viernes, 11 de octubre de 2019

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Carbonerillo





Dicen los que saben de pájaros, o sea, los ornitólogos que pertenece a la familia de los páridos y  que es muy común en Europa. Vive en los bosques y en las zonas umbrosas. Ocupa un espacio que puede llegar, de oriente a occidente, desde el Cáucaso  al Cabo de San Vicente; por el norte,  hasta los países nórdicos.

En algunos lugares se les conoce como el pajarito del agua. Les atribuyen la característica que no poseen de predecir el cambio de tiempo, es decir, anuncian que va a llover, y ahora con la faltita que hace… A diferencia de las aves frías que vienen en los meses más fríos del invierno su llegada era preludio y antesala de una ola fría que venía pisándoles los pies.

Durante el verano pasan al ostracismo. Están desaparecibidos. Cuando llega el otoño se vuelve a escuchar su canto. No es especialmente bello pero sí muy significativo. Es de estos pájaros que cantan en monosílabos.
Según interese, la gente del campo decía que respondían a las preguntas. “¿Pajarito del agua – era la pregunta de manual – va llover?” y con ese “sí, señor; sí, señor; sí, señor” parecía contentar al interrogante curioso que se dejaba llevar por el deseo y no por la verdad.

Esta mañana he escuchado  el canto del primero del otoño. Venía de la zona más tupida donde los granados entregan cosecha y  armas porque sus hojas anuncian que el cambio de estación se va cumplir de un día a otro. Hacía poco rato que el viento de levante, porque hoy soplaba levante, había traído el tañido de las campanas de la iglesia. Antes, tocaban al rezo del Angelus; ahora, solo dan las doce campanadas del mediodía…

El cielo entoldado. Desde primeras horas estaba cubierto de nubes plomizas y andarinas. Las movía el viento. Ya se sabe: “el levante las mueve y el poniente, las llueve”. Las nubes no permanecían quietas. Iban ligeras como quien tiene bulla…

-         Si se echara el aire, me dijo un vecino, a lo mejor, llovía.

-         Es levante, - le contesté- y aquí como no sea con el aire  del Estrecho…

El carbonerillo seguía con su canto. Me atreví, en la compañía de mi soledad, a preguntarle…

-         Carbonerillo, ¿los políticos, dicen,  la verdad?

-         No, señor; no, señor; no señor… (Creí entender).

No dije nada. Seguí en mis cosas…


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