miércoles, 12 de septiembre de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Granada soñada



Llegamos al filo de la Plaza Nueva. Yo tomé tu mano; tú, la mía… y empezamos a andar por el borde de la Carrera del Darro…

Subimos bordeando la acera con bordillo de piedra. Abajo, en el lecho del río, el agua clara. Mirtos, vegetación de ribera.

-         Ahora lleva más agua, dijiste... Sentí el palpitar de tus dedos entre los míos.
Tenías un no sé qué especial que te brillaba en los ojos. Vimos cómo pasaba el agua limpia, cristalina, saltando de piedra en piedra,  por debajo del muñón del puente que sobrevive al tiempo.

Cruzamos la calle. Entramos en una tienda. Miramos, nos miramos. Luego, volvimos a la calle. Antes de salir, tomaste un pequeño frasco de perfume. En el envoltorio ponía algo así como ‘esencia de rosas de la Alhambra’.

Mirábamos absortos. Todo era asombroso.  Nos cruzábamos con la gente.  
Unos subían. Iban en nuestra misma dirección. Otros, bajaban en sentido contrario. Otras parejas iban, también, asidas de la mano.

Han restaurado algunos edificios. Han limpiado la piedra. Han sacado a flote la belleza escondida.

Me mirabas, te miraba…

 Veíamos en el filo de la baranda, allá en lo alto, a la gente asomada desde la Torre de la Vela… En el agua fría del río se bañaban algunas parejas. Apuraban los últimos calores de la tarde.  Otras, encaramadas, ahí arriba, coronaban la ladera salpicada de almeces, pinos, higueras silvestres y cipreses.

Cruzamos enfrente, al otro lado de la calle. Subimos por la calle Zafra. Estrecha, enigmática, todo misterio. Hay alcorques con flores y  rosas en un patio umbrío… Pasamos por delante de la Casa de las Chirimías… y tú me miras y yo te miro… y llegamos a la Plaza bordeada de arrayanes,  en pie, casi en el filo de la baranda de piedra me acerco y tú te dejas, y entonces, deposito, suavemente, un roce de mis labios en los tuyos… 

Hay una música de agua que salta en el mármol del la fuente… La gente va y viene. Unos por la Cuesta del Rey Chico; otros, siguen por el paseo del Padre Manjón y se pierden por la Cuesta del Chapiz…

Entramos en un bar. Pedimos dos vinos. Hacemos un embroque de copas. Los cristales despiden un sonido agudo. Se pierde en el aire…

-         Por ti… y alzo la copa.

-         Por ti… respondes tú.

-         Por nosotros, digo yo.




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