viernes, 2 de octubre de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Sopas

Comida de subsistencia. El campo lo aprovechaba todo: el pan del día anterior; la hortaliza de temporada; la fruta que se viene con su tiempo; o los ingredientes: espárragos silvestres, papas, habas… Todo le venía bien.

El hombre estaba en el campo de sol a sol. El trabajo mucho; el jornal, poco. Había que llenar el estómago. No siempre estaba el tajo cercano y, además, al esfuerzo de cada día, le agregaba dos caminatas la de ida y la de vuelta…

Los hombres echaban talega: un cuarterón de pan; algo de complemento: tocino, morcilla, arencas… No daban los tiempos para más. El dueño de la finca ponía los avíos o sea, la hortaliza (pimientos, tomates) agua y aceite para el sofrito; el jornalero, el pan. El pan se migaba a pellizcos. En todas las cuadrillas había un “sopero” que, a media mañana, arrancaba con la faena.

Tres piedras, algo de hojarasca para encender la candela y leña menuda. En una sartén se hacía el sofrito,  en algunos sitios se le agregaba cebolla y unas patatas fritas en rodajas y con poco canto…  A las sopas – porque las sopas son secas – una vez regadas con el sofrito no podía faltarle ni sobrarle humedad. Ni pan mojado, ni pan seco. Todo en su punto.

Hay tantas recetas de sopas como ‘soperos’. Se servían en un lebrillo o en plato de ‘graná’  grande. Se comían en común: cucharada y paso atrás. Se acompañaba con uvas, chumbos, pepinos, granadas, higos, ‘cajelillas’

Las sopas eran plato del campo… y  del pueblo. Con el resto que quedaba en el fondo del plato se hacía el bolo, o sea, algo más de aceite, alguna latilla de atún, un par de huevos duros picados... Si alguien era muy tragón, tenía el sambenito: “quiere sopa y bolo”.

 Multitud de anécdotas. El andaluz se habla pero no se escribe. Padre e hijo dan cuentan de un buen plato. El niño informa:

-          Papá mojha, papá mojha…

El padre, a lo suyo. Ni caso…

-          Papá mojha, papá mojha…

-          Niño ¿cómo voy a mojar si son sopas?

-          No, papá mojha, mojha.

Levanta la cabeza. En la puerta dos Hermanitas de los Pobres del Asilo del Valle que pedían de puerta en puerta…

Otra.

-          Échele , usted aceite que salgan sabrositas…

-          Mira, que mi casas siempre ha tenío mu güen sonío…


-          Sí , pero ya solo quea la lengüeta…

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