viernes, 9 de febrero de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Prisa


Ha llegado la civilización de la prisa. La gente va tan rápida que parece que lleva prisa. Se ha instalado la civilización que va corriendo a todos sitios. Hace un tiempo me preguntaba  porqué corría la gente en el metro. Total, si detrás, viene otro… Ayer me sorprendí. Yo también corría por las escalerillas.

Esto del metro tiene su cosa. Algunos bajan los escalones – de las escaleras mecánicas – de dos en dos. Hay quién riza el rizo y lo hacen al revés. Ascienden por  el lado izquierdo de la  subida. Al final el recuento es extraordinario: llegan unas decimas de segundos antes que los que venían como anclados por el lado derecho.

Los transeúntes por las aceras también tienen su prisa. Eso de dar un paseo o caminar o andar despacio contemplando la ciudad queda para otros sitios, o sea “para provincias”, porque aquí en Madrid – que es la ciudad de la que hablo – tienen otra manera de entender la vida. Eso de llegar tarde puede que quede para algún periodista hijo de la Gran Bretaña que alardea de conocernos.

Madrid es una ciudad encantadora. El camarero del bar te trata como si fueses un cliente de toda la vida; el taxista, lo mismo; si es el dependiente de la tienda de barrios, como las que quedan bajando el Arco de Cuchilleros que lo mismo venden alpargatas que cuerdas para amarra bultos, también… Claro que en el frontispicio de la fachada aparece un rótulo: Casa fundada en 1878. ¡Casi nada!

Ese viejo comercio de Madrid tiene mucho sabor. Hay que llegarse a las tiendas de libros de segunda mano, a las tiendas especializadas o a las tiendas de viejo. Allí es otra cosa. Desde el olor – qué bien huelen los libros viejos – hasta el trato. ¿Le puedo atender en algo? Sí. Busco “Historia de una taberna” – la que fue del torero Antonio Sánchez, en Mesón de Paredes -  de Antonio Díaz-Cañabate  en la  edición de 1945…

El hombre se va al ordenador (viejos libros; informática novísima). Se da una vuelta, se acerca a un estante y… te deja en la mano lo que buscas. La gente en la acera que está al otro lado del cristal del escaparate lleva prisa… ¡Qué corran…!




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