viernes, 9 de octubre de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La curiosidad mató al gato



Acaban de anunciarlo. Un restaurante de Caleta de Vélez, a orillas del mar azul de Ulises, ha ganado el premio a la mejor ensaladilla rusa de España. Según leo, solo tienen un secreto y lo han dicho. Cuecen las patatas con agua de mar.  Ya se sabe, un mar de sirenas y delfines… Puede que sí, puede que no. Como en el carnaval. Lo cierto es que en estos momento de crisis, les ha tocado la lotería. Ya saben: reservas de mesas con antelación y facturación asegurada…

Nos llevan donde quieren. ¿Lo dudan? Hace unos años, pusieron de moda un restaurante de Ronda con nombre… bueno. Yo estuve allí. La crucifixión de Cristo en el Gólgota, juego de niños cuando vino la cuenta. Tenían una cosa común con otros de esos,  de muchas estrellas que se pusieron de moda: mucho plato, poca comida, y mucha plata huyendo de la tarjeta…

Algo parecido ocurre con otros de la Villa y Corte. Es raro que no te encuentres con un amigo que no narre las excelencias de tal o cual pintoresco y con mucho nombre, donde se comen la mejores ostras – yo pillé una gastroenteritis en uno de la calle del Arenal, que todavía me acuerdo – el mejor cocido con tropecientos mil añadidos (en uno conté, por curiosidad, hasta dieciocho engañifas, y naturalmente imposible siquiera de poderlos probar, todas), los mejores callos, el mejor vermú a granel, o la mejor milhoja…

Por la Costa del Sol, no hay que irse tan lejos, también los tenemos que se estiran como gatos mañaneros  desperezándose al sol que apunta, y cuando vienen con la ‘dolorosa’, ni siquiera se mudan de color. Ahora, con lo que tenemos encima, hay un zarandeo bastante grande en todo este mundo. Parece que hay una vuelta hacia la reconversión ‘razonada’.

Ojalá esas personas de la Caleta que acaban de ganar el premio, sigan escuchando el rumor de olas que llegan hasta el rebalaje y no llenen sus cabezas de vapores raros, que puedan aparecer entre fogones y sigan con la costumbre de cocer las patatas con agua de mar. Yo, que como el gato, soy demasiado curioso, por ahora lo pongo en la lista de sitios pendientes…


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