sábado, 10 de octubre de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Limones

 



Dice la estadística, – la menos precisa de las Ciencias Exactas, – que España es el primer exportador de limones a la Unión Europea. La producción es muy considerable y compite con Italia como principal rival dentro de la Unión.

En España, las principales zonas productivas son Levante (Murcia y Alicante) y Andalucía, y dentro de nuestra comunidad, Málaga, seguida de Almería. En naranjas, los esquemas son diferentes, y ahí Huelva, sobre todo el Andévalo, tiene mucho que decir.

El limón es originario de China donde fue muy valorado. Pasó a Persia, y de allí a Oriente Medio. Los árabes lo extendieron por todo el Mediterráneo, y hoy se produce en toda su cuenca con cosechas importantes en Turquía y Egipto.

Es muy rico en vitamina C. Un zumo de limón, ‘a jierro’ diluido en agua, acompañado de ajo crudo (excelente antibiótico) y una tostada de aceite de oliva virgen… dicen los que saben, que es un magnífico antídoto contra la gripe y potencia la inmunología.

En España se cultivan dos variedades de limones: vernas y finos o ‘primofiori’. Los vernas florecen en primavera, entre abril y junio, y se recolectan en la primavera del año siguiente. La producción de  finales de primavera es de menor calidad. Su nombre, ‘retardíos’ o ‘sanjuaneros’. Una segunda floración viene en el mes de agosto. Se conoce en el mercado como ‘redrojos’.

El limón (la naranja, tampoco ) no madura contra la creencia generalizada con calor, sino con frío. Hasta que las temperaturas otoñales no descienden por debajo de los 14º-15º no viran del verde al amarillo, o al anaranjado (por eso la lima del Caribe siempre es verde) y hasta Navidad no comienzan a ‘verse’ entre las hojas del árbol). Un refrán – también válido para la aceituna – afirma que uno en “San Juan, ciento en Navidad”.

Los primofiori (hay distintas subespecies: lisbón, eureka…) se recolectan de septiembre a noviembre, con precio superior en el mercado, ley de oferta y demanda, y hacen que su presencia sea una continuidad. El limón no es una fruta, sino un aditivo y se consume si se precisa, si no, se queda en el frutero.

Es muy sensible al frío (no soporta las heladas) y requiere un nivel hídrico constante, sin encharcamiento. Su azahar no es tan oloroso como la del naranjo, pero es un cítrico imprescindible en nuestras mesas.


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