martes, 11 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Stendhall

Marie-Henry Beyle, o sea Stendhall, el del síndrome en Florencia; el que dejó dicho que lo mismo que de amor, de empacho de arte también se muere, y si no se llega a tanto, se queda uno casi al borde, en el escalón de la puerta..., nunca estuvo en Málaga.

De haberlo hecho, habría paseado por calle Larios  hasta  el pedestal donde Mariano Belliure  subió al II Marqués que dio nombre a la calle con el sombrero en la mano… Hay quien dice que era como reverencia a las procesiones que giran, allí, en la doble curva. Me pregunto: ¿no podría ser como cortesía a las mujeres que pasaban a su lado?

Stendhall, si era hora, tomaría un chocolate con churros en Casa Aranda, iría, luego,  al mercado de Atarazanas y se preguntaría cómo puñetas llegaban hasta allí los barcos con sus mercancías. Claro que aún la Alameda no había empujado todavía más hacia sus adentros a la mar…

En la Casa de Guardia supo que es un ‘Pedro’, y ‘un ‘lagrimas’. y ‘un moscatel’ y qué es el sabor de lo antiguo y de lo añejo. Hay quien lo confunde con la cochambre y con lo viejo. Son cosas distintas. Allí pudo saborear todo – lo poquito – que Málaga ha sabido conservar de aquel tiempo de vendeja cuando las mujeres envolvían en papel de seda blanca sus cajas de pasas…

Llegó, después,  a la Plaza de Felix Saéns, ese reducto de arquitectura modernista al que un alcalde se empeñó en poner un muro delante para ‘evocar’ – decía - la muralla árabe. Ese alcalde, que fue un buen alcalde, tuvo, también, algunos caprichos que el sentido común le fue echando a tierra. Son cosas que suelen pasar algunas veces.

Subió por calle San Juan y allí se extasió. Miro al cielo y vio cuánta belleza araña el azul, casi añil y permanente donde juegan al pilla-pilla con las nubes las torres de sus iglesias  cuando salen al recreo. Entró y vio, en una inscripción, hasta dónde habían llegado en una ocasión las aguas del río Guadalmendina…


Cuando salió, otra vez, a la calle, se perdió por Cinco Bolas donde nunca entra el sol y van la mujeres a comprar lanilla para hacer jerseys de punto… Se giró, miró, respiró hondo y no dijo nada…

La imagen puede contener: cielo, nube y exterior

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