miércoles, 9 de septiembre de 2020

Una hojas suelta del cuaderno de bitácora.




Dicen los que saben, que la “manzanilla aloreña”, además de Denominación de Origen, que es algo así como un título nobiliario heredado de añejo, tiene tantas propiedades, que los posibles defectos se quedan en agua de borrajas. La pulpa, abundante, exquisita y carnosa. Se separa muy bien del hueso y en la boca al masticarla, su textura supera a otras posibles rivales.
Es como niña que no llega a los veinte y pasó de  los quince. Todo le va bien. ¿Todo? Sí. Se comen – las aceitunas, las niñas como que no - enteras, partidas, zajadas, moradas, en cáustica y con tan buen andar, que lo mismo acompaña una copa de fino frío, muy frío, que a un tinto criado en el Morquecho. Se unen a las sopas perotas, a un gazpachuelo, a un plato de puchero, a una ensaladilla con bacalao y cajeles o a un rato de conversación entre amigos.
Se venía con ellas – y digo que se venía, porque desde que se fue mi madre…-, del campo a la orza, y luego a la mesa y, luego al paladar y, luego al recuerdo y, luego a la palabra. Tomillo de jerriza,  hinojo fresco, pimientos colorados, orégano y ajos machacados, sal de la mar cercana que no es brisa y sí sabor…
Dice el maestro Barbeito – que de aceitunas  sabe un rato, y de otras cosas, también – que “partir manzanilla morada es desangrar  una estilográfica”. Maestro, con el debido respeto, y ¿no podrá ser sangre del que pasó por estos sotos con presura y yéndolos mirando, tan solo…? Ya sabes…
Por aquí se crían - siempre injerto sobre acebuche - en los olivares del Hacho, en los Lagares o en las umbrías de la Fuente de la Zorra; un poco más allá, conforme se sigue al sol cuando va camino de América, en tierras de ‘pecheros’,  o en tierras de ‘moriscos’… y, más allá de más allá, en muchos sitios.
Es tiempo de aloreñas. Hay un rosario de cuentas verdes del cielo al suelo asido a las ramas. Son cuentas como de un  Avemaría  especial para dar gracias a Aquel que está en las alturas y, de vez en cuando, o sea cada año, cuando llega septiembre se baja a la tierra,  y entonces va y le dice al oído a quien quiere escucharlo: “ahí os dejo eso”






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