miércoles, 4 de marzo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Ni puñetero caso

 

 


 

Marzo, 4 miércoles

 

Dicen que se subió a promontorio, o sea un lugar un poco más alto, donde la gente podía verlo y escuchar las palabras que se iban por los caminos del viento, pero que les llegaba a todos. Probablemente estarían sentados en el suelo, habría silencio y todos percibían lo que Él transmitía… La gente le prestaba atención. Todo aquello sonaba a nuevo. Ahora, también.

 

Dicen que comenzó a hablar. No tenía prisa, recalcaba las palabras y los conceptos. Escuchaban:

 “Bienaventurados los pobres de Espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados los mansos de corazón porque ellos poseerán la tierra…

Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados…

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justica porque ellos serán hartos

Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia

Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios

Bienaventurados los pacíficos porque ellos serán llamados hijos de Dios

Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia porque de ellos es el Reino de los Cielo.”

 

Y la gente escuchaba… y pasó el tiempo. Mucho tiempo. Hay  otros hombres que han escuchado más o menos lo mismo, pero..., ni puñetero caso. Es más, ni oyen ni escuchan, que parece que es igual pero no lo es.

Algunos dan la impresión de haberse  vuelto locos. Si no lo están, lo parecen. Malditos los Idus de marzo. Trajeron en un tiempo muerte, dolor, desesperación, rabia, impotencia…; ahora, también. Da igual el color de su piel o de su pelo; no importa a qué lado del mar viven, da lo mismo la manera como se visten. ¿A qué Dios dicen     que le rezan…?. No importa qué lengua hablan… Da casi igual, todo. Al que se subió al promontorio, y dijo todo aquello, ni puñetero caso.

Es más, dentro de unos días, sacaremos a las calles altares móviles en ciudades grandes, en pueblos medianos, pequeños o mediopensionistas Les pondremos candelería, música, flores, boato, tramoya…  Otros, sentirán que es una fiesta más. La primera gran fiesta de la primavera. Hay, también, quién al revolver de una esquina, o en un lugar que él se sabe, sentirá algo por dentro….

Es la manera de recordar como terminó Aquel que desde lo alto del cerro dio un programa de vida y terminó diciendo, ahí os lo dejo (No lo dijo así, pero se sobreentiende). Quien quiso hacerle caso supo que el camino no es fácil pero sí que el mundo sería otro, muy distinto a éste que nos han traído estos Idus de marzo…

 

 





 

martes, 3 de marzo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Fermín Durante

 

 


Febrero, 26 viernes

 

- Manuel ¿don Fermín)? Le pregunto... (Manuel, atendía el estudio de fotografía).

- En el Palomar, suba, lo está esperando.

El “Palomar” era el Sancta Santorum de Fermín Durante, en Calle Salvago, entre Especerías y calle Compañía. Era el ático donde el maestro se encerraba con ese hálito de creación y melancolía que luego llevaba a sus cuadros. (Micheline, su mujer, le dio el tibio toque sutil de un Baudelaire de la pintura).                                                                                                                                        En el horizonte, dicen los que saben de geografía urbana, Málaga trazaba una línea imaginaria desde la Alcazaba al Guadalmedina.

De niño, en el Puerto de la Torre, me dice, mientras me dibuja con su mano la línea imaginaria donde termina Málaga y comienzan los sueños yo percibía los olores del campo a principios de verano; el de la lluvia que cada año llegaba a primeros de otoño y ese frío que bajaba desde Almogía, pero que según las personas mayores venía de El Torcal…

Ahora, me dice Fermín, en un desván que corona una casa de aquellas que nos dieron empaque de ciudad de provincia de segunda división pero que era nuestra en el siglo XIX. La casa, como tantas otras era una obra de Guerrero Strachan a quien quizá Málaga no le haya correspondido a tanto como nos dio. Ahora, decía Fermín lleva a los lienzos una pintura hiperrealista con un deje tan especial de la vida misma que uno ante el cuadro piensa, medita y se recrea.

Yo conoció a Fermín y a su hermano Adolfo, a través del maestro Alcántara y Jaime Rittwagen. Algunas veces acudí con ellos al “recreo de los jueves” en Frutos o donde decía el azar que tocaba.

Fermín era un pintor urbano. Se nos fue en 2008 y nos dejó huérfanos de esos personajes que sin ser nuestros venían a ocupar un lugar en nuestras vidas. Sus calles eran cordiales, y no siembre fáciles, como era la torre de la catedral desde su buhardilla; las palomas que anidaban en los tejados a tiro de nuestra vista en la altura o  la compañía de las campanas de san Juan.

Fermín llevaba una Málaga nuestra pero que no podíamos identificar con una calle cualquiera porque su pintura se encargada de suscitar en cada alma una receptividad diferente. Nosotros, en nuestra identidad, estamos, sin estar, en aquella policromía ante la que nos extasiábamos como podríamos hacerlo ante el cielo azul de Málaga desde las ventanas de su buhardilla.

Pintura real como la vida misma, velero en la policromía de los pinceles que marcan los trazos: azules, violetas, blancos, ocres… y, como en los versos de Jorge Guillén: “Y el silencio / de tanta duración humana va tan lejos / que el instante / se yergue universal y dorado en la tarde”.




lunes, 2 de marzo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Jorox

 


      Río Jorox

 


Marzo, 2 lunes


 

Jorox es naturaleza viva, un deleite entre sierras y pinares – a pie de carretera entre Alozaina y Yunquera - y agua que baja limpia y cristalina; primor de la vida en medio de vergeles de naranjos. Y roca caliza, y valle que se abre sobre un vacío como si a saltos de saltimbanquis la naturaleza se ofreciera en capricho único.

                   

Si vas bien de tiempo - y si no búscatelo - te sugiero que te sientes junto al puente y contemples cómo se precipita el agua, abajo, en todo lo hondo del barranco y a lo lejos se pierde entre la maleza; por el contrario, en frente, bajo un manto casi siempre azul, la sierra parece acariciar el cielo. Es la Torrecilla. Más de mil ochocientos metros. El pico más alto de la provincia, que ni que decir tiene que como es invierno está con un velo blanco.

 

Siento coartarte en tus idílicas delicias. No has sido el primero; no. Antes, mucho antes, vinieron otros. Algunos se asentaron: dejaron huellas en las Cuevas del Algarrobo y en la de las Vacas. Dicen que eran del Paleolítico en un período enclavado en uno de esos muchos nombres que se les asigna; luego romanos - ¡mira que estos anduvieron por sitios; aquí, también, claro -. Los árabes le sacaron rendimiento al agua. Hasta nueve molinos harineros tuvo en un tiempo en la corriente del agua. Después, ya sabes lo que pasa, las costumbres y eso que llamamos progreso. Casi todos desaparecieron.

 

Estás en un corredor natural entre sierras con abundancia de agua y comprenderás por qué sobreviven dos puentes romanos y que por cierto, llamaron al lugar “Juncaria”, que dicen que significa  “prado de juncos” y que los árabes sembraron los naranjos de los huertos, y dados a hablar de árabes, al igual se te viene una sonrisa cuando recuerdes que en muy cerca de aquí me recomendaron la visita a la ‘ermita árabe’, y que, además, me dijeron que está a medio kilómetro del pueblo, y me especificaron que en un llano. Y es que, puestos a escribir, algunos, pues eso, que ya sabes...

 

Ah, si tienes tiempo y es hora, da cuenta de unas migas… Tienen el sabor de lo que se encuentra escondido en los recodos del camino. Yo las acompañé, además, con naranjas de terreno. ¡Ni te cuento! Uno siente pena que el plato se acabe, pero ya sabes, otra cosa sería glotonería y eso que dicen que gula y eso, ya sabes, no está bien.

 

domingo, 1 de marzo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Álora, en la pluma de Ángel Caffarena Such

 


Marzo, 1 domingo

 

Ángel Caffarena Such nació en Málaga el 16 de octubre de 1914, y donde falleció ochenta y cuatro años después, cuando casi terminaba el siglo XX, después de desempeñar una labor enorme como escritor y sobre todo como editor.

Gracias a él pudieron publicar su obra – Ángel se inclinó de manera principal sobre jóvenes poetas que se iniciaban con sus primeras obras – Jaime Siles, Pere Gimferrer, Leopoldo Panero, Luis Eduardo Aute, Rafael Pérez Estrada, José Infante, Pablo García Baena…

Era sobrino de Emilio Prados, uno de los grandes poetas de la Generación del 27. Estudio Filosofía y Letras en Madrid y estuvo hospedado en la Residencia de Estudiantes, donde convivió con pintores, músicos y poetas que tuvieron un nombre propio en la cultura española del siglo XX.

En los años cincuenta regresa a Málaga y funda la Librería Anticuaria El Guadalhorce, que sigue el hilo de Dardo, antigua Imprenta Sur, y Caracola de tanta importancia para dar a conocer a los poetas claves de la Generación del 27. Ángel apuesta por los autores noveles y abre unas puertas a la edición de sus obras, que de otra manera no habrían podido ver la luz.

Publica también como escritor – ya era en esa fecha Cronista Oficial de Málaga y su provincia, obras donde da conocer la idiosincrasia y las peculiaridades de la provincia y así aparece: “Historia singular sucedida en Antequera desde Semana Santa hasta fin de julio de 1638 años”

En su libro “Algo sobre el cante” escribe: “El pueblo andaluz de entrañable sensibilidad religiosa, no olvida el origen judío penitencia de esas melodías (la saeta) e incluso mantiene sus sugerencias en un canto afín: la saeta de pasión, o perota, hoy lamentablemente olvidada salvo en contados pueblos, como por ejemplo Álora, del que le viene el sobrenombre de perota. Su melodía puede tener similitudes con algún canto sinanogal”.

En otro lugar escribe: “El aloreño o perote suele ser persona de fina sensibilidad, de refinado espíritu. Es, en suma, uno de los más típicos ejemplos del andaluz racial. Ingenioso, con percepción rápida de cuanto sucede a su alrededor, tiene sobre todo y por todo, ese don especial que distingue a la raza conformada por milenios de cultura”.