miércoles, 15 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

Para ti....



Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La persiana.


               



                        LA PERSIANA ( Relato corto. Viene de la Persiana I)

                                                       II

El hombre pasó junto al Palacio de Salesas, lo dejó a un lado.  Era un palacio soberbio. Magnífico. Era el esplendor de un pasado. En el frontispicio unas letras mayúsculas informaban: Tribunal Supremo. Continuó por la calle Fernando VI, luego por Doña Bárbara de Braganza, y por la calle del Conde de Xiquena salió la calle del Almirante. Llegó hasta el paseo… Los coches pasaban raudos.
Los árboles ya estaban sin hojas. El otoño avanzado y el invierno que  llamaba a la puerta los había dejado con los esqueletos de las ramas desnudas. Los árboles competían, sin conseguirlo, en altura con las fachadas  que siempre les ganaban. Los árboles querían alcanzar el cielo o al menos eso parecía desde los ojos de quien los miraba, a pie de calle, con los alcorques vacíos y cubiertos por una capa de una materia gris y compacta.
En la acera se cruzó con una chica. La chica era morena. Un abrigo largo hasta media pierna un poco por debajo de la rodilla, de color beige,  la protegía del frío en aquella umbría en la que nunca entraba el sol en los meses de invierno. Un cinturón lo ajustaba a la cintura. El frío penetraba hasta los huesos.  La chica se cubría la cabeza con una gorra que tenía una pequeña visera. El pelo negro, largo, lacio se le quedaba parado en la solapa el abrigo. Le hacia un reborde, que al alzar el cuello le daba una cierta gracia.
La chica llevaba una mano metida en el bolsillo izquierdo del abrigo. En la otra, - un guante de cuero, suave, liso la protegía  - llevaba un maletín de piel. Caminaba con paso firme,  seguro. Iba a alguna parte...
                                                                                     (Continuará…)





martes, 14 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

Para ti...



(Foto de archivo)

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La Persiana (Relato corto) 1


                                   

                                               LA PERSIANA

                                                            I
El despacho era un habitáculo grande, espacioso. Tenía una mesa de diseño, de madera de calidad para el trabajo; las paredes forradas con maderas desde el suelo hasta el techo. Enfrente, dos sillones de un material que imitaba a la piel y en la pared, colgados varios cuadros con motivos de viajes: un paisaje de la Toscana recogía una casa residencial, rodeada de cipreses, en la soledad del campo. En el horizonte se recortaban unas montañas azules. Otro, simétricamente colocado tenía un paisaje del Bierzo leonés donde aparecía una casa pequeña casi enterrada en nieve.
En el testero de la derecha, una ventana que al estar la oficina en el piso noveno dejaba entrar a todas horas la luz del día. En la lejanía se divisaba el mar… El mar desde allí era algo muy distante que, a veces, con la luz ofrecía un resplandor diferente según qué hora…
La puerta de entrada estaba en el lado izquierdo. Él, salvo que hubiese alguna visita, siempre la tenía abierta.
Estanterías con libros, documentación de la empresa que no estaba en las dependencias de Administración, publicaciones encuadernadas con lujos, algunas placas de recuerdos y acontecimientos…
Se sentó en el sillón de trabajo ante la mesa del despacho. Apartó los papeles hacia un lado. En el ángulo superior derecho dejó unas carpetas ordenadas. Con los epígrafes claros. Unas sobre otras…; en el ángulo izquierdo, un lápiz viejo que hacía mucho tiempo que estaba con él  - le tenía un cierto cariño- y con el que punteaba algunas cosas cuando las imprimía en papel. Despacio, buscó la llave del cajón. Era el último cajón de los tres cajones que tiene la mesa, el más cercano  al suelo. Giró la llave, abrió. Tiró, suavemente, del cajón. No le hizo falta echar una mirada aunque miró. Sabía que estaba donde él la tenía. Tomó la pistola. La pistola estaba allí;  esperaba el momento. Las cosas, son seres inanimados pero todas saben, que tiene el momento, su momento… el suyo estaba tan cercano como era el alcance de la mano. Solo alargar el brazo y cogerla… Todo iba a tener arreglo de una vez, pensó…




lunes, 13 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

Para ti...




(Foto de archivo. Variedad Charles De Gaulle. Obt. Meilland. Francia)

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Arriate







Si a la salida de la Cueva del Becerro giras a la derecha, entonces, te encaminas a Alcalá del Valle y Setenil. Has cambiado, otra vez, de provincia. Ya sabes, lo de las tonterías de ponerle puertas al campo.

Tú, como que no, sigue camino hacia Ronda. Cambia el paisaje. Encinares, coscojas; caliza en estado puro. Sierras…. Siempre que paso por allí siento algo especial. Sé que llego a tierra diferente.

Justo casi en las mismas puertas de Ronda, vete para Arriate – hay un atajo, frente a la gasolinera, junto a la finca de Antonio Ordóñez, El Abogado, donde reposan las cenizas de Orson Welles…, pero es complicado. Llegas a campo llano. Corre el río Ventilla que, cuando se une con otros arroyos, forman el Guadalcobacín.

Aunque ves Ronda asomarse en la lejanía, siéntate bajo algún sauce a no hacer nada. A ver correr el agua, a dejar pasar el tiempo. Comprenderás porqué los árabes la llamaron Arriadh, o sea ‘los vergeles’.

Cerca está la Cimada. Ahora la promocionan con ofertas de eso que llaman ‘turismo rural’. Una manera de conocer el campo. Claro que para eso hay que ir con los ojos muy bien abiertos. Ya sabes, el campo es el campo…

Una de las veces que anduve por allí asistí a la lectura del Cuento de Navidad, El Día que Jesús no quería nacer. El lector, el autor de la obra, o sea Barbeito; la otra, - ¡fíjate qué cosas, al Pregón de Semana Santa… ¿El autor? Salvador Pendón. Lo mejor que he escuchado - ¡y han sido algunos! – original, actual, didáctico, directo. De esos que hacen pensar. ¿El lugar? En San Juan de Letrán – su principal monumento – la parroquia del pueblo.

De Arriate, su pan; los chorizos en manteca – y toda la chacina – los cantos de Auroros en las mañanas de otoño, y lo principal: su gente. Jorge Segura me acogió con la generosidad que solo sabe hacer la gente que es excepcional. Profundiza, si tienes ocasión en la obra de  Antonio Márquez. Merece la pena.

Cuando te parezca bien, súbete hasta Ronda. No hagas caso si te dicen que llegas antes andando que con el tren. Viene del tiempo del estraperlo para evitar la fiscalización del fielato. Aprovechaban que el tren daba una curva grande para salvar la diferencia del llano a la altura y cortaban campo a través...