domingo, 26 de julio de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. De Panes a Potes

El viajero dejó el mar en Unquera, enfiló hacia Panes y se adentró en los Picos de Europa por el Desfiladero de la Hermida. El viajero no sabía si transitaba por un cuadro de Carlos de Haes. Lo que sí tenía por cierto era que el pintor belga se había llevado aquellos paisajes a sus lienzos.

El viajero, mejor, la carretera subía a compás del río Deva. Antes de entrar en el Desfiladero supo que ya traía unido el Cares y que sus aguas seguían siendo limpias, puras y gélidas. Saltaban entre las rocas y el verdor de las montañas, a ambos lados, bajaba hasta la lengua del agua.

El viajero se desvió un poco más adelante, hacia la izquierda, y se acercó a Santa María de Lebeña. Santa María tiene más de mil años sobre sus piedras y mucha leyenda. Que si el conde Alfonso se quedó ciego porque Santo Toribio no quería venir a enterrarse allí, que si sus solados, también. Todo tuvo arreglo. Desisten del intento y recobran la visión.

Cuando llega a Tama sabe que entra en la Liébana. Ya es campo más abierto en la medida que el campo es abierto en estas tierras. Prados con cercados de piedra; restos de nieve, en las cumbres. Un indiano plantó una palmera delante de su casa.

Pregunta por don Marcial al que conoció en un curso de verano en la Menéndez Pelayo. Le dicen que don Marcial lleva unos días fuera… Deja recado y sabe que cuando vuelva don Marcial lo llamará y lamentará que no le hubiese avisado.

En Potes busca alojamiento. Ni hoteles, ni hostales ni pensiones… Todo lleno. Se lo dice a la señora  que lo atiende en la barra del bar.

-           Puede que haya algo en San Glorio…

Y, cuando la mujer sabe de los kilómetros que trae andados y a la distancia que queda San Glorio se agarra al teléfono y le busca una casa donde admiten huéspedes.


El viajero cae rendido. A la mañana siguiente lo despiertan el azul turquesa que se adentra por la ventana, los campanos de las vacas que pastan, la brisa, el olor a yerba recién segada... Los Picos de Europa se recortan en el cielo. El viajero no lo olvidará nunca.

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