jueves, 2 de mayo de 2019

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. ¡Ay, Portugal, ¿por qué te quiero tanto?


        



El Algarve es algo así como si Andalucía queriendo más Atlántico se alargase hasta el Cabo de San Vicente y no le hice caso ni a Vila Real del Santo Antonio, ni a Altura   - en Portugal, el bacalao, exquisito pero en Altura…. ,¿será porque como dijo el maestro Alcántara el ‘paisaje es un estado de alma’?-  ni a Faro, ni a Portimao, ni a Praia da Rocha… y se llegó hasta la punta donde ya Europa dice que hasta aquí hemos llegado.

Desde Sanlúcar de Guadiana se pasa hasta Alcoutim. Casi toca, con ambas manos, el Algarve y el Alentejo. Su cerámica, para descubrirse. El Alentejo es tierra recia y dura. Cuesta ganarse el pan y sobran sudores y fatigas.  Al Alentejo se entra mejor por Rosal de la Frontera donde un puñetero reloj delató a Miguel Hernández. En Serpa, levantan un monumento a Luis de Camoens. Contrastes, en otro tiempo, en un sitio mataban a los poetas, en el otro pues eso…  Evora, Beja, Portalegre, Estremoz, Moura, Monsaraz… Si pueden, no se las pierdan.

A Sines se llega buscando a Vasco da Gama que mira al mar; a Lisboa, a Pessoa. Hay que ver cómo cae la tarde o como el Tejo (el Tajo nuestro)  se hace mar antes de cruzar a Casinhas y cómo la ciudad vira bajo el influjo del Marqués de Pombal.  A Lisboa no hay que ir con prisa…

En Montemor o vehlo  se buscan prehistoria y raíces medievales; en  Coimbra, por si aún queda algo – que queda ¡y mucho¡- de las fiestas de comienzo de curso o de cuando tocan –‘queima das fitas’-  vacaciones y, como el Mondego, cada uno sigue su camino.

Oporto es otra cosa, como lo es la estación de San Bento  - ¡qué manera de llover en Porto – y los soportales y el Puente de Luis I y la Livraria Lello o esos lugares donde venden los ‘candeleiros’.  Guimaraes, historia común que dejó de serlo; Braganza, ‘alheria , casulas y vinho rojo’… Voces de estudiantina, preguntas sin respuesta “¿ay, Portugal, porqué te quiero tanto”? Tampoco la tienen los fados de Amalia Rodrigues.  Por Miranda do Douro entra el Duero en Portugal. Saramago contaba que los peces, bajo el puente, no sabían de fronteras. Me asomo a la baranda pero no veo los peces en el agua…




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