miércoles, 20 de julio de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Mi Señor.

Él sigue ahí. En su hornacina de arenisca dando nombre a la calle; la gente pasa, mira y ve. Sobre su cabeza, corona de rey; la mano izquierda, sostiene una espada. Bien ganado los títulos con los que lo bautizó la Historia: “Justiciero” y “Cruel”. El destino le reservaba un puesto en la leyenda.

Nació en Burgos; la muerte le salió al camino en el Campo de Montiel; contaba 35 años.  Fue hijo de Alfonso XI de Castilla el que llevó la frontera hasta Hardales (entonces se escribía asçin) y de María de Portugal.

El padre murió de peste en el cerco de Algeciras. Tuvo mores  - el padre -, con Leonor de Guzmán de la que dijeron que “era en fermosura la mas apuesta mujer que avia en el Reyno” (o sea, tenía buen gusto). Llevaba consigo un montón de apellidos ilustres y un hijo bastardo, Enrique, el que acabó con Pedro en el Campo de Montiel.

Niño enfermizo en el cuerpo y en la mente. Su vida, un desastre. Líos por todos sitios. Enfrentamiento entre las facciones de  nobleza y la reina; los bastardos, los posibles herederos y  todos los aspirantes a la conspiración.

Los amores, una constante en su vida: Blanca de Borbón, María de Padilla, Juana de Castro, María González de Hinestrosa, Teresa de Ayala, Isabel de Sandoval… La leyenda, también, puso lo que pudo.

Esbozado  recorría Sevilla. No aclara la leyenda el ‘porqué’. ¿Faldas? Una noche mató al hijo del conde de Niebla. Un mal encuentro; barrio de la Alfalfa. Una vieja lo ve en la oscuridad.

El rey promete impunidad. La vieja le coloca un espejo ante su cara. “Ahí tienes al asesino”. Manda colocar una caja en una hornacina en el lugar del crimen. Se vigila día y noche. Se abrió ya muerto el rey y apareció su busto labrado.

Revueltas. Marcha a Toledo. En el Campo de Calatrava lucha con su hermano Enrique.  Duguesclin ve que Pedro está a punto de apuñalar Enrique. Les da la vuelta: “Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”.


El cronista López de Ayala dejó escrito: “grande cuerpo, é blanco é rubio”, “ceceaba, “muy cazador”, “dormía poco é amó mucho a mujeres”, “codicioso de allegar tesoros y joyas” “é mató muchos en su Regno por lo cual vino todo el daño”. Ustedes, mismos.

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