martes, 7 de mayo de 2019

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Entre ellas (II)






Entre las dos andaban en conversaciones y razonamientos filosóficos, profundos y muy preocupantes porque su mundo no iba mucho más lejos de las paredes donde terminaba el pueblo…

-         Porque nosotras, a nuestra edad, debemos tener ya mucho cuidado, y sobre todo, con las caídas. Las calles tienen muchos salientes y puede ser tremendo… Vamos, mortales…

-         O una con una apendicitis inoportuna…

-         Eso, eso…

-         Tú ¿te imaginas que nos llevan al hospital, nos meten en el quirófano y en una mesa de operaciones cuando los médicos nos echen la visual...?
-         Es que hacemos el ridículo…

Ponían los tenderetes del pescado en la calle de Atrás antes de llegar a la Fuentarriba, cuando comenzaba a llanear la calle.  Cada mañana, temprano, acudían a la compra. Antes se consultan. Se interpelan.

-         ¿Cómo viene hoy los boquerones?
-         No, vayas, como hocinos de segadores…

Se ponen de moda los primeros  viajes de novios al extranjero. Primero, cuando ellas lo hicieron iban a Málaga, después a Sevilla, luego a Canarias y, ahora,  no. Ahora más lejos. Mucho más lejos.  Los hijos de unos vecinos, a Grecia. Regresan y hablan del mar azul, de mitología, del Olimpo, de la Acrópolis,  de Delfos y de no sé qué extrañas historias de Oráculos. Entre la conversación se filtra algo diferente. Hablan  del monte de Venus… Ellas con la mosca tras la oreja…

-         Nosotras, por lo que pueda pasar, nos quedamos con el ‘Cerro Pelao’ que está más a la mano…

No existía aún la telefonía moderna. Todo a través de la centralita. Se le pedía el número a la operadora y hacía la conexión. En plena madrugada…
-         Señorita, ponme con el 7…

Suena el teléfono, sobresalto por lo poco usual de la hora….

-         Oye…

-         Dime, ¿qué te pasa? ¿te pasa algo?

-         Na, que estaba desvelada y estoy dándoles vueltas a la cabeza… ¿La Parrala era de la Palma o era de Moguer? ¿De dónde era la Parrala?

-         ¡Por los clavos de Cristo que son las tres de la mañana…!



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