martes, 18 de febrero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El viaje






Cuando empezó a ponerse el sol, por la techumbre traslúcida de la estación, entraba una luz blanquecina y opaca. Había bajado la intensidad con que la que lo hace a otras horas del día. Todo apuntaba a final. No había gorriones en el andén, ni palomas callejeras. Los viajeros caminaban arrastrando las maletas hacia el tren que los llevaría a su destino.

Sonó un timbre, anunciaba el cierre de puertas. Por megafonía informaron de una parada en Córdoba y que los viajeros con destino a Puertollano y Ciudad Real deberían hacer  un trasbordo. De pronto, casi sin percibirse, el tren se echó a andar y al poco estaba bajo el cielo abierto.

En el asiento de enfrente, al otro lado del pasillo, dos chicos jóvenes conectados con un cable viajaban absortos en su teléfono móvil. En un asiento trasero, alguien hablaba con elevación de voz. Era una conversación intrascendente, molesta. No tenía el más mínimo interés, pero por una extraña razón, todos los viajeros se veían obligados a ser partícipes.

El sol bajaba por momentos. Cada vez estaba más cerca de su ocaso. Su luz, semidulce, casi apagada. El campo tenía un color diferente, como de mermelada desleída y aguada. Por el campo se veían casas dispersas. Eran casas blancas, distantes unas de otras. El tren cada vez tomaba más velocidad. Tanta, que casi no se percibía lo cercano y lo que estaba más lejos, se perdía en la distancia.

Difuminado por la luz del atardecer,  Álora se veía recostada al pie de otras montañas. Álora destaca por la blancura de su caserío y por el estiramiento que presenta como un trozo de gasa que parece bambolearse suavemente con la brisa.

Un túnel largo – debe ser muy largo, porque el tren que llevaba mucha velocidad, tardó un tiempo en pasarlo – atravesaba la Penibética que allí se llama sierra de Abdalajís. Es una sierra de roca caliza, pobre en vegetación y agreste. Es una sierra con un encanto diferente a otras sierras del entorno.

La llanura intrabética de Antequera, ubérrima, se ve festoneada por los postes del tendido eléctrico del tren que llevará a Granada. Es un tren de la misma línea. Aún no está en servicio. Las obras…. Ya se sabe. El tren entró en un mar de olivos. Se echaba la noche. Cuando llegamos a Córdoba era oscuridad cerrada…



1 comentario:

  1. Me apunto a tus viajes y caminatas. Tus relatos son una gozada.
    Gracias

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