miércoles, 8 de enero de 2025

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Andando por los caminos...

 

   


                  Las Angoturas; al fondo, Los Nogales y la Joya.


8 de enero, miércoles. La tarde, espléndida; el cielo, azul. No había efecto Foëhn. Sí, ese que cuando sopla el aire del norte y se topa con una montaña se eleva y se eleva e intenta coronarla. En su cima, el vapor de agua se enfría, se condensa, y toma forma en nubes que, a veces, descarga a modo de lluvia.

Le hice a mi amigo Juan Blanco la proposición ‘deshonesta’ de darnos un piro por las Angosturas (La foto es suya). Están al pie de monte de La Sierra de la Huma, que queda, a la izquierda conforme se mira de frente; a la derecha, la Capilla. (Generosidad de caliza) En medio, entre ambas, el Puerto de Flandes, a sus pies el pozo de la Parda. Los ‘Colorados’ la flanquean y hacen que se asienten a modo de valle, en medio, y a las separan del Arroyo de las Piedras. Enhiesto, oteando horizontes y vientos el Peñón del Negro.

En la lejanía, Las Orejas de la Mula, el Camorro Alto – en su ladera La Joya y los Nogales y El Torcal. En ese macizon nacen los arroyos del las Piedras (Prados de Eslava), el Jévar, el de los Pilones y el del Aljibe…

Subimos por Las Mellizas. (Cruzar el Guadalhorce, una pena. Algún día  contaré algunas cosillas de cómo está bajo el puente de la vía del tren antes de la Cuesta del Cajero).

Las Angosturas forman un núcleo diseminado de población. En el Libro del Repartimiento aparecen referencias a “Martín Alonso de Canpillo. Quedale media caballería de tierra que son diez e ocho fanegas de sembradura(...) de la otra parte del río hazia la sierra de Antequera, en la boca del Angostura, en el paso que allí está, do dicen la Posada de los Vallesteros; hase de ver lo que hay en dicho partido e conplir lo que faltare para media caballería en lo alto, dejando libre la pasada de la vadera del río arriba”.

 

 El Libro de Amillaramiento, Riqueza Rústica, de 1897 recoge que Pedro Martín Martín, ante Juan Marín Fernández adquirió de Juan Gómez Castillo una suerte de secano de tres fanegas en la cantidad de 250 pesetas. Se inscribió el 29 de marzo de 1894 en el Registro de la Propiedad. Posee una fuente, con abrevadero, para servicio vecinal.

 

El camino que bordea las sierras calizas de las que te hablé antes, arranca en el Valle – para nosotros el Valle de Abdalajís es simplemente, el Valle – Por cierto, si alguna vez vas por allí, pregunta por qué hay tantos que se llaman Lorenzo. Cruza la Fresneda y por los Romerales Altos y la Almona viene a dar a ese remanso único que llamamos El Chorro…


               Pozo de la Parda. En el horizonte las Orejas de la Mula y la sierra de las Cabras…

 

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