miércoles, 4 de octubre de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Carta a Paco

Querido Paco:
Hace ya un montón de veranos que no te veo. Nos encontrábamos por la calle. Tú venías de Tarragona para pasar los días de descanso  y andabas entre tu casa de las Casas Nuevas y la Fuentarriba, y calle arriba, y calle abajo…

¡Qué alegría me daba verte! Me preguntabas por mi gente y yo por la tuya, y nos mirábamos y no nos decíamos nada. Solo que desde uno y otro iba una corriente de común cariño y aprecio.

Hoy quiero hacerte un escracher. Sé que no se escribe así. No importan. Sé que hay muchas personas tan buenos como tú  -mejores es imposible – que lo están pasando mal, muy mal y  quiero estar a vuestro lado.

 Ahora pasan por mi memoria aquellas mañanas en que tú aparejabas el mulo cano y metías cuatro cántaros de barro en los cujones del serón. Dos a cada lado; uno, y otro y, en medio, un saco entremedio para que no se rompiesen. Íbamos por agua a la Fuente de la Zorra.
 Arroyo arriba, pasábamos por debajo del puente de la carretera y, a la altura de los sifones de la acequia, girábamos a la izquierda y comenzábamos la subida… Despacio, caracoleando, entre olivos.

 Tú me subías en el mulo, delante. Una vez me mostraste, con el dedo, dónde había un nido de tórtolas en la hueca de un olivo. “No se pueden tocar lo huevecillos, me dijiste,  porque la madre los aburre” Y me enseñaste a respetar los nidos.

Otra vez,  una banda de perdigones  se escurría  por la costera de enfrente camino de la alberca de don Paco. Aquel día,  para ser sincero, casi no los vi. Se camuflaron tan pronto y tan bien  que no sabíamos por dónde se las piraron.

El agua caía de un caño; salía de la pared. Ponías los cántaros hasta que ‘roncaban’. Yo chupaba los extremos blancos de las juncias; se olía a almoradux y a mastranto…Y, después, volvíamos  otra vez a desandar el camino.


Un día decidiste que te ibas a la Guardia Civil. El tiempo, la tierra de por medio… estábamos lejos en la distancia. Hoy, querido, queridísimo Paco  - Paco Reyes – hoy te quiero hacer el estracher de mi cariño de niño que se hizo grande y no te ha olvidado. ¡Ah, Viva la Guardia Civil! Un abrazo. Pepe.


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