. O piensan en guitarras y juergas bajo las parras – lo que es más falso que un duro de plata –, o en una tierra donde la “muerte es gloria, cuando la fiesta es brava” Pienso, por ejemplo, en Paquirri, la tarde de Pozo Blanco o Manolete en Linares.

(Hay otra tragedia. Está cercana, también en esa Sierra Morena, entre encinas y coscojas, retamas y brezos. Tierra quebrada por donde pasa el tren tan de prisa como pasan los silbidos del viento, pero de esa, ya, no, hoy no. Ahora, vamos a terciar un poco la hoja).

Esta Andalucía nuestra, de Tartesos y un tesoro en el Carambolo; de los hombres de El Alquiar; de ríos, uno grande, tan grande que lo lleva en el nombre, y de otros con estiajes tremendos en los meses mayores; de cielos de estrellas y dos mares en sus orillas… Está tan hecha a que le pidamos que, de vez en cuando, se deja caer como quien no quiere la cosa y va y dice: “Ahí queda eso”

Y aparece un Juan Ramón, en Huelva; y un Falla, en Cádiz; de Málaga sale un niño que se fue pronto y que ahora… Ahora, ya saben aquello de Málaga: “Madre para todos…”; de Granada, Federico; de Almería Salmerón, que dimitió para no firmar una pena de muerte; de Jaén vino Andrés de Vandelvira y dijo que la piedra se tornaba de oro viejo con la luz de la tarde; Córdoba nos dio… ¿Dios mío, con quién me quedo? Alhaken II… Cuando no existía la imprenta, su biblioteca tenía más de cien mil volúmenes. Velázquez se fue de Sevilla a Madrid para pintar el cielo del Guadarrama…

Andalucía, una tierra que siempre tuvo un escalón que la ponía un poquito más baja, solo en lo físico, de la Submeseta Sur, pero tuvo la visión de abrirse a la mar océana y dijo que la otra orilla era América, pero solo de nombre porque Sevilla no era capital del mundo por mor de la ceguera de un rey que no veía mucho más allá de los ventanales de sus aposentos frente a una sierra bellísima, eso sí, verde en verano y blanca en invierno. Él no supo nunca de los mares azules ni de las brisas marinas que en las noches de verano llevan perfume de jazmines y biznagas… Andalucía, nuestra que ¡que nos da tanto!

 

jueves, 22 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitacora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El tren que no llegó a su destino

 

              


 

Enero, 22 jueves

 

Tomó el tren una tarde fría de invierno. En la testación murmullo y trasiego de gente. La megafonía y los tableros electrónico anunciaban salidas de trenes a puntos distantes en el mapa. Todos iban a alguna parte. Por el teléfono envío un mensaje:

- Ya estoy en Atocha. Dentro de un rato salimos. Parece que no hay demoras.

El viaje siempre era una ilusión. Se encontraría con los suyos, con los que no veía desde hacía algún tiempo, con su ciudad. Allí estaban sus calles, la gente que salía temprano, al amanecer y, la otra, la que lo hacía más tarde porque ya no tenía ocupaciones a las que atender.

No huía de algo imposible. Se reecontraba consigo mismo y con lo que le había acompañado desde siempre.

Accedió por el andén lleno de gente hasta el vagón que tenía asignado. Dejó sobre la repisa una maleta pequeña, el abrigo y la bufanda. Se acomodó en la ventanilla. La tarde languidecía sobre Madrid.

Por las carreteras que veía desde la ventanilla, a aquella hora, estaban llenas de coches. Otras gentes, en otros medios, también regresaban a su sitio. Anunciaron por megafonía unas cuantas instrucciones. La película de proyección hasta Córdoba, dónde estaba la cafetería y la atención del personal de abordo. Todo era un formulismo de seguridad. El tren avivó la velocidad. A los lejos urbanizaciones con luces en las ventanas; sobre el campo se extendían las sombras. El sol dorado del invierno ya estaba muy bajo.

Oscureció. No se veía el campo, ni pueblos lejanos. Aquella noche fría de invierno el tren iba a alguna parte. El tren pararía lejos. Muy lejos.

Surcó los campos helados. Los árboles eran fantasmas; las estrellas, luminarias lejanas; de vez en cuando brillaba, por un reflejo extraño, el agua de los ríos. Cuando el tren cruzaba los puentes de hierro, un ruido metálico rompía el silencio opaco….

Monotonía. De pronto, un zumbido seco, estruendoso como no había oído nunca, estalló. Son cosas que ocurren algunas veces, cuando llegan las noches frías de invierno….